El capital riesgo vuelve a llamar a las puertas de los grandes patrimonios catalanes, que han encontrado en este segmento una alternativa ideal para canalizar parte de sus inversiones. Los Espona Massana, herederos del fundador de Pastas Gallo y ejecutores de la venta de la compañía poco antes de la llegada de la pandemia, han protagonizado uno de los últimos casos.
Algo más de seis años después de cerrar la venta de la compañía al fondo Proa Capital, los antiguos dueños de Gallo acaban de obtener el visto bueno de la Comisión Nacional del Mercado de Valores (CNMV) para el comienzo de operaciones de Aldiente Capital. Se trata de uno de los movimientos más significativos de la familia Espona tras una transacción que le permitió ingresar en torno a 230 millones de euros.
Desde entonces, los empresarios han mantenido un perfil bajo como inversores. La inmediata llegada de la crisis generada por el coronavirus y la distinta tipología de los beneficiarios de la venta elevaron la ya de por sí destacada discreción en lo tocante a actividades empresariales.
De hecho, un año después de la venta de Gallo, los Espona Massana registraron Aldiente Investment, una mercantil destinada a actuar como holding. Sin embargo, a lo largo de todo este tiempo apenas ha registrado actividad ni movimiento alguno. Precisamente, ha sido la creación de la sociedad de capital riesgo del mismo nombre el más relevante.
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Al frente tanto del hólding como de la sociedad de nueva creación se encuentra Pedro Antonio Espona, uno de los cinco herederos del fundador de Pastas Gallo, José Espona Bañarés. Junto a sus hermanos Carlos y Silvia, ejecutó una opción para recuperar un porcentaje minoritario del capital del grupo alimentario, conforme al acuerdo alcanzado con el comprador.
En el momento de la venta a Proa Capital, Gallo llevaba en funcionamiento más de 70 años. Su creador, dedicado a la molturación harinera, adquirió el negocio de una de las empresas de la que era proveedor. Y la llevó a los lineales de las cadenas de distribución de toda España, hasta el punto de liderar durante décadas la cuota del mercado de pastas en el plano nacional.
Vehículo de moda
La segunda generación asumió la dirección de la empresa a finales de los 90, tras el fallecimiento de José Espona. Tras la crisis financiera de la primera década del siglo, la familia decide aprovechar el interés de numerosos inversores por hacerse con la compañía para iniciar un proceso que culminó a mediados del pasado 2019.
En los últimos años, los propietarios de algunos de los más elevados patrimonios de Cataluña han registrado sociedades de capital riesgo como una forma de canalizar y gestionar sus inversiones. El fin de los estímulos fiscales de vehículos otrora muy populares entre las grandes fortunas, especialmente las sicav, y la proliferación de proyectos necesitados de inversión en el ámbito tecnológico han disparado el interés por este tipo de sociedades. Entre los grupos familiares que han dado sus primeros pasos en el segmento del capital riesgo se encuentran los Carulla, propietarios del gigante alimentario Agrolimen, a través de algunas de las seis ramas que actualmente están presentes en el capital y la gestión de la empresa.
Apellidos como Daurella (Coca-Cola Europacific Partners), Bernat (exdueños de Chupa-Chups y propietarios de Casa Batlló), Botet (fundadores de Caprabo) o Costafreda también se encuentran entre los que han apostado por este tipo de vehículos.
La Torre Werfen, sede de las oficinas centrales de la compañía en Barcelona / WERFEN
No obstante, ninguno de ellos se acerca siquiera a los Rubiralta Giralt, propietarios del fabricante y distribuidor de instrumentos de diagnóstico Werfen. Desde que pusieron en marcha Klimcap Capital, su gran apuesta por el capital riesgo, los empresarios han inyectado más de 160 millones de euros a este negocio.
A diferencia del holding constituido por los Espona Massana poco después de la venta de Pastas Gallo, la sociedad de capital riesgo que acaban de poner en marcha está domiciliada en Madrid.
Este extremo se debe a la elección de la gestora de Renta 4 como entidad encargada de tutelar el desarrollo del vehículo. Tanto la gestora como la entidad financiera cotizada de la que depende tienen su sede social en la capital de España.
Además, se da la circunstancia de que el movimiento de los herederos del fundador de Pastas Gallo se produce en el entorno de una eventual nueva venta de la empresa, en este caso a cargo del fondo Proa. El pasado mes de abril, el diario Cinco Días adelantaba que el accionista mayoritario de la compañía sondea el interés de potenciales compradores, una vez que han transcurrido siete años desde el cierre de la transacción que le dio el control del grupo.
Ubicada en Madrid
Dado que algunos de los herederos aún mantienen una participación minoritaria en Gallo, la operación generaría nuevos ingresos para ellos y, en consecuencia, la necesidad de gestionarlos de la manera más adecuada.
Durante los últimos años, la gestión de Proa ha impulsado el crecimiento de la compañía. Esta evolución se ha producido a través de la introducción de nuevos segmentos de negocio, lo que se ha traducido en un notable repunte de la facturación. No obstante, el discreto comportamiento de los resultados en los últimos ejercicios ha aflorado un escenario de agotamiento del modelo que habría llevado a Proa a plantearse poner fin a la inversión.
