Probablemente no haya negocio más odiado por el barcelonés que la tienda de souvenirs. Sin embargo, al escuchar a Amit Sharma, propietario de seis de estos establecimientos, uno comprende que, si bien tiene difícil ganarse al público local, sí dispone de un enorme margen para dejar de generar tanto rechazo.
Para empezar, bastaría con que se deshicieran de las camisetas de I love MILFs, los rostros de Pablo Escobar, los juguetes sexuales y todo ese producto soez que, de un tiempo a esta parte, ha acaparado los escaparates. Un catálogo cuyo único comprador potencial parece ser el perfil más denostado de visitante: el del turismo de despedida de soltero.
Sharma, que es también representante de la Asociación de Negocios Turísticos de Barcelona, sostiene que la culpa de esta deriva la tiene una regulación municipal que asfixia al sector y le obliga a hacer equilibrismos comerciales, algunos de ellos de "muy mal gusto". "Estamos en guerra", asegura.
El comerciante y representante de la Asociación de Negocios Turísticos de Barcelona Amit Sharma
El problema del 20%
El comerciante carga con especial dureza contra una medida concreta: la obligación de que solo el 20% del producto que se vende en estas tiendas sean recuerdos turísticos.
“En 2008, el Ayuntamiento de Barcelona aprobó esta normativa para frenar la apertura de tiendas de souvenirs”, explica Sharma, antes de afirmar que la medida ha sido, también en este sentido, un fracaso absoluto: desde entonces, se han abierto más que nunca.
El primer gran problema con la norma, argumenta, es que ni siquiera la administración tiene claro qué es un souvenir. "Las camisetas del Barça se consideraban producto deportivo si llevaban el nombre de Messi, pero si no lo llevaban, pasaban a ser un souvenir de Barcelona. Con el Espanyol no ocurría lo mismo: su camiseta nunca era souvenir. Los mosaicos sevillanos tampoco lo eran porque no ponían 'Barcelona' ni 'España', a pesar de ser un producto artesanal español", reflexiona.
Es por esta limitación, sostiene, "que el resto se ha convertido en camisetas de Pablo Escobar o Blancanieves esnifando cocaína y no se puede entrar en estas tiendas con un niño pequeño", explica. "Nos sentimos atacados", sentencia.
El comerciante y representante de la Asociación de Negocios Turísticos de Barcelona Amit Sharma
Más normativa "absurda"
Otra normativa que Sharma tilda de "absurda" es la que obliga a confinar todos los productos catalogados como souvenirs al fondo del establecimiento, impidiendo que sean visibles desde la calle. Al preguntar cómo podían ejecutar esa norma, la respuesta del ayuntamiento les indignó: "Nos dijeron que pusiéramos una cortina o un tabique de pladur".
"Cuando entra un cliente y le decimos: 'Acompáñeme a la trastienda', parece que vayamos a venderle droga", bromea.
Su lista de agravios no termina ahí; también cuestiona que el ayuntamiento les diga que hay que limitar la concentración de un mismo tipo de negocio en determinadas zonas. Sharma lo ve como un doble rasero: "¿Por qué no aplican esto al sector textil en el paseo de Gràcia? ¿Por qué no le dicen a Louis Vuitton que no puede abrir porque ahí toca poner una panadería o una ferretería?".
El comerciante y representante de la Asociación de Negocios Turísticos de Barcelona Amit Sharma
"Todo esto es ilegal"
Las medidas impulsadas por los sucesivos ayuntamientos para limitar y regular las tiendas de souvenirs responden a un objetivo claro: poner coto a un tipo de negocio que nunca ha gozado de demasiada simpatía entre buena parte de los barceloneses. Basta recordar que la normativa de 2008 nació, entre otros fines, para acabar con la proliferación de productos como los sombreros mexicanos, omnipresentes entonces en estos establecimientos.
Sin embargo, Sharma defiende que ese afán regulador ha tenido un efecto contraproducente, y que Barcelona tiene hoy algunas de las tiendas de recuerdos de peor gusto del mundo.
Añade que desde la Asociación de Negocios Turísticos de Barcelona está recurriendo estas normativas y las sanciones impuestas porque, a su entender, vulneran la legislación europea de libre comercio. "Todo esto es ilegal", afirma.
Empezó "sin nada"
Hijo de comerciantes indios, Sharma asegura que empezó “sin nada” en 2011. Hoy, además de sus seis tiendas de recuerdos en La Rambla, tiene otras 11 —entre heladerías y otros negocios— y explica que llegó a gestionar 23.
Actualmente, además de representar a la Asociación de Negocios Turísticos de Barcelona, es vocal de la asociación Amics de la Rambla, el paseo en el que se encuentran sus seis tiendas de souvenirs.
