El Legend of the Seas, la bandera noruega y Harald Finhair en la serie 'Vikingos'

El Legend of the Seas, la bandera noruega y Harald Finhair en la serie 'Vikingos' FOTOMONTAJE CG

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Todos los secretos del 'Legend of the Seas', el crucero más grande del mundo que pilota un 'hijo' de Harald de Noruega

El titán de 100.000 toneladas solo cabe en ocho puertos del Mediterráneo, incluido el de Barcelona, se ayuda de IA y tiene a un perro de 'consejero'

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Legend of the Seas
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Sindre Borsheim otea el horizonte desde el puente de mando. Su campo de visión es limitado, puesto que el tiempo se ha tornado adverso, ha levantado olas, y éstas golpean el casco del crucero que pilota sin llegar a hacer zozobrar. Pero el vaivén se nota, y no es del todo agradable para el pasaje. Pero este noruego incólume apenas parpadea: lleva 25 años en Royal Caribbean, otras décadas en ferries y buques de carga, y sabe que "este —mar rizada y viento encrespado— es el tiempo normal para el Golfo de León".

La nave que negocia la traicionera ensenada es el Legend of the Seas, el último encargo de Borsheim. El buque de 100.000 toneladas y 250.000 toneladas de arqueo bruto, el mayor del mundo, acaba de zarpar de Málaga hacia Roma. Es su viaje inaugural, y en los puertos en los que hace escala, los reciben en loor de multitudes. A bordo, unos 3.500 periodistas, agentes de viaje e influencers que dan cuenta casi al minuto de las mayestáticas proporciones del bajel.

"No descanso nunca. Si libro un día, voy paseando por el barco, mirando lo que está mal y lo que podría mejorarse", admite en conversación privada.

El enésimo 'hijo' de Harald de Noruega

El marino asume el titánico encargo con amplia experiencia en el zurrón, sí, pero también con retazos de ADN marítimo. "Soy de los afortunados que han podido trazar su árbol genealógico. Y soy descendiente de Harald de Noruega, Harald Finehair --o cabello fino--. Aunque no tiene mucho mérito, porque el primer rey de Noruega fue un hombre muy activo en la cama", bromea.

Sindre Borsheim, en una imagen corporativa

Sindre Borsheim, en una imagen corporativa Cedida

Los genes vikingos, pues, corren por las venas de este navegante de formas romas pero modales exquisitos. ¿Es el Legend el culmen de su carrera en la mar? "No, cada nave es un reto, pero hay que ser humilde con las dimensiones de esta", desliza.

Seis minutos en frenar

Un ejemplo: el Legend, con sus 365 metros de eslora, 65 de manga y 20 puentes de altura, no tiene freno de mano. "De velocidad de crucero, que son unos 22 nudos por hora --cerca de 40 kilómetros por hora-- a cero, el crucero tarda unos 1.600 metros en frenar por completo. Seis minutos", reconoce.

Para los aprensivos, el equipo de Borsheim despeja dudas. Uno, el Legend "traza las rutas con ayuda de la más moderna tecnología --ha incorporado el paquete Bluetracker, el más avanzado del mercado en geolocalización móvil/satélite--, incluida la IA, que optimiza el desplazamiento".

Dos, el aparataje peina, con ayuda del satélite, la presencia de obstáculos en el curso trazado. Y tres, "el puente está permanentemente operativo. Es un equipo de 15 personas que va rotando por turnos".

Como dándole la razón, su contramaestre y su segundo escudriñan la lontananza con ayuda de prismáticos mientras su superior habla. Porque sí, el más moderno radar ayuda, pero ni a bordo del mayor crucero del mundo --y el más nuevo-- prescinde un nauta de los métodos ancestrales.

Imagen nocturna del Legend of the Seas

Imagen nocturna del Legend of the Seas Royal Caribbean

Una ciudad (blindada)

Conversar con el afable capitán noruego no es siempre fácil. Quizá por lo que ha costado esta titánica máquina flotante --se calcula que unos 2.000 millones de euros--, acceder al puente es tarea compleja. No se permiten fotografías, un equipo de seguridad acompaña a los visitantes. Éstos pasan por escáneres que detectan si llevan objetos peligrosos o potencialmente espía.

Toda precaución es poca.

La policía de a bordo opera la seguridad de forma comedida y no invasiva, pero apostando por la presencia visible. Cuentan con la colaboración nada escondida de expertos israelíes y un circuito cerrado de videovigilancia que asegura que nada extraño ocurra en la nave.

Algo no siempre fácil, puesto que el crucero es una comunidad flotante permanente de 2.300 trabajadores y entre 5.510 y 7.600 pasajeros. Más de 10.000 personas --sin contar los patos de juguete, la segunda mascota oficial tras Skipper-- conviven al mismo tiempo en un lugar cerrado.

Uno de los 'tripulantes' del Legend: su icónico pato

Uno de los 'tripulantes' del Legend: su icónico pato CG

"Es un buen sueldo para mi país"

Entre estos empleados, los seafarers como se les llama en la industria, hay decenas de nacionalidades. También españoles. En la presentación del Legend of the Seas, los directivos de Royal Caribbean, la naviera madre, adujeron que solo los trabajadores más excelentes podían postularse a trabajar aquí. "Es como un premio", sostuvieron.

Una de ellas, Mariela, mexicana, corrobora a Crónica Global desde uno de los restaurantes que "solo los mejores trabajan aquí". Ella está empezando, lleva tres rotaciones en Royal de restaurant attendant --auxiliar--, y está "contenta". ¿Por qué? "Royal paga mejor que el resto del sector, hay propinas, y me gusta el ambiente de familia, de comunidad".

Mariela trabaja diez meses al año y pasa dos en México. ¿Descansando? "La primera semana. Luego, me entra la inquietud y voy ayudando en las tierras de la familia". Al agotar sus vacaciones, se reincorpora de nuevo a la mar.

¿El trabajo compensa? "El sueldo es bueno, le permite a uno ahorrar, máxime si se tiene en cuenta que aquí uno no paga ni alojamiento ni manutención". ¿Es duro? "Es duro, no te voy a engañar. Pero se puede hacer. Eso sí, hay que ser muy constante con el sueño: ocho horas o estás zombie", apostilla.

Un perro en el consejo

Esta azteca de mediana edad es una de las miles de piezas que consiguen que una ciudad de vacaciones flote, navegue y regale una experiencia, cuando menos, diferente al que la visita. Hay una infinidad más, de mantenimiento a camareros de piso, pasando por meseros, auxiliares o animadores.

Recreación en flores del perro Skipper, 'CDO' del Legend

Recreación en flores del perro Skipper, 'CDO' del Legend CG

El más carismático es, sin embargo, un pasajero que dormita la mayor parte del tiempo en las entrañas del barco. Se trata de Skipper, un golden retriever de cinco meses de edad designado como la mascota del barco.

La naviera lo nombró chief dog officer o consejero canino, siguiendo una tradición de llevar a un chucho en la nave, para deleite de staff y pasajeros. Su popularidad es tan alta que le han construido una réplica junto a La Perla, el corazón social de la nave en forma de macrogema marina, donde se celebran los grandes eventos.

La Perla, el corazón del Legend

La Perla, el corazón del Legend Cedida

'Made in Europe'

Y es que ese, precisamente, es el mayor secreto del megabuque. Es grande, moderno y lo pilota un noruego, sí, pero intentará que su receta para triunfar sea la misma de siempre. Con raíces que se mantienen pese a los tiempos adversos.

Royal, con sede en Miami (Estados Unidos) mantiene sus políticas internas de sostenibilidad pese a que el empuje del Gobierno de Donald Trump ha llevado a varias multinacionales estadounidenses a acabar con ellas.

La naviera, que asegura mantener sus raíces noruegas, promete ser 100% cero emisiones en 2050. A la espera de si cumple o no, la marca --cotizada en el New York Stock Exchange (NYSE)-- también busca acariciar al mercado europeo, a menudo denostado por la citada Administración republicana.

Y no solo como comprador pasivo de vacaciones, sino también como productor industrial en plena guerra arancelaria. "Nuestra nueva clase de buques Discovery serán made in Europe al ser construidos en Francia", ha destacado su CEO global, Jason Liberty.

¿Parque acuático o Broadway en el mar?

En puridad, el Legend también lleva la etiqueta de hecho en los 26. Salió de los astilleros de Turku (Finlandia) hace unos meses y recaló en Málaga, de donde zarpó en su maiden voyage esta semana.

Al publicarse este artículo, la nave habrá zarpado de Roma rumbo a Barcelona, donde comenzará las rotaciones de su crucero veraniego.

El minigolf del Legend y el acceso a los toboganes

El minigolf del Legend y el acceso a los toboganes CG

En Escandinavia, la construcción apostó por aparejar un parque acuático con un simulador de surf y seis toboganes de agua en la cubierta 15 del bajel. El más salvaje, el Pressure Drop, presume de una caída de 66 grados, casi vertical. La primera en la industria. Es también el más popular, pero no el más utilizado.

"No todo el mundo se sube ahí, coge muchísima velocidad y asusta", explica un empleado de Mauricio ante la boca azul de la caída. El Pressure es Categoria 6, la más salvaje, aunque hay otros cinco más suaves.

"Te lanzas y pierdes la noción del tiempo. Te entra agua por todos sitios. Es una experiencia inaudita", explica una usuaria.

Para los más tranquilos, la oferta se centra en la restauración y, sobre todo, los espectáculos. "Algunos dicen que Royal es, de hecho, una compañía de shows de entretenimiento que rivaliza con las Disneys de turno", opinan fuentes del sector. La firma prepara superproducciones en sus estudios de Miami y las estrena en primicia en sus cruceros.

'The show must go on'

En el Legend que zarpará de Barcelona se representará, por ejemplo, la adaptación marítima del neoyorquino Charlie y la Fábrica de Chocolate, de la mano del exdirector de Broadway JP Christensen y del Harry Potter del teatro Oliver Dawson. Ello, en su Royal Theatre, un anfiteatro con escenario móvil y posibilidad de grandes producciones à la Gran Via de Madrid.

Un camarote de lujo en el crucero Legend of the Seas

Un camarote de lujo en el crucero Legend of the Seas Royal Caribbean

El crucero tiene también una pista de patinaje sobre hielo para espectáculos tipo Disney on ice y patinadores amateur que quieran probarse sobre las cuchillas entre show y show. Cuando no ocurre ninguna de las dos cosas, se celebran batallas de lasertag.

Pero la novedad más demandada no es sólida. El Aquadome es una piscina móvil y retráctil con un cascarón como cubierta en la que un grupo de acróbatas firma un montaje en el que emergen de las tripas del barco, caen desde el cielo a 20 metros de altura o se enamoran bajo la lluvia de una cascada interior. Sí, el Legend tiene una cascada interior de 18 metros de altura que interactúa con acróbatas --y láseres, luces y drones-- mientras el buque navega incólume las aguas del Mediterráneo.

Comer en un vagón

Con el show terminado, la masa se dirige a picar algo. En el capítulo de la mesa y mantel, la oferta es inagotable: 28 restaurantes distintos, de bufés de servilleta blanca que sirven cola de langosta atlántica --Hooked de marisco, por ejemplo, tiene a casi un camarero por mesa, y son profesionales con décadas de experiencia-- a chiringuitos piscineros que sirven nuggets y mojitos al momento.

Pero el que más cola genera es, sin duda, el Royal Railway, un restaurante-vagón de tren que emula al Orient Express y que transporta al viajero por los sabores de la Ruta de la Seda en una cena por pasos. Está a rebosar, sí, pero a la hora de cenar anglosajona. A la española siempre suelen quedar huecos.

Royal Railway, el restaurante más popular del Legend of the Seas

Royal Railway, el restaurante más popular del Legend of the Seas CG

Todo ello pasa en los puentes tres al quince, donde la ciudad cobra vida por la mañana hasta altas horas de la madrugada.

Unos niveles más arriba, Sindre Borsheim, el enésimo hijo de Harald de Noruega, vigila que la nave llegue a buen puerto sin que nadie note demasiado las sacudidas del Mare Nostrum. Le esperan unos tránsitos más por el azaroso Golfo de León antes de volver a aguas más cálidas, las que hasta ahora navegaban los cruceros de Royal. Hasta lanzarse a la conquista de Europa.