Juan A. Labat, director general de Feique
Juan A. Labat (Feique): "Sin una industria química fuerte no habrá autonomía estratégica en Europa"
El director general de la patronal del sector químico pone el foco en el papel de la producción industrial para reforzar la defensa y reducir la dependencia exterior en materiales clave
Más contenido: La defensa catalana reclama contratos públicos para ganar escala y reducir la fragmentación
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La autonomía estratégica es ahora el eje al que todos los sectores miran en un escenario de tensiones geopolíticas, aceleración tecnológica y cambios en la economía global. Un debate que atraviesa de lleno al sector químico, la 'industria de las industrias', que no puede ser ajeno a esta dinámica por su papel en cadenas como la automoción, la salud o la defensa.
En España, la industria química mueve 85.483 millones de euros, representa el 4,7% del PIB nacional y el 5,5% del empleo, con más de un millón de puestos de trabajo entre directos, indirectos e inducidos.
En este contexto, Crónica Global entrevista al director general de la Federación Empresarial de la Industria Química Española (Feique), Juan Antonio Labat, para profundizar en los desafíos actuales del sector, el impacto de los costes energéticos y la capacidad de la industria en la autonomía productiva de Europa en los próximos años.
-¿Cuál es la situación de la industria química en España y por qué se alarma desde hace tiempo que está perdiendo competitividad?
-El sector químico es el segundo más grande de la industria española, el principal ámbito exportador e inversor industrial en i+D. Genera más de un millón de puestos de trabajo de calidad. La industria química es vital para la economía, pero sobre todo para puestos cualificados.
Ahora mismo, el principal problema que tenemos son los altos costes energéticos. Nos dividimos en tres grandes áreas: la química farmacéutica, que no arrastra un problema específico ahora; la química de consumo --como limpieza, cosmética o perfumería-- que tampoco tiene problema estratégico; y la química básica. Las dificultades se concentran en esta última, que es la que produce las materias primas a partir de las cuales se desarrollan miles de productos utilizados en sectores como la automoción, la construcción, la sanidad o la alimentación.
Son plantas que consumen mucha energía porque necesitan grandes cantidades de gas y electricidad para generar calor y transformar moléculas. Desde la invasión de Ucrania hemos visto un encarecimiento tremendo.
Desde 2019 hasta ahora, el precio del gas ha aumentado un 145%, el de la electricidad un 66% y los derechos de emisión de dióxido de carbono casi un 170%. En algunas instalaciones, los costes energéticos llegan a representar hasta el 50% de los costes totales de producción. Esa es la principal causa de la pérdida de competitividad que estamos sufriendo.
-Es un problema a escala europea...
-Sí. De hecho, en España los efectos han sido menos intensos que en otros países porque tenemos una 'farma' muy fuerte, una química de consumo que funciona bien y una economía que ha mantenido cierto crecimiento. Pero el problema estructural afecta a toda Europa. Competimos en mercados globales con empresas que tienen costes energéticos mucho más bajos y, además, soportan una carga regulatoria menor.
-Ha dicho que la química es la principal exportadora en la industria. ¿Cómo se reparte la producción entre los distintos mercados?
-Bueno, entre el 72% y el 73% se destina al comercio internacional, y aproximadamente el 60% de esa producción va a otros países europeos. Europa es nuestro mercado natural.
Para una empresa química situada en Cataluña, por ejemplo, en muchos casos le resulta más fácil y barato suministrar a Francia que a algunas zonas más alejadas de España. No existen barreras comerciales, es un mercado muy integrado.
La mayoría de nuestras empresas están dimensionadas para competir a escala europea y muchas de ellas también para exportar fuera de la Unión Europea.
-Cuando habla de mercados globales, imagino que se refiere a China y Estados Unidos. ¿Qué ventajas tienen?
-En electricidad, las industrias electrointensivas estadounidenses trabajan con precios que suelen situarse entre los 40 y los 60 euros por megavatio hora. En China también se mueven en niveles inferiores a los europeos. En España estamos actualmente alrededor de los 70 o 75 euros por megavatio hora para este tipo de industrias.
En el gas la diferencia es aún mayor. Mientras en Europa estamos alrededor de 48 euros por megavatio hora, en EEUU hablamos de unos 8 euros, es decir, seis veces menos.
A eso hay que añadir los derechos de emisión de CO₂. En Europa las industrias pagan alrededor de 75 euros por tonelada emitida. En EEUU prácticamente no existen costes equivalentes para la industria y en China los mecanismos son mucho más limitados. Al final competimos con empresas que tienen energía más barata y una menor carga de costes regulatorios.
-¿Cómo afrontan la descarbonización?
-La química está completamente comprometida con la descarbonización. El problema no es la voluntad, sino cómo hacerlo manteniendo la competitividad.
En la parte eléctrica dependemos en gran medida de cómo se descarbonice el sistema eléctrico nacional. Nosotros podemos mejorar la eficiencia, pero la electricidad que consumimos procede de la red.
En cuanto al gas, estamos desarrollando distintas alternativas. Una es la electrificación de procesos, aunque técnicamente tiene límites porque hay procesos industriales que requieren temperaturas muy elevadas. Otra opción es el biometano. También estamos trabajando con tecnologías de captura y reutilización de CO₂ y con hidrógeno renovable.
El problema es que muchas de estas soluciones son bastante más caras que las tecnologías convencionales. El hidrógeno verde, por ejemplo, puede costar hasta cuatro veces más que el hidrógeno de origen fósil. El biometano también tiene costes muy superiores al gas natural.
Por eso necesitamos mecanismos de acompañamiento. Hemos contado con fondos europeos, con los programas Next Generation y con distintas líneas de apoyo a la descarbonización. Ahora estamos reclamando la puesta en marcha de contratos por diferencia de carbono (CCfD, por sus siglas en inglés), que permitan compensar parte del sobrecoste de operar con tecnologías descarbonizadas. El gran reto es llegar al 2050 siendo neutros completamente de carbono.
-¿Qué tan alto es el riesgo de deslocalizar la producción?
-Bueno hay dos formas de reducir las emisiones: invertir para transformar la producción o dejar de producir.
Si una empresa no encuentra una forma viable de mantener su competitividad mientras descarboniza, puede acabar trasladando parte de su actividad a otros lugares donde los costes sean menores.
Entre 2022 y 2025 la industria química básica europea perdió un 9% de su capacidad productiva. Se cerraron 126 grandes plantas industriales en Europa, según los informes del Consejo Europeo de la Industria Química (Cefic).
El problema es que competimos con productos procedentes de países donde no existen costes equivalentes de CO₂ y donde la energía es mucho más barata, con lo cual se forma un modelo muy complejo. Y eso se ha mezclado también con que China ha sobreproducido mucho. Si al final tienes demanda suficiente, todos venden, incluso el que no es tan competitivo, pero cuando hay una sobreoferta, que es lo que ha hecho China, pues el problema ya obliga a cerrar...
-¿Qué consecuencias ha traído esos cierres?
-La principal es la pérdida de autonomía estratégica. Cuando hablamos de química básica estamos hablando de productos esenciales para prácticamente todas las cadenas industriales. Si desaparecen estas capacidades productivas, Europa pasa a depender cada vez más de importaciones procedentes de terceros países.
La pandemia, la guerra de Ucrania o las tensiones geopolíticas han demostrado la importancia de mantener capacidades industriales propias. No se trata solo de competitividad, sino también de seguridad de suministro.
-También se observa una tendencia hacia la concentración empresarial.
-Sí. Muchas compañías están concentrando sus recursos en aquellas líneas de negocio donde son más competitivas y, al mismo tiempo, adquieren activos o empresas complementarias para ganar escala, uno de los casos más recientes es la compra de Ercros por parte de Bondalti o la fusión de Moeve (anterior Cepsa) con Galp.
Pero esto no ocurre únicamente en la química; es una tendencia general de la industria. Las empresas están buscando mayor tamaño para competir mejor en mercados globales.
-¿Qué valoración tiene sobre el acuerdo UE-Mercosur?
-Desde nuestro punto de vista es una oportunidad. Supone una reducción de barreras comerciales y facilita el acceso a nuevos mercados. Además, para la industria química tiene un interés adicional relacionado con los biomateriales y la bioeconomía.
América Latina tiene una enorme capacidad de producción de biomasa y eso puede generar oportunidades importantes para desarrollar nuevas cadenas de valor vinculadas a la economía circular.
-¿La IA supone una amenaza para el empleo del sector?
-Va a tener efectos distintos según las áreas. Es evidente que algunas tareas administrativas podrán automatizarse parcialmente. Pero en la parte industrial la IA tiene un enorme potencial para mejorar procesos, optimizar consumos energéticos, aumentar rendimientos o acelerar la investigación.
Además, también está generando nuevas necesidades de personal altamente cualificado. Necesitaremos más especialistas en datos, en digitalización, en modelización y en innovación tecnológica.
La clave será la formación y la capacidad de adaptar los perfiles profesionales a estas nuevas necesidades.
-¿Dónde están las principales oportunidades de crecimiento para la industria química?
-La química básica tendrá que afrontar importantes desafíos para mantenerse a flote, pero donde vemos un gran potencial es en las especialidades químicas, en productos de mayor valor añadido y en todas las tecnologías vinculadas a la transición verde.
Las baterías son un ejemplo evidente. Todo el desarrollo de baterías de litio, sodio, grafeno u otras tecnologías depende directamente de la química. Hay una enorme capacidad de innovación para aumentar su eficiencia, prolongar su vida útil y mejorar su sostenibilidad. También vemos oportunidades en materiales para energías renovables, reciclaje avanzado, nuevos polímeros y economía circular.
-Leí en algunos artículos que el reciclaje de ciertas baterías también tiene costes altos, ¿puede abrir oportunidades para la química?
-Sí, claro. En el reciclaje mecánico existen limitaciones porque el material suele perder parte de sus propiedades. El reciclaje químico permite recuperar las moléculas originales y volver a utilizarlas prácticamente con la misma calidad que tenían al principio.
Eso es importante para plásticos, baterías, paneles fotovoltaicos o componentes de aerogeneradores. Son ámbitos donde la química puede aportar soluciones para reducir el consumo de recursos y cerrar ciclos productivos.
-Por último, la defensa está ganando peso dentro de la industria química, ¿cómo lo ve?
-Estamos trabajando con el Ministerio de Defensa, el de Industria y con las empresas del sector para identificar productos que ahora mismo importamos y que podrían fabricarse en España.
La defensa utiliza unas 7.000 moléculas químicas diferentes, y muchas de las más importantes podríamos producirlas aquí en lugar de tener que depender del exterior. Hablamos de fibras avanzadas, materiales para protección personal, componentes para vehículos de transporte, drones y muchas otras aplicaciones.
Los drones, por ejemplo, se han convertido probablemente en uno de los elementos más estratégicos en este momento. Hay una demanda creciente de este tipo de productos, y detrás de ellos hay una gran cantidad de química.
El problema es que no producimos todo lo que necesitamos, y ahí es donde se nos abre un campo importante. El objetivo es avanzar en la autonomía estratégica también en este ámbito, si no tenemos esta industria fuerte, no podremos conseguirla. Sabemos que va a haber inversiones públicas importantes y creemos que pueden surgir desarrollos industriales relevantes en nuestro país.
Tenemos el reto de mantener una industria química fuerte en Europa. Porque al final la química está en prácticamente todo: en la energía, la movilidad, la salud, la defensa, la alimentación o la construcción. Está en todo lo que usamos en el día a día.