El llamado Eixample de Casp es el núcleo de una aventura del arte capaz de competir con las colecciones del novecientos, como la Plandiura o la Cambó, diseminadas entre la Vía Laietana del líder de la Lliga Regionalista y las donaciones de las familias que hoy festonean el gran fondo público del Museu d’ Art Nacional de Catalunya (MNAC).
Allí reposan las acuarelas de Ricard Canals, Xavier Nogués y Manuel Humbert, entre otros, fruto de la venta de casi 2.000 obras, propiedad del industrial azucarero, Lluís Plandiura, a la Junta de Museos de Barcelona.
Las colecciones tambalean la dulce visita de los pacíficos visitantes de museos. La Fundación Vila Casas, creada en los años 90 por el llorado mecenas catalán Antoni Vila Casas, mantiene abierto un litigio judicial contra su antiguo director general y gerente, Joan Torras Ragué. La entidad ha presentado una querella penal contra este ejecutivo al que denuncia por malversación, y le atribuye formalmente la supuesta comisión de tres delitos concretos, que podrían suponer una apropiación ilícita de 400.000 euros.
Conmoción
En los enclaves de las calles Consejo de Ciento y Diputación, entre Rambla de Catalunya y Paseo de Gracia, en centros recuperados como el MACBA, La Virreina o la Sala Gaspar de Petrixol, la Barcelona del arte vive una conmoción parecida a escándalos anteriores, relacionados con colecciones privadas.
El incidente judicial reverbera en los depósitos de la Fundación Suñol, o en fincas de la Bonanova, como las que albergan la colección de arte primitivo de los Folch Rusiñol (exaccionistas del grupo Titán) y en otros fondos privadísimos como los Godó, los Godia o los Ferrer-Salat, en la Casa Giró.
En el Eixample de la lana y el algodón, la Fundación Vila Casas abrió los Espacios Volart —en el interior industrializado de la casa reformada de Antònia Puget y en el antiguo domicilio de los Felip— por decisión del empresario químico, dispuesto a difundir el arte contemporáneo catalán después de vender su empresa, Prodesfarma, a los Gallardo. Los accionistas mayoritarios de la poderosa Almirall, joya autóctona de Farmaindustria, la asociación sectorial de los laboratorios, sumida siempre en una indisimulada opacidad.
Inversiones en arte
En la última década del siglo pasado, una empresa de corte europeísta, como Prodesfarma, que había participado en la fusión de las cámaras de comercio e industria y mantenía un escaño en el Consejo Consultivo de Foment del Treball, la gran patronal, apostó por invertir en arte las fenomenales plusvalías de su desinversión.
La imaginería y la estética se cruzaban de nuevo, a la sombra histórica de operaciones anteriores, como las de los Güell, los Girona, los Batlló o los Milà —empresa y arquitectura—, unidos a figuras como Gaudí, Domènech i Montaner, a pintores figurativos del Cercle de Sant Lluch, al Sitges de Joaquim Sunyer y Ramon Casas o a las vanguardistas de Dau al Set.
Vila Casas eligió a su amigo Antonio Sagnier —ex CEO de Privat Bank y ex directivo de Mas Sardà, Banca March y Santander— como presidente de la Fundación. El nieto del arquitecto Enric Sagnier i Vallavechia, conocido en los ambientes financieros por su trayectoria al frente de un banco de gestión de patrimonios, ha dedicado parte de su vida a recuperar la figura de su abuelo, el arquitecto que levantó edificios emblemáticos, como el Palacio de Justicia o el Templo del Sagrado Corazón del Tibidabo.
Crisis
Después de la muerte del mecenas en 2023, el patronato de la Fundación Vila Casas vivió una crisis con la dimisión de Antonio Sagnier y tres destacados miembros de su equipo. La presidencia fue asumida por la viuda del empresario químico, Montserrat Pascual, y la vicepresidencia por su hija, Montserrat Viladomiu.
Estas dos últimas directivas han sellado la denuncia en la que ”se habla de abuso de confianza, oscurantismo contable y gestión contraria a los intereses sociales”, señalan miembros de la Fundación.
Otras fuentes hablan de la falsedad documental supuestamente cometida por Torras aún en vida de Vila Casas. También se aporta un informe pericial caligráfico, con imitaciones de la firma del mecenas.
El mejor Miró
En los años de coordinación entre Vila Casas y Sagnier, la Fundación adquirió obras del mejor Joan Miró, el pintor del lenguaje visual y la iconografía que simplifica la estética del color y sus formas esenciales.
Miró y Vila Casas mantuvieron una relación anterior a la colección, gracias a sus encuentros en Cala Major (Mallorca), en el estudio del pintor obra de Josep Lluís Sert, donde precisamente germinó la idea de crear la Fundación Miró de Montjüic, levantada por el mismo arquitecto, en 1975.
Fondo
En el fondo de arte de Fundación Vila Casas los Miró se complementan con obras centrales de Xavier Miserachs, el gran fotógrafo documentalista de posguerra Barcelona, que combinó sabiamente el espacio y el tiempo.
Miserachs comparte su espacio con el trabajo de Santu Mofokeng, el fotógrafo comprometido del Apartheid y de los supervivientes de los campos de concentración nazis en Polonia. Obras de Santi Moix, el autor de pinturas y esculturas biomorfas; del dibujante y grabador Manel Molí, continuador de las obras de Brueghel y Goya; de Alejandro Molina, conocido por sus esculturas sobre el origen micénico de la tauromaquia, o de Esteve Monegal y Josep Clarà, escultores noucentistes. Clarà destacó en su tiempo como impulsor del Bells Oficis de la Mancomunitat y del mismo Cercle de Sant Lluch.
Con todo, lo más meritorio de esta colección, una de las más importantes de Europa, está invertido en artistas catalanes noveles. Un total de casi 6.000 obras, expuestas o seleccionadas en un fondo que dota los espacios Volart, el Museo de Can Framis, el Can Mario dedicado a la escultura, en Palafrugell, y el Palau Solterra, en Torroella de Montgrí.
