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El Cercle d'Economia lanza una dura crítica contra el "mito" de la soberanía tecnológica de Europa y aboga por una inyección masiva de recursos para frenar el declive del continente frente a Estados Unidos y China.

La entidad considera que la Unión Europea no podrá competir en tecnología a base de regulaciones rígidas si no va acompañada de inversiones reales.

Con cifras que reflejan la enorme brecha --EEUU invirtió más de 200.000 millones de dólares en IA en 2024, frente a menos de 20.000 millones de toda Europa--, el lobi insiste en el riesgo de quedar relegados a sectores de bajo valor añadido.

También pide romper la parálisis de Bruselas mediante alianzas entre los países dispuestos a avanzar sin esperar la unanimidad de los Veintisiete.

41ª edición

Este y otros planteamientos se recogen en la pieza de opinión sobre la 41ª Reunión del Cercle d’Economia, presentada este martes en una rueda de prensa de la presidenta, Teresa Garcia-Milà, junto al director general de la entidad, Miquel Nadal.

El encuentro, el primero que preside una mujer, abordará cuatro ejes: soberanía tecnológica en Europa, descarbonización sin perder la competitividad, sectores con oportunidad de liderazgo y la financiación de la transformación europea.

A esto se suman dos debates imprescindibles, la inmigración y la vivienda, que influyen de forma directa en la capacidad para atraer talento, mantener la cohesión social y sostener el modelo productivo.

Autonomía estratégica

La reunión, titulada Autonomía estratégica de Europa: ¿mito o realidad?, se celebrará los días 1, 2 y 3 de junio en el Palau de Congressos y reunirá a más de 40 ponentes internacionales, entre políticos, empresarios y expertos de distintos sectores.

Con un fuerte peso empresarial, el programa pondrá el foco en la capacidad de Europa para reforzar su autonomía estratégica en sectores como la defensa, la energía, la tecnología, las finanzas o la salud.

Cambios urgentes

Garcia-Milà ha recordado que "Europa pide cambios" en un contexto geopolítico complejo, marcado por la guerra en Ucrania, la inestabilidad en Oriente Medio, el segundo mandato de Donald Trump y el ascenso de China como potencia global.

A este escenario se suma la aceleración de la carrera tecnológica --con avances en IA generativa, robótica y computación cuántica-- que ya está transformando la economía, el empleo y la propia estructura productiva.

Frente a ello, ha defendido la necesidad de "ser autosuficientes" en sectores como defensa, finanzas, salud y tecnología; así como de establecer políticas comerciales que permitan impulsar y proteger la industria comunitaria.

Mercado único

En la misma línea, Garcia-Milà ha instado a fortalecer las relaciones con China e India, sin perder de vista el equilibrio con Estados Unidos, además de mejorar los criterios de atracción de inversión extranjera y avanzar hacia instrumentos europeos de financiación común.

También ha enfatizado en la "urgencia" de contar con un mercado único europeo para poder “crear campeones”, un objetivo que aún encuentra varios obstáculos. Ha citado como ejemplos la fragmentación en sectores como las telecomunicaciones (en redes 5G y fibra), la falta de un mercado único de capitales y las carencias del sistema energético.

Industria nacional

Por su parte, el director del Cercle d’Economia ha centrado su intervención en el papel de España dentro de esta soberanía estratégica, que considera una “oportunidad” para el país.

Ha destacado que España cuenta con infraestructuras sólidas y una posición relevante en ámbitos como las energías renovables, la biotecnología y las ciencias de la salud.

Debilidades

Aun así, persisten carencias importantes. Según la nota de opinión, los sectores más ligados a la transformación tecnológica, por ejemplo, tienen poco peso y en España los productos informáticos y electrónicos apenas alcanzan el 30% de su relevancia en Europa, lo que limita su papel en la economía digital.

A esto se añade una productividad más baja que la media europea, vinculada a un menor esfuerzo en i+D y a empresas de menor tamaño, lo que dificulta innovar, crecer e internacionalizarse, añade el documento.

Ambición

Por otro lado, la inversión extranjera sigue siendo necesaria, ha explicado Nadal, pero no basta con atraerla. Debe traducirse en valor añadido, empleo cualificado y capacidades tecnológicas propias.

En este sentido, el director defiende una política industrial europea más ambiciosa, coordinada y con financiación común.