El Grupo ACS llega a su Junta General del 8 de mayo con los deberes hechos y con una sensación difícil de ignorar: 2025 ha sido un año de los que dejan huella. No solo por los resultados, que han sido sólidos, sino porque consolidan un cambio de rumbo que la compañía llevaba tiempo construyendo y que ahora empieza a verse con claridad.
Las cifras lo reflejan a la perfección. ACS ha cerrado el ejercicio con casi 50.000 millones de euros en ingresos, lo que supone un crecimiento cercano al 20%, mientras que el EBITDA ha alcanzado los 3.070 millones y el beneficio neto los 950 millones de euros.
A esto se suma una generación de caja operativa de más de 2.200 millones, que le ha permitido mantener una posición financiera cómoda incluso después de invertir con intensidad y retribuir al accionista. En total, más de 513 millones de euros distribuidos en el año, en línea con una política que el Grupo ha mantenido estable en el tiempo.
El presidente de ACS, Florentino Pérez, durante la Junta de Accionistas de 2025
Un cambio que va más allá de los números
Sin embargo, quedarse solo en los datos sería quedarse corto. Lo relevante es que ACS ha conseguido adelantar los objetivos que tenía previstos para 2026, algo poco habitual en el sector. Y lo ha hecho apoyándose en un modelo que ha ido evolucionando hacia algo más amplio: ya no se trata únicamente de construir infraestructuras, sino de participar en todo su ciclo, desde el desarrollo y la financiación hasta la operación.
Ese enfoque más completo le permite posicionarse de otra manera en el mercado, con más control sobre los proyectos y con una capacidad mayor para adaptarse a lo que piden los clientes. Y en ese cambio hay un área que destaca claramente por encima del resto.
El tirón de los 'data centers'
Los data centers se han convertido en uno de los motores más visibles del crecimiento de ACS en 2025. Las adjudicaciones en este segmento han alcanzado los 17.600 millones de euros, lo que supone un incremento del 130% respecto al año anterior. Este avance no es irrelevante si se tiene en cuenta que ya representan cerca del 18% de la cartera total, que ha escalado hasta los 92.858 millones de euros, el nivel más alto alcanzado por el Grupo.
Este crecimiento responde a una demanda global muy concreta, vinculada al desarrollo de la inteligencia artificial, la computación en la nube y el almacenamiento masivo de datos. En ese contexto, ACS ha sabido posicionarse con una propuesta que va más allá de la construcción tradicional, integrando capacidades que cubren todo el proceso, algo especialmente valorado por las grandes tecnológicas.
Data Center de ACS
El acuerdo con Global Infrastructure Partners (GIP), parte de BlackRock, es probablemente el mejor ejemplo de esta estrategia. Ambas compañías han puesto en marcha una plataforma conjunta para desarrollar y operar centros de datos a escala global, con una capacidad inicial de 1,7 GW en Europa, Estados Unidos y Australia.
ACS, además, parte con ventaja en este mercado. Ya ha ejecutado más de 9 GW en centros de datos y continúa ampliando su actividad con proyectos como el desarrollo de un campus de 1 GW para Meta en Indiana, lo que refuerza su posicionamiento en uno de los segmentos con mayor crecimiento a nivel global.
Más negocio, pero con un objetivo definido
El impulso de los centros de datos no se produce de forma aislada. ACS ha reforzado también otras áreas que están directamente conectadas con las grandes tendencias económicas y energéticas. En defensa, la cartera supera los 3.500 millones de euros, con proyectos como el dique seco en Pearl Harbor, que reflejan su presencia en mercados estratégicos.
En paralelo, el Grupo ha consolidado su posición en minerales críticos, fundamentales para la electrificación y la transición energética, con una cartera cercana a los 1.100 millones de euros y proyectos como Lionheart. En energía, además, ha dado un paso más al entrar en tecnologías de nueva generación, como los pequeños reactores modulares (SMR) junto a Rolls-Royce, apoyándose en una trayectoria de décadas en el sector nuclear. Su cartera en este ámbito ronda los 700 millones de euros, lo que abre nuevas oportunidades en un contexto de creciente demanda de soluciones energéticas sostenibles.
En conjunto, estas áreas dibujan una estrategia bastante clara: crecer en aquellos sectores donde se espera una mayor inversión en los próximos años y donde la compañía puede aportar valor diferencial.
Inversión y tamaño para competir
Para sostener este crecimiento, ACS ha mantenido un ritmo elevado de inversión. En 2025 ha destinado más de 1.700 millones de euros a reforzar sus capacidades en áreas estratégicas, especialmente en ingeniería avanzada, concesiones y centros de datos. A esto se suman operaciones corporativas relevantes, como la adquisición de Dornan, que refuerza su presencia en Europa, o la integración de Flatiron con Dragados Norteamérica.
Esta última operación ha dado lugar al segundo mayor contratista civil de Estados Unidos, lo que refuerza la posición del Grupo en uno de sus mercados clave. No se trata solo de ganar tamaño, sino de mejorar su capacidad de ejecución en proyectos de gran escala y de acceder a nuevas oportunidades.
Instalaciones de Dornan
El mercado ha respondido de forma positiva a esta evolución. La acción de ACS se ha revalorizado un 75,2% en el año, con una rentabilidad total para el accionista del 81,6%. Si se amplía el horizonte, el retorno medio anual se sitúa en el 33,5% en los últimos cinco años, lo que confirma una tendencia sostenida.
Mirando al próximo reto
De cara a 2026, la compañía prevé mantener el ritmo de crecimiento, con un aumento estimado del 20% al 25% en beneficio neto ordinario. La estrategia pasa por seguir ampliando su presencia en infraestructuras de nueva generación, mejorar la eficiencia operativa y continuar invirtiendo en proyectos con componente sostenible.
En cualquier caso, la sensación que deja 2025 es bastante clara. ACS sigue siendo una gran constructora, pero su actividad está cada vez más vinculada a sectores como la digitalización, la energía o la defensa. Es decir, a ámbitos que van a marcar el desarrollo económico en los próximos años. Y eso, más que los propios resultados, es probablemente lo que mejor explica hacia dónde se dirige la compañía que dirige Florentino Pérez.
