El Banco Sabadell pone fin al inicio de este 2026 a uno de los ciclos más prósperos y brillantes de su historia; al menos, de la más reciente. La entidad ha anunciado el relevo de su principal artífice: César González-Bueno. El aún consejero delegado, hasta su próximo relevo por Marc Armengol, ha logrado situar al banco catalán en sus cotas más elevadas, tanto en resultados como en términos de valoración de sus acciones.
Cinco años en los que ha tenido que hacer frente a la delicada situación que presentaba la entidad a su llegada, a las tensiones geopolíticas, a los abruptos cambios de ciclo de los tipos de interés… y nada menos que a la primera OPA hostil de la banca española en cuatro décadas.
Precisamente, González-Bueno puede pasar a la historia como el ejecutivo que tumbó el intento de abordaje del BBVA. Al fin y al cabo, los deseos frustrados de la entidad que preside Carlos Torres por hacerse con el Sabadell han marcado los límites de su etapa en el Sabadell. Aterrizó nada más fracasar la primera, de carácter amistoso; y se irá poco después de derribar la segunda, beligerante al extremo.
Pese a la potencia de los focos que apuntan a este tipo de operaciones, resultaría injusto olvidar que bajo la dirección de González-Bueno los beneficios del Sabadell pasaron de cero a bordear los 2.000 millones de euros; que el retorno de la entidad supera el 13%, igualmente desde el escalón más bajo.
El CEO de Banco Sabadell, César González-Bueno, durante la presentación de resultados / BANCO SABADELL
O también, que las acciones del banco se han revalorizado un 660% desde el nombramiento oficial de González-Bueno, en marzo de 2021. Un desempeño que ha llevado su capitalización bursátil por encima de los 17.000 millones de euros, tras multiplicar por siete la que presentaba hace cinco años. Y que ha situado al Banco Sabadell entre los quince primeros títulos del Ibex 35.
La entidad es la que mejor ha sabido aprovechar el viento que ha soplado a favor del sector con el fin del histórico ciclo de seis años de tipos reales negativos. Sus avances superan con creces los cosechados por sus pares en el mismo periodo: Caixabank (+349%), BBVA (+333%), Unicaja Banco (+267%), Santander (+258%) y Bankinter (+160%). Y ha subido seis veces más que un Ibex (+106%) que rompe máximos históricos casi a diario.
jaume Guardiola, presidente del Cercle d'Economia y exconsejero delegado del Banco Sabadell
Todo tan cierto como que la llegada de González-Bueno al Sabadell tuvo lugar en un contexto muy diferente, más cerca de lo tenebroso que de cualquier atisbo de luz.
Además del inicio de una nueva etapa tras el histórico paso de Jaume Guardiola por el cargo, el ejecutivo se encontró con un recién abortado intento de fusión con el BBVA, que no pocos apuntaban como la única salvación de la entidad. Y el entorno de una pandemia que hacían de la incertidumbre y la ausencia de perspectiva elementos adicionales del día a día.
Partir de cero
En el caso de González-Bueno, la expresión "partir de cero" fue un elogio de la literalidad. El Sabadell cerró 2020 con un beneficio de dos millones de euros (bien es cierto que tras voluminosas provisiones a causa del coronavirus). Y con un retorno muy próximo al 0%.
Notable conocedor de la banca europea, valedor de la fuerte implantación del modelo de ING en España, no faltaron quienes vieron en González-Bueno aquél que iba a articular una solución para el Sabadell con una operación transfronteriza.
Pero aquello chocaba con el mandato del consejo tras fracasar la fusión con el BBVA: seguir en solitario y consolidar el modelo del banco. El nuevo consejero delegado diseñó su propio equipo, con la destacada pieza de Leopoldo Alvear, rescatado de aquel Bankia recién absorbido por Caixabank, como director financiero.
El primer diagnóstico determinó la ruta a seguir: consolidar el liderazgo como banco de empresas, pymes y autónomos; y potenciar el negocio retail, una vez redimensionado adecuadamente. Todo se plasmó en un plan a tres años (2021-2023) cuyo elemento estrella era el ahorro (por encima de los 100 millones anuales).
A partir de ahí, todo fue trabajar en silencio, cumplir objetivos y, antes de lo esperado, comenzar a superarlos. Incluso aquellos elementos que sólo habían dado problemas, como el hipotecario británico TSB (adquirido en 2015), empezaban a ser productivos.
"Superamos una situación difícil; a partir de ahora, el objetivo es crecer más, que aún se puede", señalaba en 2023 González-Bueno, en un encuentro con la prensa previo a la junta de accionistas. Preguntado por el siguiente paso, el ejecutivo no dudó: "Dar al banco una vuelta de tuerca más". A pocos metros de distancia y sin el siempre indiscreto micrófono, Josep Oliu, presidente de la entidad, añadió en voz lo suficientemente alta para ser escuchado: "Y después, otra más; y otra más".
El consejero delegado del Banco Sabadell, César González-Bueno (izq.), y el presidente de la entidad, Josep Oliu / BANCO SABADELL
En uno de aquellos giros al torno del crecimiento, el BBVA volvió a llamar a la puerta. Pero para entonces, el trabajo del equipo de González-Bueno había provocado un cambio radical de escenario. Los planes a futuro ya no hablaban de ahorro sino de una capacidad de generar capital suficiente para repartir a los accionistas excesos próximos a los 2.500 millones en dos años.
Fueron 18 meses intensos de OPA hostil en la que el tándem Oliu/González-Bueno trabajó con denuedo para tumbar la ofensiva. La cúpula del banco se volcó en ganarse los apoyos de la gran mayoría de actores del panorama socioeconómico catalán. Y, especialmente, en ofrecer a los accionistas motivos suficientes para conservar la independencia del Sabadell.
Broche de oro
Pese al ruido y las numerosas distorsiones, González-Bueno tuvo tiempo para diseñar un nuevo y ambicioso plan estratégico (2025-2027), que incluye una retribución total a los socios de 6.400 millones de euros. El regreso a la histórica sede de Sabadell, tras siete años de exilio en Alicante y la venta del TSB, con multiplicadores aplaudidos por los mercados, terminaron por apuntalar una defensa que hizo que los muros ni temblaran en la ofensiva final. Apenas uno de cada cuatro accionistas dieron el sí al BBVA, que tuvo que marcharse por donde llegó.
Un broche de oro para el cierre de un ciclo igualmente dorado. Los números hacen irrefutable el argumento de que González-Bueno se marcha en todo lo alto tras haber escalado desde la superficie.
