La nueva etapa abierta en Venezuela tras la intervención militar de Estados Unidos y la detención de Nicolás Maduro empieza a tomar forma. Y lo hace con las grandes petroleras internacionales moviendo ficha. Repsol, una de las pocas compañías extranjeras que nunca abandonó el país durante el chavismo, se ha situado en primera línea del nuevo escenario.
Su consejero delegado, Josu Jon Imaz, participó el viernes pasado en la reunión convocada por el presidente Donald Trump en la Casa Blanca con los principales ejecutivos del sector energético. Una cita de alto voltaje político y económico en la que el directivo vasco lanzó un mensaje claro: la petrolera española está "lista para triplicar" su producción de crudo en Venezuela en los próximos dos o tres años.
En su intervención —calificada en círculos empresariales como una de las más contundentes del encuentro— Imaz agradeció a Trump haber "abierto la puerta a una Venezuela mejor" y se alineó con la estrategia estadounidense de tomar el control de la industria petrolera del país de forma indefinida.
Actualmente, Repsol produce en Venezuela unos 45.000 barriles diarios, una cifra que podría escalar hasta los 135.000 si se dan las condiciones adecuadas.
Eso sí, el directivo subrayó el punto clave repetido en boca de otros ejecutivos: la necesidad de un nuevo marco legal y comercial. "Estamos preparados para invertir con fuerza en Venezuela, siguiendo su recomendación, señor presidente, y dentro de un marco que permita ese crecimiento", afirmó. Seguridad jurídica y garantías, en otras palabras.
Una posición singular en el país
A diferencia de gigantes como Exxon o Chevron, Repsol sí mantuvo su actividad en Venezuela durante los años de socialismo. Lo hizo, principalmente, a través del gas. Junto a la italiana Eni, explota el yacimiento de La Perla, en el Golfo de Venezuela, que garantiza cerca de la mitad de la generación eléctrica del país.
"Estamos sobre el terreno, tenemos personal, instalaciones y capacidades técnicas", recordó Imaz ante Trump. Esa presencia continuada convierte a la compañía española en un actor especialmente bien posicionado para el nuevo reparto de cartas.
No es menor el peso del país sudamericano en las cuentas de la petrolera. Alrededor del 15% de su producción total y una parte relevante de sus reservas de crudo y gas, valoradas a precios actuales en unos 13.000 millones de dólares.
El consejero delegado de Repsol, Josu Jon Imaz
A ello se suma que Repsol y Eni exigen a Caracas unos 6.000 millones de dólares en pagos pendientes por el suministro de gas, una deuda que, por ahora, no figura entre las prioridades de la Casa Blanca.
Washington no descarta entrar en el capital
El movimiento de Repsol coincide con un giro estratégico aún mayor por parte de Estados Unidos. El secretario de Estado de Energía, Chris Wright, ha reconocido que su Gobierno valora entrar en el capital de las petroleras que operen en Venezuela, replicando el modelo aplicado en 2025 con Intel, cuando el Ejecutivo federal se hizo con el 10% del fabricante de chips.
"Ciertamente, esa es una posibilidad", admitió Wright en una entrevista televisiva al ser preguntado por una eventual participación del Estado estadounidense en filiales petroleras en Venezuela. Entre las empresas señaladas aparece Repsol, que cuenta con algunas de las mayores reservas extranjeras en el país.
Trump, por su parte, anunció incluso antes de la reunión que espera inversiones superiores a los 100.000 millones de dólares por parte del sector para relanzar la industria venezolana. En la mesa estaban, además de Repsol, los máximos responsables de Exxon, Chevron, Shell, ConocoPhillips, Halliburton, Valero, Trafigura, Vitol, Eni y otros grandes actores del mercado energético.
Venezuela, energía y política española
La apuesta internacional de Repsol llega, además, tras un período de tensión en el frente doméstico. La compañía fue una de las grandes opositoras al gravamen extraordinario a las energéticas impulsado por el Gobierno de Pedro Sánchez y Sumar, un impuesto que llegó a costarle unos 800 millones de euros en dos años.
La presión de la petrolera, aliada con patronales y con Junts per Catalunya, acabó bloqueando la conversión del impuesto en permanente, al considerar que ponía en riesgo inversiones estratégicas en Cataluña. Entre ellas, la ecoplanta y el electrolizador de hidrógeno verde previstos en el complejo petroquímico de Tarragona, con un desembolso conjunto superior a los 1.100 millones.
Desde el entorno empresarial se recuerda que Repsol llegó a congelar un plan de inversiones industriales de hasta 1.500 millones en España a la espera de un marco fiscal más estable.
Un sector "blindado" ante cualquier régimen
Tal y como ya explicó este medio tras la detención de Maduro, el energético es uno de los pocos sectores históricamente protegidos en Venezuela, independientemente del color del régimen. "La dependencia absoluta del petróleo actúa como escudo", resumía entonces un banco de inversión internacional.
Con el control estadounidense de la industria petrolera venezolana sobre la mesa, ese blindaje se refuerza. Y Repsol, que resistió años de inestabilidad, sanciones y deterioro institucional, aspira ahora a capitalizar el vuelco político más radical que ha vivido el país en décadas.
