La plaza Francesc Macià de Barcelona se ha convertido en una ubicación en la que perder dinero. Las elevadísimas rentas que se pagan en este privilegiado enclave de la capital catalana no la hacen rentable para los operadores gastronómicos.
A los desorbitados alquileres --por ejemplo, el ya extinto Luigi pagaba 35.000 euros por su restaurante-- se le suma la escasa presencia de turistas y hoteles. Por ello, fían la viabilidad de los negocios a los oficinistas y los vecinos.
Ahora, numerosos grupos de restauración se disputan la última esquina libre de esta plaza tras el negocio fallido de la familia Silvestre, también dueños del restaurante Salamanca de la Barceloneta. Es la gran paradoja de Francesc Macià: todo el mundo quiere plantar bandera, pero nadie dura mucho tiempo.
Los últimos cierres, Luigi y Camarasa
Además del Luigi, otro sonado y reciente fracaso ha sido el del Camarasa. La familia Taribó ha tenido que traspasar la frutería-restaurante al dueño de la firma de criptomonedas BitBase, Alex Fernández, junto al socialité Tito Bosch, que han abierto Mery en su lugar.
El Camarasa embarrancó tras solo tres años abierto, en los que no convenció a las personalidades y oficinistas de la zona. Finalmente, entró en concurso por la pesada digestión de unas inversiones realizadas en los últimos años, y por la imposibilidad de devolver 14 préstamos avalados por el Instituto de Crédito Oficial.
Mery, su sustituto, lleva ya dos meses abierto con un pago de 25.000 euros al mes. De momento, su afluencia es más bien escasa, según vecinos y empleados de la zona.
Hay más negocios en la brecha: fuentes del mercado explican a este medio que los cafés de GoodNews o los dulces de Boldú no funcionan como deberían, sobre todo si se tiene en cuenta el "desorbitado" precio que pagan por el alquiler.
Proliferación de franquicias
Hay otros locales que sí se mantienen imperturbables, la mayoría de cadenas de comida rápida: un McDonald's, la franquicia de pollo frito Popeyes y las tiendas de gofres Goofretti.
Esta envenenada situación replica un modelo que ya ha asfixiado el comercio de otras grandes ubicaciones de Barcelona, como paseo de Gràcia o la Rambla, donde hay algunas cadenas que operan a fondo perdido. Una ecuación en la que, al final, solamente sobreviven esas grandes cadenas.
La excepción del Europa
En toda esta historia hay una excepción: el Café Europa, propiedad del grupo Moncho's. Este rincón de la avenida Diagonal está lleno a todas horas gracias a su cocina non stop y a su congregación de oficinistas desde primera hora de la mañana hasta última de la noche. Algo parecido ocurre con el Sandor, si bien sus cuentas no están tan saneadas como las del Europa.
Joan Laporta y Álex Santos, de risas en el Café Europa, el favorito de Laporta a la hora del desayuno
El Europa se ha convertido en un lugar de peregrinaje y reuniones para los numerosos abogados, periodistas y demás oficinistas de la zona, que quedan en su terraza o su interior para hablar sottovoce de negocios.
Parte de su rentabilidad también se debe a sus altísimos márgenes en las bebidas. Por ejemplo, una cerveza cuesta 5 euros y 40 céntimos.
El Europa es, también, el lugar favorito de desayuno de Joan Laporta, presidente del FC Barcelona, donde almuerza cada mañana con personas de su total confianza, como su socio Xavier Arbós, su hermano Xavier o el vicepresidente Rafa Yuste. Fue precisamente en esta terraza en la que Laporta se peleó con el abogado Pepe Oriola, a quien increpó de forma agresiva y amenazó enarbolando una botella de vidrio.
