La abrupta subida de los tipos de interés en la zona euro que se inició a mediados de 2022 puso contra las cuerdas a Prisa, volvió a situar la abultada deuda como el mayor de sus problemas, si no lo era ya, pero, sobre todo, diluyó de forma notable los efectos del proceso de refinanciación que llevó a cabo hace poco más de un año. Una buena muestra de ello es la evolución de los costes financieros asociados a la deuda, que se dispararon nada menos que un 132% respecto al ejercicio anterior. 

Sólo el coste del servicio de la deuda, es decir, el pago de los intereses, supuso para la editora de El País una partida de casi 22 millones de euros más que el año anterior, lo que representó una subida del 43%, a pesar de que el acuerdo de refinanciación mejoraba teóricamente las condiciones de la misma y aliviaba la situación de la compañía al extender los vencimientos.

Intereses y gastos 

A esta cantidad, que alcanzó los 71,43 millones de euros, hay que añadir los costes asociados al propio proceso de refinanciación, derivados de los correspondientes gastos y comisiones a pagar a las entidades encargadas de estructurar el nuevo esquema de deuda de la empresa. 

Unos costes que se fueron hasta los 43,79 millones de euros, según figura en el informe anual de Prisa correspondiente a 2022, recientemente aprobado por el consejo de administración de la sociedad. 

Giro radical

Su presidente, y también primer accionista, Joseph Oughourlian, presentó en su día la operación de refinanciación como una maniobra clave para asegurar el futuro de la propietaria de activos como la cadena SER y que, además, había sido firmado in extremis, apenas unas horas antes del inicio de la invasión rusa de Ucrania, cuya deriva posterior hubiera hecho muy complicado el acuerdo con la banca

Lo cierto es que la refinanciación se firmó, pero, muy poco después, las circunstancias del mercado cambiaron de forma radical, lo que hizo que una serie de condiciones, que ya de por sí encarecían el proceso, lo convirtieran en prácticamente inviable.

Previsiones por los aires

Sin ir más lejos, apenas unas semanas antes de iniciarse el conflicto bélico las previsiones del mercado y de la mayoría de entidades financieras situaban el euríbor, tipo de interés de referencia en la eurozona para la mayoría de los préstamos, ya en zona positiva, pero en cotas en torno al 0,5%. 

Este avance tendido del euríbor vendría como consecuencia de la posibilidad que se vislumbraba por entonces de que el Banco Central Europeo (BCE) decidiera comenzar a subir los tipos de interés, en todo caso en la recta final de 2022 y a un ritmo muy sostenido; como máximo, medio punto hasta final de año. 

Un tramo infernal

Frente a esta estimación, la realidad situó al euríbor nada menos que en el 3,5% al cierre de 2022 tras una serie de alzas consecutivas del precio oficial del dinero por parte del emisor, que incluyeron dos consecutivas de 75 puntos básicos, inéditas en las más de dos décadas de existencia del organismo. 

Este escenario afectó especialmente al tramo más costoso del nuevo esquema de financiación de Prisa, el correspondiente al de la deuda júnior, que se referencia a un tipo de euríbor +8%, y que las nuevas condiciones del mercado transformaron en insostenible. 

Alternativas

La evolución de los costes y el agujero que este tramo estaba haciendo en el circulante de la editora convirtió en urgente y prioritario para el consejo la búsqueda de una solución a corto plazo tras el pasado verano, con el fin de no comprometer la viabilidad de la empresa.

Tras valorar la entrada de nuevos socios a través de una ampliación de capital, que permitiera la entrada de dinero para amortizar anticipadamente el préstamo, las reticencias mostradas por el Gobierno, que considera a la compañía como estratégica pese a su carácter 100% privado, llevaron a perseguir una alternativa. 

Suscripción íntegra

Finalmente, ese dinero llegó de parte de los actuales socios de Prisa, que fueron los encargados de suscribir de forma íntegra la emisión de convertibles por valor de 130 millones de euros y vencimiento a cuatro años que acordó el consejo. 

De esta cantidad, 110 millones se han empleado en reducir el saldo vivo del tramo más oneroso de la refinanciación, que a cierre de 2022 se situaba por encima de 192 millones de euros.