La industria minorista ha sido una de las más afectadas por la irrupción de la COVID 19. Son muchos los sectores que, tras la situación de emergencia sanitaria a la que nos tuvimos que enfrentar hace ya más de 18 meses, continúan observando con cierta inquietud sus efectos.

En España, históricamente un país algo más reticente al desarrollo del canal online con respecto a nuestros socios europeos, hemos sido testigos de lujo de como la transformación digital se ha consolidado como una de las herramientas clave para poder continuar con la actividad de multitud de sectores. Entre ellos, el de la alimentación.

El comercio electrónico afianza su liderazgo

El consumidor postpandémico ha interiorizado durante una gran cantidad de meses los beneficios que se desprenden del comercio electrónico. La facilidad de compra, la seguridad en el pago y la amplia variedad de productos son solamente tres de los ingredientes principales que han facilitado esta transición.

El sector de la alimentación, históricamente vinculado al canal físico, también ha sido uno de los grandes protagonistas de este cambio. Conscientes del arraigo y la confianza de sus clientes por la compra online, los supermercados líderes han activado estrategias ampliar el número de opciones con los que cuentan sus consumidores a la hora de llevar a cabo sus compras. El objetivo es el de crear un escenario lo suficientemente amplio y versátil con el que poder ampliar la capacidad de decisión del cliente.

Lidl apuesta por la ‘omnicanalidad’

El próximo catálogo de Lidl es un buen ejemplo de ello. En él podemos encontrar una amplia variedad de productos disponibles para llevar a cabo la compra tanto en el canal online como en el retail físico. Siempre respetando tanto la calidad como el precio de sus productos, ofreciendo al consumidor un mayor número de acciones al que había podido acceder nunca.

La omnicanalidad se convierte, por tanto, en uno de los principales ejes comerciales de la industria minorista.

La píldora hacia la recuperación

De acuerdo con el estudio llevado a cabo por la Asociación Española de Distribuidores, Autoservicios y Supermercados (ASEDAS), el grupo de consumidores que mayor crecimiento ha experimentado desde el inicio de la pandemia hasta la actualidad en el sector de la alimentación es el llamado consumidor mixto. Es decir, aquel que realiza sus compras tanto a través del canal físico como en el canal online. La omnicanalidad, inicialmente relacionada con el reatil de moda, ha terminado por consolidarse como una tendencia transversal entre multitud de sectores. Actualmente, el consumidor tiene la oportunidad de poder consultar un producto o un catálogo de los mismos, como el caso de Lidl mencionado previamente, desde su ordenador o dispositivo móvil para, a posteriori, ejecutar la transacción en el retail físico. En este caso, el supermercado.

Este cambio de pauta de comportamiento también puede comprobarse en el sentido inverso. El consumidor acude al espacio físico, selecciona los productos que desea, y termina la operación a través de cualquier dispositivo electrónico. Una situación cada vez más común en el ámbito de la alimentación como consecuencia de las reticencias existentes en el momento de comprar productos que pueden haber sido tocados por otros consumidores previamente.

La importancia de una buena experiencia de usuario

En este contexto, el retail físico se enfrenta a uno de los grandes desafíos de los últimos años. El comercio no debe preocuparse únicamente por asegurar la mejor experiencia posible a sus clientes en el momento en el que acceden a una de sus tiendas. Sino que ahora se debe replicar este mismo esfuerzo en el canal online. A priori, algo más complejo puesto que todo el proceso de compra presenta una autonomía mucho mayor a la experimentada hasta la actualidad.

ASEDAS afirma igualmente que el 90% de las personas que han comenzado a utilizar el canal online a raíz de la pandemia, continuará utilizando este canal durante todo el proceso de recuperación y posterior consolidación. Sin duda, una cifra lo suficientemente significativa como para que las empresas involucradas en esta transición dediquen los esfuerzos suficientes para proporcionar al cliente un amplio abanico de opciones con los que seducir a sus consumidores. Tanto a los actuales como a los potenciales. La proximidad digital, entendiéndola como la importancia de la omnicanalidad y la experiencia ofrecida al consumidor, va a ser fundamental en el desarrollo de una gran cantidad de sectores durante los próximos años.

El crecimiento del comercio electrónico y la consolidación de los nuevos patrones de comportamiento se convierten en dos elementos fundamentales para vertebrar y construir las estrategias que definirán el futuro del comercio físico. En este sentido, el sector de la alimentación es uno de los ámbitos que han comenzado a construir una estructura sólida que garantiza la cobertura de todas las necesidades e inquietudes de sus clientes.

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