Los resultados de los grandes bancos correspondientes al primer trimestre reflejan una notable recuperación tras un año de pandemia, hasta el punto de que la cifra conjunta de beneficios no dista demasiado de la registrada en el periodo comparable del año anterior al Covid-19. Sin embargo, las entidades financieras han preferido optar por la prudencia y han coincidido a la hora de no liberar, por el momento, las notables provisiones que registraron para cubrir los riesgos asociados a la crisis derivada del coronavirus.

En conjunto, las cinco entidades financieras que forman parte del Ibex 35 (Santander, BBVA, Caixabank, Bankinter y Banco Sabadell, por orden de capitalización bursátil) han consignado en el primer trimestre un resultado neto de 3.553 millones de euros, un 9,8% menos que el que lograron en el periodo enero-marzo de 2019.

Dejar atras la crisis

Cabe destacar en este capítulo al BBVA, que incluso ha logrado dejar atrás el beneficio neto que logró entonces. La entidad que preside Carlos Torres ha ganado 1.210 millones de euros hasta marzo, un 4% más que en el año anterior a la llegada de la pandemia.

También ha alcanzado tal hito Bankinter, con un resultado de 148 millones de euros que supera en un 2% al que logró en el primer trimestre de 2019. En el caso de Caixabank, aunque no ha conseguido superar los números de hace dos años se ha aproximado de forma notable (514 millones frente a 533 millones de hace dos años).

La Ciudad BBVA, sede corporativa del Grupo Banco Bilbao Vizcaya Argentaria en España, uno de los protagonistas de los ERE del sector / BBVA

Sin liberar provisiones

En este sentido, la distorsión viene provocada por Banco Sabadell, cuyo resultado de 73 millones de euros, muy aplaudido por el mercado (que aguarda con expectación la presentación del plan estratégico prevista para el 28 de mayo), queda lejos de los 258 millones que obtuvo en el primer trimestre de 2019. Tampoco Santander se ha aproximado a los 1.840 millones que registró como resultado neto entre enero y marzo de hace dos años, al cerrar el primer trimestre de 2021 con cifras un 12% inferiores.

En este caso, la totalidad de los referentes del sector han optado por no registrar nuevas provisiones a cubrir los riesgos derivados de la crisis del Covid-19 como hicieron a lo largo de todos los trimestres del pasado año. En realidad, se ha hecho innecesario porque otro de los puntos en los que han coincidido es que tampoco han liberado ni una pequeña parte de este montante, que supera ampliamente los 10.000 millones de euros.

Morosidad resiliente

En las sucesivas presentaciones de los resultados, tanto al mercado como a los medios de comunicación, los ejecutivos se han referido a una política de prudencia para justificar la estrategia. En términos generales, las entidades se muestran optimistas sobre la evolución de la economía, especialmente a partir de la segunda mitad de este año, pero no terminan de fiarse de que el ritmo del repunte sea el más adecuado para relajar las medidas de precaución.

Por otra parte, las ratios de morosidad continúan mostrando una sorprendente estabilidad cuando todos los pronósticos apuntaban a que comenzarían a dispararse conforme vencieran las diferentes moratorias establecidas tanto por las propias entidades como por las medidas anticrisis de la Administración.

Presiones del BCE

Pese al comportamiento de esta variable, las entidades son conscientes de que, más tarde o más temprano, la crisis pasará factura en este capítulo y la mora comenzará a presionar los balances. De ahí que los bancos se cuiden de lanzar las campanas al vuelo y opten por posiciones más conservadoras.

Tampoco conviene olvidar las presiones del Banco Central Europeo (BCE) para que las entidades de la eurozona refuercen aún más su solvencia con vistas a que la crisis no les juegue malas pasadas como en tiempos pretéritos.

Dividendos

Fuentes del sector apuntan a que desde el regulador se observa con inquietud cómo la banca española ya anuncia la vuelta a la política de dividendos anterior a la pandemia en cuanto se eliminen las limitaciones impuestas desde Francfort, que limitan la remuneración al accionista a repartir un 15% del resultado, al menos hasta septiembre.

De esta forma, mantener intactas las provisiones supone también una forma de enviar un mensaje de responsabilidad al BCE al tiempo que se afilan armas para el retorno del dividendo tradicional tan pronto como sea posible.