Algo pasa con las energías renovables en los mercados. El desplome de Ecoener en su estreno bursátil, el primero de los varios previstos en este ámbito en los próximos meses, ha confirmado las sensaciones ya transmitidas por compañías ya presentes en el parquet, que acumulan notables retrocesos en las últimas semanas, y por otras decididas no hace mucho a dar el paso y que ahora vacilan, cuando no han revocado directamente la estrategia.

Ecoener cerró su primera sesión en el Mercado Continuo con una bajada de su valoración de algo más del 15%. Se trata de una compañía de pequeña capitalización, apenas 335 millones de euros antes del debut, que busca en los focos de la bolsa oportunidades para crecer en un entorno rabiosamente competitivo.

Un 2021 errático

Pero los síntomas inquietantes también están muy presentes en valores mucho mayores, hasta el punto de que forman parte del mismísimo Ibex 35. Entre los seis títulos con un peor comportamiento desde que comenzó 2021, tres tienen una estrecha vinculación con el sector de las energías limpias.

En lo que va de año, Solaria, la primera energética íntegramente renovable en ser incluida en el selectivo, se ha dejado el 29,5% de su capitalización. Por su parte, el fabricante de aerogeneradores Siemens Gamesa pierde casi el 19%. Ambos lideran con amplio margen la relación de los títulos más castigados de un Ibex cuya trayectoria en el mismo periodo ha sido radicalmente opuesta, con avances superiores al 9%.

Paso atrás de Capital Energy

Entre los valores que muestran un balance negativo desde enero también figuran Iberdrola, la más verde de las grandes eléctricas, con retrocesos del 3,5%, y Endesa, cuya fuerte apuesta por las renovables en los últimos tiempos también parece estar pasándole factura.

De puertas afuera, las sensaciones tampoco son las mejores. Hace pocas semanas se confirmó la decisión de Capital Energy de dejar en suspenso una operación de salida a bolsa en la que llevaba tiempo trabajando y que había levantado expectación en el mercado. La empresa reforzó incluso su consejo de administración con fichajes como el de su actual presidente no ejecutivo, Juan Lasala, exconsejero delegado de Red Eléctrica, y Rosa Sanz, proveniente de Naturgy y que ocupó en su día la presidencia de la patronal Sedigás.

Repsol frena máquinas

Su salto al parquet tenía entre sus propósitos, igual que en el caso de Ecoener, obtener financiación para continuar con su fulgurante crecimiento y seguir sumando megavatios renovables a su cartera. Un dinero que va a llegar por la vía del endeudamiento financiero, a través del apoyo de la banca.

En un plano diferente, Repsol es otro de los casos más destacados en los que las máquinas se han detenido o, al menos, ha bajado de manera muy notable su ritmo. El pasado mes de noviembre, la energética que preside Antonio Brufau presentó su nuevo plan estratégico a cinco años, el primero que elabora tras su histórico giro hacia la sostenibilidad, y confirmó que uno de los objetivos a corto plazo era la puesta en valor de su negocio de bajas emisiones, bien a través de la búsqueda de un socio, bien con una salida a bolsa.

Dilatar plazos

Una segunda opción que cada vez cobraba más fuerza, hasta el punto de que la compañía ya había nombrado asesores y procedido a realizar cambios legales en la sociedad que aglutina estos activos para salir a cotizar. Ya en aquella presentación, el consejero delegado de Repsol, Josu Jon Imaz, señaló que aunque la empresa se daba de plazo hasta mediados de 2022 para actuar en este sentido, la intención era tomar una decisión en un plazo más corto, a ser posible no más de seis meses.

Pero la compañía ha levantado claramente el pie del acelerador. El mercado esperaba novedades en la junta de accionistas celebrada a finales de marzo pero se quedó con las ganas. La pasada semana, el propio Imaz explicó a los analistas que Repsol seguía valorando opciones, que incluso no descartaba una combinación de entrada de un socio y posterior salida a bolsa; pero, sobre todo, dejó claro que, frente a lo indicado en noviembre, se lo tomarían con calma: “aun tenemos algo más de trece meses por delante”.

¿Agotamiento?

“Hace tiempo que el debate sobre la existencia de una burbuja renovable está en los mercados”, comentan desde la mesa análisis de un bróker internacional. “No creemos que la haya pero, muchas veces, la bolsa se mueve por sensaciones y lo cierto es que la cascada de salidas a bolsa en el sector ha podido enviar una señal de alarma ante un posible exceso de apetito por él”.

Los expertos también recuerdan que el de las energías limpias fue uno de los segmentos más destacados cuando las bolsas sufrieron un histórico desplome hace algo más de un año debido a la irrupción de la pandemia del coronavirus. “Sin duda, fueron los grandes asideros de los inversores, junto a las empresas tecnológicas, y también entra dentro de la lógica que muestren señales de cierto agotamiento”.

Exceso de papel

También se habla de un posible exceso de “papel” en el caso de que todas las empresas que han emprendido el camino hacia el parquet culminen las operaciones. Un factor que pondría en riesgo las valoraciones previas, sobre todo teniendo en cuenta que el tamaño de OPV como las de las filiales de Repsol y Acciona es notablemente superior al del resto.

Precisamente esta última es la que, por el momento, se mantiene inasequible a las señales del mercado. En unas semanas prevé detallar la operación a los inversores y maneja un calendario para debutar antes del cierre del ejercicio.