Cuando hablamos de marcas como Google, Facebook o Booking, de manera instantánea pensamos en cada una de ellas de manera diferenciada. Aunque todas son empresas tecnológicas que han sabido sacarle partido a la llegada de Internet, cada una se dirige a un mercado único y, por supuesto, enfoca todas sus acciones de marketing a unos clientes diferentes.

Esta concepción mental de las marcas es lo que en marketing se denomina branding. A diferencia de lo que muchos creen, no se trata el logo o la tipografía detrás del que se esconde un grupo empresarial, sino algo mucho más amplio. Así, se suele decir que es la imagen que los clientes o potenciales clientes tienen sobre una marca: qué es, quiénes están detrás, a qué se dedica o qué hace diferente a esa marca de otras, entre otras.

Por lo tanto, el branding es la percepción que la sociedad tiene de una marca y, para construirlo, se requiere un gran esfuerzo que incluye tanto el servicio telefónico al cliente como la distribución de sudaderas personalizadas baratas con la imagen de la empresa.

Por qué invertir en branding

Llegados a un punto, es normal que las empresas que acaban de despegar se pregunten ciertas cuestiones previas: ¿es tan importante invertir aquí?, ¿verdaderamente da resultados a largo plazo?

Aunque suene un poco exagerado, el branding determina el éxito o fracaso de una marca. Los potenciales clientes perciben una empresa de acuerdo a unos valores y productos y, dependiendo de ellos, adquieren o no los productos y servicios que esta ofrece. Por lo tanto, el poder de marca es la base de la pirámide, la inversión sobre la que se construye todo el entramado empresarial.

Estrategias únicas

Las estrategias diferenciadoras se basan en planes de marketing que se realizan tanto de manera online como offline. Aunque muchas personas no lo crean, el simple trato con el que despachamos al cliente es marketing, ya que este hará correr la voz acerca del servicio y la cordialidad recibida y, dependiendo de esta, los clientes potenciales acudirán o no a nuestro establecimiento.

Dado que el branding es la imagen que queremos transmitir sobre la marca, se suele decir que no existen dos campañas de branding similares. Cada empresa es única y ofrece un producto o servicio diferente. Así, lo primero que debemos considerar a la hora de iniciar una estrategia de branding tiene que ver con definir qué es nuestra empresa y qué nos caracteriza y nos hace diferentes frente a la competencia.

Por dónde empezar

Es importante tener presente que las campañas de branding son estrategias que darán su fruto a largo plazo. Se trata, por lo tanto, de comenzar a hacer rodar el engranaje a partir del cual toda la cadena funcionará, a largo plazo, sin apenas esfuerzo. Por ello, no hay que frustrarse si a corto plazo no se visualizan los resultados.

En este sentido, existen numerosas medidas que las grandes empresas como Google, Facebook o Booking adoptaron en un momento. Todas ellas han realizado grandes campañas de marketing y, de algún modo, han transmitido la idea de vivir por y para el consumidor.

Merchandising personalizado

El merchandising agrupa todas esas acciones orientadas a producir una venta, ya sea en un establecimiento físico o fuera de él. Por ello, merchandising y branding son dos conceptos que están irremediablemente unidos. El merchandising tradicional intentaba producir ventas masivas en el público. En los últimos años, sin embargo, se ha impuesto la idea del merchandising personalizado y enfocado a un público concreto que, de algún modo, se siente premiado y favorecido por la marca. Facebook, por ejemplo, personaliza los anuncios y campañas de cada usuario en su plataforma. Por su parte, Coca-Cola ofrecía latas con el nombre del cliente, a pesar de que su coste sería mayor. Aunque ambas empresas sabían que los costes de estas estrategias serían elevados, eran conscientes de que los clientes se deben mantener y, sobre todo, deben sentir que estas empresas les aportan algo que la competencia no podría.

El merchandising incluye numerosas estrategias, pero una de las más beneficiosas tiene que ver con la oferta de ropa publicitaria, como camisetas personalizadas. Este marketing offline es un modo útil de premiar a los clientes y atraer a los potenciales, al tiempo que el logo de la marca se va extendiendo sin apenas esfuerzo gracias a la publicidad de los productos que circulan. No obstante, a la hora de invertir en merchandising personalizado, es importante recordar que este debe adaptarse a la red clientelar. Así, si el público al que queremos dirigirnos es joven, podemos apostar por sudaderas o prendas juveniles. Si, por su parte, buscamos premiar a clientes adultos, podemos optar por camisetas o tazas.

Por lo tanto, el branding engloba multitud de estrategias que se desarrollan tanto de manera online como offline. Cada una de ellas va dirigida a la consecución de unos objetivos y, por ello, es uno de los motores que mueve a las grandes empresas a la hora de invertir en marketing.

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