La bodega Miguel Torres, de Vilafranca del Penedès, logró el pasado ejercicio un beneficio neto consolidado de 8,7 millones de euros. Dicho resultado está por debajo de la marca anterior, que se situó en 9,8 millones. El flujo de caja sumó 17 millones.

La empresa repartió un dividendo de 446.000 euros. El resto se aplicó a fortalecer el balance, tal como es costumbre en la casa desde tiempo inmemorial. Con este aporte, el patrimonio consolidado de Miguel Torres y su grupo sube a 293 millones. En la tabla anexa se detalla la evolución de las principales magnitudes.

Negocio internacional

Miguel Torres es una empresa eminentemente exportadora, pues vende sus caldos en 150 países, que le aportan el 68% de su cifra de negocio. En 2017, las ventas consolidadas subieron de 263 a 266 millones. Según el plan de negocio, en 2020 espera llegar a los 300 millones, justo en el año que se cumplirá su 150 aniversario. Tres cuartas partes de las ventas actuales corresponden a vino; el resto a brandy. El volumen de los activos del grupo se eleva a 406 millones.

Miguel Torres tiene en su haber un hito insólito, del que pocas empresas catalanas pueden presumir: la extraordinaria capitalización de su balance, pues los recursos propios (capital más reservas) superan de largo la cifra de negocio.

MIGUEL TORRES EN CIFRAS (balance consolidado, en millones de euros)
Año Giro Beneficio
2017 266 8,7
2016 263 9,8
2015 263 6,7
2014 239 6,4
2013 227 8,1
2012 231 11,4
2011 215 11,1
2010 205 10,1
2009 184 4,4

Campaña

La firma posee 2.500 hectáreas de viñedos, de ellas 2.000 en España, 400 en Chile y el resto en California. Sus bodegas incluyen dos en Penedès, una en Priorat, tres en Ribera del Duero, Rioja y Rueda y una en Lleida, amparada en la denominación de origen Costers del Segre, la más reciente de todas ellas.

La última vendimia en las fincas catalanas de Torres, iniciada a finales de agosto y concluida el pasado 18 de octubre, se ha visto favorecida por el clima benigno, con temperatuas moderadas y abundantes reservas hídricas.

Debido al tiempo más fresco de lo acostumbrado, se espera que los vinos blancos de esta añada sean más frescos que los de la campaña pasada. Los tintos se prevén frutales y con carácter.

Capital familiar

Miguel Torres es la cabecera de 22 compañías, entre ellas empresas en situadas en Holanda, Irlanda, Andorra, Suecia, Chile, Estados Unidos y Brasil. La más potente es la bodega de Chile, que tiene un valor de casi 14 millones y el año pasado declaró unas ganancias de 2,9 millones. Por debajo de ella destacan las subsidiarias Selección de Torres, de Valladolid, acogida a la denominación de origen Ribera del Duero, y la firma Jean Leon, de Torrelavit. Una y otra poseen unos recursos propios de casi 10 millones.

Los principales accionistas de Miguel Torres son dos sociedades de cartera: Holdmatwin, perteneciente a Miguel Agustín Torres Riera y su familia, titular del 61%; y Vall Lealis, de Juan Torres Riera, 17%. El resto obra en manos de Marimar Torres Riera.

Miguel Torres ocupa el segundo puesto en el escalafón de las firmas vinícolas catalanas por volumen de facturación, tras Freixenet y por delante de Codorniu. Estas dos últimas están dominadas por capitales foráneos.

Orígenes indianos

Los comienzos vitivinícolas de la familia Torres en el Penedès se remontan al siglo XVII. Existe constancia de que en aquellos tiempos sus antepasados ya cultivaban viñedos en esas tierras. A partir de 1800 iniciaron su actividad comercial a pequeña esca­la con vinos de la comarca, mediante un sistema de distribución basado en un carro tirado por caballos que transportaba el vino en barriles de madera.

Jaime Torres Vendrell era un joven emprendedor, que a los 18 años emigró a Cuba. Allí estableció la base económica para la fundación de lo que después serían sus bodegas. Nueve años en aquellas tie­rras le proporcionaron una pequeña fortuna con la que regresó al Penedès en el año 1870 con la idea de expor­tar sus vinos a Cuba, Argentina y Puerto Rico, y ese mismo año fundó la sociedad Torres y Cía junto a su hermano Miguel y su padre.

Reconocimientos

La sede de la nueva compañía se instaló en un edificio frente a la estación del ferrocarril. Fue la primera bodega abierta en Vilafranca de Penedès. Al morir Jaime en 1904, sin descendencia, su fortuna recayó en sus hermanos y su sobrino, excepto la firma vinícola, que dejó en herencia a su hermano Miguel. Este último tan sólo sobreviviría al fundador durante un año, y a su fallecimiento, en 1905, las bodegas pasaron a su hijo Juan Torres Casals.

En 1928 ini­ció la elaboración de brandis añejos criados en botas de roble. También hizo hincapié en el mantenimiento de los mercados de ultramar y la consolidación de las ventas en el mercado español. Juan Torres vio reconocida su labor con diversos premios en la Exposición Internacional de Barcelona de 1929.

Sucesión familiar

Juan Torres falleció en 1932 y fue reemplazado en el nego­cio por su hijo Miguel Torres Carbó, quien a la edad de 23 años asume la responsabilidad de la empresa apoyado en esos duros inicios por su madre, Josefa.

A Miguel, padre de los actuales accionistas, se le debe la gran expansión de los vinos y bran­dis Torres en el mundo, gracias a su ingente labor comercial.

La bodega de Vilafranca quedó en ruinas tras los bombardeos aéreos de la Guerra Civil. En 1940 se reconstruyó por completo. Torres Carbó amplió los viñedos, inició la elaboración de vinos embotellados y lanzó al mercado marcas tan conocidas como Viña Sol, Gran Viña Sol, Sangre de Toro, Coronas y Viña Esmeralda.

Miguel Torres Carbó murió en 1991, después de permanecer al pie del cañón casi­ hasta sus últi­mos momentos. Su hijo Miguel Agustín Torres asumió la presidencia. Desde 2012, un hijo de éste, Miguel Torres Maczassek, ocupa la dirección general.