Sant Quirc de Durro
El rincón de Cataluña con una ermita escondida a 1.500 metros de altura: estilo románico, del siglo XII, Patrimonio de la Unesco y con vistas de infarto
El pueblo ofrece una de las panorámicas más espectaculares de la zona
Otras noticias: El único pueblo de Cataluña que todavía conserva el nombre que le puso Franco: tiene 300 habitantes, puentes históricos, ermitas centenarias y viñedos
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Cataluña tiene parajes asombrosos, desde casitas escondidas en el bosque hasta construcciones declaradas Patrimonio Mundial de la Humanidad por la Unesco.
Una de ellas se encuentra en la Vall de Boí y, más concretamente, en Durro, uno de los municipios más conocidos de este valle del Pirineo, célebre por la excelente conservación de sus iglesias.
Este buen estado de conservación y su perfecta integración en el entorno natural protegido forman parte de su encanto y fueron los motivos por los que, en el año 2000, el conjunto fue declarado Patrimonio Mundial de la Unesco.
En total, son nueve las iglesias románicas que hay en la Vall de Boí y, entre todas ellas, destaca la ermita de Sant Quirc de Durro. Situada a 1.500 metros de altitud, en la montaña que domina el pueblo, ofrece una de las panorámicas más espectaculares de la zona.
Porqué en alto
Desde su entorno se contemplan los bosques, las cumbres pirenaicas y buena parte del valle, una ubicación privilegiada que explica por qué se ha convertido en uno de los rincones más fotografiados de la zona.
Su emplazamiento no es casual. La ermita actúa como referencia territorial vinculada históricamente al espacio comunal de la población.
Cómo es la iglesia
A eso se le suma su unión con el pueblo. Aquí se celebra la tradición ancestral de las fallas, una fiesta de origen precristiano que aún se mantiene viva en varios pueblos pirenaicos, donde se bajan antorchas de fuego desde la montaña hasta el núcleo urbano.
La ermita empezó a construirse en el siglo XII. Entre los siglos XVII y XVIII se añadieron la bóveda de la nave y el característico campanario de espadaña, una estructura vertical perforada por huecos donde se alojan las campanas.
Fallas de Durro PATRIMONI DE CATALUNYA
Las transformaciones no alteraron la esencia del edificio, que continuó conservando su carácter sobrio y perfectamente integrado en el paisaje de montaña. La ermita permaneció prácticamente inalterada hasta 1996, cuando fue restaurada y adquirió el aspecto que presenta en la actualidad.
Otra de sus características más interesantes es la convivencia de distintos momentos históricos en un mismo edificio.
Ermita integrada
La arquitectura románica original comparte espacio con una imagen gótica de Sant Quirc (o Quirce) y santa Julita, así como con un retablo barroco incorporado siglos después.
Todas las iglesias del conjunto fueron construidas entre los siglos XI y XII y se distribuyen por las distintas aldeas del valle.
Conjunto arquitecónico
Sus construcciones de piedra, con gruesos muros, pequeñas ventanas, decoración austera y esbeltos campanarios, responden al estilo románico lombardo, llegado desde el norte de Italia.
Las pinturas murales que decoraban sus interiores también se han conservado, aunque hoy se encuentran principalmente en el Museo Nacional de Arte de Cataluña (MNAC), en Montjuïc.
El pueblo de Durro
Pero lo mejor es visitar las iglesias en el propio valle. Los templos de la Vall de Boí pueden recorrerse mediante distintas modalidades de entrada.
El Centre del Romànic de la Vall de Boí ofrece paquetes para visitar tres iglesias (7 euros) o cinco iglesias (10 euros), además de otras opciones combinadas.
Visita conjunta
Los expertos recomiendan la entrada conjunta, que permite conocer varios de los templos del valle y completar la experiencia con una visita al MNAC, donde se conservan las pinturas murales originales de muchos de ellos.
Aunque es cierto que llegar tampoco resulta especialmente fácil. Sant Quirc de Durro está a más de tres horas y media en coche desde Barcelona.
Cómo llegar
Lo más habitual es ir por la A-2 en dirección a Lleida y enlazar posteriormente con la N-230 en dirección al valle, hasta el desvío hacia la Vall de Boí.
Una vez en Durro, el acceso final a la ermita se realiza a pie por un sendero señalizado que asciende suavemente por la montaña. El recorrido, en este caso, apenas requiere unos minutos y permite disfrutar de unas vistas que justifican por sí solas la visita.