Pedraz imputa a otro empresario por el intento de amañar el juicio contra la Infanta

Lorenzo González Díaz era el testaferro de Miguel Bernad para sobornar a La Caixa y quien pagó la controvertida cacería con el ministro Bermejo y el juez Garzón

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El juez Santiago Pedraz con la infanta Cristina de fondo / FOTOMONTAJE DE CG
12.01.2017 00:00 h.

Lorenzo González Díaz, propietario de la compañía Corporación Empresarial LPM, SL, prestó declaración ante al juez central de instrucción número 1 de la Audiencia Nacional, Santiago Pedraz, que investiga al sindicato Manos Limpias por extorsión. El polémico empresario del ámbito de la seguridad habló ante Pedraz el 9 de diciembre. Acto seguido, el magistrado le imputó en el caso relacionado con las extorsiones para amañar la situación judicial de la infanta Cristina de Borbón.

El nombre de este hombre de negocios saltó a la opinión publica cuándo transcendió que fue él quien pagó la fastuosa montería que se celebró el 7 y 8 de febrero de 2009 en la finca Navaltorno, propiedad del empresario Santiago Peralta, situada en la sierra de Jaén.

En aquella ocasión, González Díaz alquiló la finca y preparó la cacería en plena operación judicial contra el PP por el llamado caso Gürtel. A ese evento fueron invitados, entre otros, el entonces ministro de justicia del PSOE, Mariano Fernández Bermejo, y el magistrado estrella en aquellos momentos de la Audiencia Nacional, Baltasar Garzón.

Chantajistas profesionales

Las intervenciones telefónicas ordenadas por el juez a los dos principales imputados en este caso de extorsión, el expresidente del sindicato Manos Limpias, Miguel Bernad, y el expresidente de Ausbanc, Luis Pineda, constataron unas sospechosas relaciones entre ellos y Lorenzo González.

Según consta en un informe policial de la UDEF fechado el 15 de noviembre del 2016, Pineda intentó interceder ante La Caixa para que le concediesen a “su amigo” González un “préstamo transitorio de cuatro millones de euros”.

En un correo electrónico de fecha 20-2-2015 e intervenido por la policía, Pineda se dirige a un alto cargo de la Fundación La Caixa y le expone sus argumentos para recibir el crédito: “El grupo LPM existe hace más de 30 años y no ha incumplido nunca un pago en su historia (en esto --añade-- se parece a Ausbanc)”.

“Su gerente y propietario, Lorenzo González, me parece un tipazo al margen de que me gusta su modelo empresarial y su forma de actuar, y me ha contratado como abogado y consultor”. Pineda continúa en un intento de convencer al alto directivo de la entidad bancaria catalana para que se le conceda el citado préstamo a su amigo: “Hay posibilidades de que Caixabank se haga cargo de este cliente en su totalidad, a la vez que yo me posiciono dentro de la empresa de una forma muy relevante, incluido el hacerme con un 20% de la misma, lo confieso”.

El informe policial revela que el directivo bancario no entró al trapo y, por el motivo que fuera, el préstamo no se otorgó. Fuentes de la entidad señalan que cuando se recibió la petición, el expediente se trasladó a un director ejecutivo de la entidad, quien hechas las averiguaciones pertinentes sobre la solvencia y el riesgo de la operación desestimó llevarla a cabo.

Bernad entra en acción

Por lo que se desprende de esa fallida intentona, Luis Pineda perdió una magnífica oportunidad para dar un pelotazo a costa de sus contactos empresariales y sus aparentes estrechas relaciones con La Caixa. El expresidente de Ausbanc comunicó el fracaso de su maniobra a su otro amigo y cómplice en la supuesta trama de extorsión, Miguel Bernad.

El entonces presidente del sindicato ultra Manos Limpias se puso en marcha y convocó un encuentro con González Díaz y con el mismo directivo bancario el 7 de octubre de 2015. En esa reunión, siempre según el relato policial, Bernad “quería comentar algunos aspectos del tema de la infanta”.

El líder del sindicato ultra, como el propio representante de La Caixa confirmó en su declaración ante la policía el 29 de marzo de 2016, le pidió, en presencia de González, dos millones de euros con el fin de retirar la acusación judicial que pesaba contra Cristina de Borbón, empleada de la entidad, por su supuesta implicación en el caso Nóos. En esa reunión sin luz ni taquígrafos, más allá de los citados, Bernad trató, de forma inequívoca, según la policía, de mercadear con la imputación de la Infanta.

Un plan perfecto

A tenor de lo que se desprende del informe 40.887/16 de la UDEF, emitido el 15 de noviembre de 2016, el entonces presidente del controvertido sindicato compareció a la cita con los deberes hechos y un plan sobre la mesa a modo de propuesta: La Caixa pagaría la mordida que exoneraría de culpa a la Infanta (Manos Limpias era la única parte personada en el proceso judicial que sostenía la acusación contra Cristina de Borbón en el juicio que se iba a celebrar en ciernes). Lo haría a través de un préstamo de algo más de dos millones de euros que concedería, según el plan-propuesta de Bernad, a Lorenzo González a través de alguna de las filiales de su grupo empresarial, que atravesaba, en aquellos momentos, dificultades económicas.

Bernad, sin tapujos, puso la propuesta sobre la mesa por segunda ocasión. El directivo de La Caixa, consultado por este medio, la escuchó, pero no la compró.

Bernad, tal y como explica la UDEF, quería que González fuera su testaferro. El juez Santiago Pedraz, a la vista de estos informes, tomó declaración al empresario y le imputó en la trama orquestada para amañar la acusación contra la representante de la Casa Real.

Reuniones clandestinas

Fuentes próximas al expresidente de Manos Limpias han señalado a este medio que varias reuniones se habrían celebrado en una especie de local clandestino propiedad de Lorenzo González y situado en la calle Buenos Aires de Barcelona. El representante de La Caixa confirma la existencia del encuentro, pero lo sitúa en una cafetería de la calle Borí y Fontestà de Barcelona.

De acuerdo con las averiguaciones policiales, González utilizaba una especie de bodega en la que Bernad se refugiaba para mantener reuniones innombrables con las víctimas de sus extorsiones o con sus propios colaboradores.

La puerta de madera de ese local no tiene timbre. Sólo una cerradura que conduce a un amplio comedor, forrado de madera, y de cuyas paredes cuelgan múltiples trofeos de caza. El comedor desemboca en la zona de sofás, una dependencia rodeada de pantallas de plasma y totalmente insonorizada. Según esas fuentes, ese escondite es una especie de “zulo clandestino de alto standing”. Allí se han celebrado diversos encuentros gastronómicos y festivos de carácter reservado y secretos.

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