CDC se quita de encima a los independentistas de UDC

La relación entre convergentes y exdirigentes del partido de Duran Lleida se sostiene por la presencia de altos cargos de Demòcrates en la Generalitat

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Antoni Castellà, líder de Demòcrates de Catalunya, con Núria de Gispert, Artur Mas y Joan Rigol de CDC y UDC /EFE
María Jesús Cañizares @MJesusCanizares
19.10.2016 00:00 h.

Huyeron del soberanismo moderado de UDC y, como agradecimiento, CDC les colocó en posiciones destacadas de sus listas electorales. E incluso lograron conservar o acceder a altos cargos de la Generalitat. Pero las relaciones entre esos exdirigentes democristianos, liderados por Antoni Castellà y Núria de Gispert en un nuevo partido llamado Demòcrates de Catalunya (DC), y la actual Convergència se han deteriorado en los últimos meses.

La decisión de CDC de no renovar la coalición electoral en las generales, unida a una serie de ceses y renuncias obligadas, culminó este verano con la amenaza de Demòcrates de acudir a la Justicia si la refundada Convergència utilizaba un nomenclátor parecido al suyo. Hoy por hoy, la vinculación entre CDC y Demòcrates se sostiene por la presencia de cuatro diputados de DC en el grupo parlamentario de Junts pel Sí en la Cámara catalana, y por los altos cargos procedentes de UDC en la Secretaría de Universidades e Investigación de la Generalitat que en su día dirigió Castellà. Una Secretaría que en medios políticos está considerada como un auténtico reino de taifas de DC.

De la degradación en las relaciones entre los convergentes y Demòcrates da fe el reciente cese de Miquel Rovira como vicepresidente del Consejo Comarcal del Ripollès “por pérdida de confianza”. Rovira se fue hace año y medio de UDC para integrarse en la formación independentista democristiana. Pero ahora, la nueva PDECat se lo quita de encima por haber promovido una moción de censura en la sombra contra el presidente de esta entidad supramunicipal, Joan Manso.

Deslealtad

Rovira, que también es concejal por CiU en el Ayuntamiento de Ripoll (Barcelona), niega haber conspirado, aunque admite que ha “sido desleal al equipo de gobierno por lealtad a la comarca, a la gente" y a sus "principios”. También ha reconocido conversaciones con otras formaciones políticas para conformar otras mayorías y que se habían pedido informes para determinar la aplicación de la normativa sobre transfuguismo.

En Girona también ha habido crisis entre CDC y Demòcrates. Elena Ribera, que fue la número dos por esta demarcación de Democràcia i Llibertat –formada por CDC y Demòcrates-- en las elecciones generales del 20 de diciembre, no repitió candidatura debido a la decisión de los convergentes de no renovar la coalición, convirtiéndose en una de las diputadas más breves de la democracia. Ribera también abandonó las filas de UDC junto a los díscolos secesionistas.

En el Ayuntamiento de Girona, hubo fuertes tensiones debido a la sustitución de Carles Puigdemont por Albert Ballesta, cuando el primero dejó la alcaldía para ser nombrado presidente de la Generalitat. Para que Ballesta fuera elegido fue necesario que nueve nueve concejales renunciaran a ocupar el puesto de alcalde y que el resto de miembros de la lista, hasta 18, renunciaran al cargo de edil. Los miembros de Demòcrates que formaban parte de la lista se resistieron hasta el último momento. Ballesta acabó dimitiendo dos meses después de ser elegido primer edil.

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