La Casa Real, los Pujol y Rato, o el cabreo con la justicia

Xavier Salvador
5 min

Tengo por costumbre enviar a un grupo de amigos algunas de las noticias de última hora que Crónica Global publica a través de una de las redes sociales. Así sucedió ayer con la resolución del juzgado de Palma que ha tratado del caso Nóos. Conocida la decisión de dejar en libertad a Iñaki Urdangarin y Diego Torres sin fianza, procedí como de costumbre. Curiosamente, aunque ya tuve una experiencia similar cuando la Infanta Cristina de Borbón quedó absuelta de penas mayores y sólo afectada por una multa, tras mi mensaje de ayer recibí un aluvión de comentarios que oscilaban entre la airada protesta por la decisión judicial y la crítica ácida al funcionamiento de la justicia con determinados estamentos del país, la monarquía en concreto.

Hay cabreo mayúsculo por ver cómo se ha resuelto el caso que implica a unos representantes de la Casa Real. A continuación se producen toda suerte de comentarios sobre el desprestigio de uno de los poderes capitales del Estado. De poco sirvió que ayer mismo tanto Miguel Blesa como Rodrigo Rato, presidente de Caja Madrid y de su sucesora Bankia, respectivamente, resultaran condenados por el uso reprobable de las tarjetas black que la entidad ofrecía a su consejo de administración como una gratificación económica paralela y libre de cargas e impuestos.

El garantista sistema legal español tiene esas cosas. Un buen abogado encargado de una complicada defensa puede obtener múltiples fórmulas para minimizar la condena de su cliente. Y eso sucede a pesar de que la opinión publicada (los medios) y la opinión pública (quienes los consultan) ya hayan emitido su propia sentencia. En el caso de la infanta y de su marido, la unanimidad era clara en ambos grupos sociales: son culpables de aprovechamiento del cargo y de la posición institucional que desempeñaban en el momento de los hechos.

El garantista sistema legal español tiene esas cosas. Un buen abogado encargado de una complicada defensa puede obtener múltiples fórmulas para minimizar la condena de su cliente

La justicia, sin embargo, se rige por otros parámetros menos pasionales y emotivos. Las pruebas son las pruebas y las suposiciones o los rumores no cuentan. Toda España ha condenado al clan familiar de los Pujol y, sin embargo, ninguno de ellos ha pisado ni un calabozo ni una prisión. A excepción hecha de Oriol Pujol y su lío con las ITV de Cataluña, lo más probable es que ningún miembro de la familia del expresidente catalán sea condenado por nada de lo que se conoce hasta la fecha.

Eso será así no sólo por contar con una eficaz defensa, sino porque ningún magistrado ha podido demostrar hasta la fecha que los delitos que se les atribuyen fueran cometidos como la prensa ha narrado o como algunos opositores políticos han criticado. De lo que se conoce y se ha probado, los Pujol sólo cometieron una más que reprobable irregularidad fiscal (esconder su dinero en otros países para evitar tributar por ellos en España). Cuando El Mundo publicó el pantallazo sobre los fondos, la familia regularizó con Hacienda y pagó sus impuestos a velocidad de vértigo para evitar ser denunciados por delito fiscal. Se han quedado sin una parte considerable de lo que escondieron, pero nadie ha probado (ni fallado) que fueran delincuentes.

La mayoría de la sociedad es reacia a comprender esos matices y sutilezas vinculadas al ejercicio de la ley. Por eso, cuando se conoce un nuevo caso de corte ético similar las quejas son mayúsculas. Cabe, no obstante, una observación al cabreo generalizado de los españoles con estos asuntos. Si has robado una gallina y te pillan, con pruebas o con irrefutables demostraciones, puedes acabar con tus huesos en la cárcel. Pero deberíamos entender, si mantenemos el símil, que muchos ladrones de gallinas tampoco acaban en prisión porque las pruebas son nada concluyentes y sus garantías ante la justicia prevalecen a las sospechas o a la opinión pública contaminada por el efecto gregario de los mass media.

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¿Quién es... Xavier Salvador?
Xavier Salvador

Pese a nacer en Barcelona en un ya lejano 1965, he acabado siendo un tipo de pueblo. Hoy dirijo CRÓNICA GLOBAL después de haber dado bandazos periodísticos por ahí durante años (El Observador, Diari de Barcelona, El Periódico, Economía Digital...). He escrito dos libros. El más leído, Pujol KO, junto a varios autores. Del otro (El yugo milenario) es del que me siento más orgulloso, pero fue un divertimento intelectual de otro tiempo y otro lugar. Me gustan las personas auténticas, trabajar en equipo, la familia y el buen vino. Bonhomía en estado puro, vamos.

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tobermory 24/02/2017 - 10:55h
Justo el viernes pasado, cuando se conoció la sentencia del caso Noos, mi mujer y yo estábamos invitados por nuestro yerno a cenar en un restaurante vegetariano del Poble Nou, de una joven italiana amiga de nuestra hija. La cosa estaba cantada y ya teníamos unos nachos con queso y unas cervezas en la mesa, cuando la más jovencita de un grupo de unas 18 personas entorno a los 40 tacos, o más, excepto mi mujer y yo, soltó la bomba informativa y allí quedaron fríos los nachos de momento y vinieron más cervezas. Me permití algunas bromas zumbonas sobre la indignación, tan sospechosamente unánime, contra la monarquía reinante, pero consideré más prudente dejarme de zumbas hasta después de la cena, en el momento chupoporritos, para no pasar, en el mejor de los casos, por un provecto con sombrero, o en el peor por un fachón de tomo y lomo, y porque la jovencita amenazaba con subirse por las paredes y ya estaba dispuesta a rasgarse las vestiduras allí mismo.
tobermory 24/02/2017 - 11:34h
Le pregunté a mi hija, que cumple 39 en mayo, y no conocía a la jovencita. En fin, que me parece, que como eran pocos los problemas de estado, con la democracia amenazada por el separatismo y sus secuaces, los tontos útiles, y la corrupción que no cesa, parió la infanta, y prietas las filas a la espera de turno para zurrarle la badana a la institución monárquica en las carnes de la pareja, y de paso dorarle la peana a la mítica institución republicana, que tiene tantos firmes defensores como las cartillas de racionamiento. De racionamiento de víveres, digo, que de racionamiento ideológico ya vamos servidos, buffet libre toda la semana. No se si con esta izquierda, que tiene tanto vicio con el asunto pero tan poca vista para identificar los problemas de la democracia y, por tanto, de los ciudadanos, iremos a alguna parte, o no. Oigo a Almudena Grandes en La Ser dando tralla al cabo de una semana, y me da el bajonazo. Saludos.
tobermory 24/02/2017 - 12:52h
PD. El restaurante vegetariano del Poblenou de Barna se llama “Aguaribay”, “cerveza artesana y tapas del mundo en restaurante vegetariano con paredes de ladrillo y fotografías modernas”. Los vegetales están muy ricos y se comen muy bien. Francesca, que es la joven dueña italiana que lleva currando seis años en otro local anterior, bajo la tutela intransigente del Ayuntamiento con los permisos, tiene ideas muy originales que cocinan con mucho cuidado, y está entusiasmada con el nuevo local. Y ya sería el colmo, nos dijo en los gin-tonics de despedida, si pudiese conseguir la nacionalidad española sin renunciar a la italiana. Como le dije, Francesca, hay que ver el contraste entre el entusiasmo por la nacionalidad española de los inmigrantes que se lo curran como tú a diario, con la actitud profundamente imbécil de los que no solo estarían dispuestos a renunciar a la suya sino a arrebatársela por la fuerza a sus conciudadanos. Buen finde.
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