Del gallinero, al juzgado

Ramón de España
4 min

Decía Unamuno que a los catalanes nos perdía la estética, pero eso sería en su época, porque ahora lo que nos va es el teatro malo y la performance chusca, que tiene en la Diada de la Marmota su máxima expresión anual. En cuanto al teatro malo, la declaración de Quico Homs en Madrid es un buen ejemplo. A ese hombre no me lo tratan bien en la capital: primero, me lo envían al gallinero del congreso, para que solo pueda hablar cuando le dejen los del PACMA; y ahora me lo empapelan por, según él, haber obedecido el mandato del pueblo (en realidad, es por pasarse por el arco de triunfo las órdenes del Tribunal Constitucional, pero ya se sabe que ante la injusta ley española contamos con la legalidad catalana, aunque nadie sepa muy bien qué es ni en qué consiste, más allá de hacer lo que nos pase por los huevos).

El Sabio de Taradell se ha presentado en los juzgados con una pandilla de patriotas a medio camino entre el séquito de un mafioso y un clan gitano

Como era de prever, el Sabio de Taradell no ha dejado pasar la ocasión de convertir su declaración en un auto sacramental. Para ello se ha rodeado de gente, algo que a los nacionalistas les encanta, y se ha presentado en los juzgados con una pandilla de patriotas a medio camino entre el séquito de un mafioso y un clan gitano. Aparte de compañeros de partido, ahí estaban los líderes de la ANC y de Òmnium, gente de otros grupos políticos y hasta Joan Tardà, que le van los saraos soberanistas más que a nadie. Y el Astut, claro, que para algo fue el jefe de la banda antes de que los de la CUP se deshicieran de él. Esa es, tal vez, la presencia más inquietante, especialmente para Homs, que a estas alturas del curso ya debería saber que Mas es gafe y aún le va a caer la perpetua por dejarse ver con él. Ya puestos, el Astut podría haberse presentado empuñando una cachaba de patriarca gitano, lo cual habría acabado de convertir la performance en el tan deseado esperpento.

Por otra parte, Madrid no es el decorado más adecuado para este tipo de juergas, pues nadie te aplaude, nadie se solidariza contigo y hasta te puedes llevar algún exabrupto. Para estas cosas, siempre es mejor jugar en casa, donde tienes a tu disposición cientos de patriotas desocupados que, en vez de ir a ver obras, te acompañan hasta la puerta del juzgado y se quedan ahí un buen rato, fent xerinola. Algunos, incluso, se dejan ver para que no te olvides de ellos a la hora de las subvenciones o los carguitos. En Madrid, la imagen del séquito de John Gotti o del clan de los Heredia resulta aún más penosa por falta de una claque como Dios manda. Por no hablar de que a algún mando policial, al ver reunida a semejante tropa, le dé por detenerlos a todos, convencido de que nunca se le volverá a presentar una oportunidad tan buena como ésa.

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¿Quién es... Ramón De España?
Ramón de España

Ramón de España (Barcelona, 1956). Autor de nueve novelas y una docena de ensayos, ascendió de las covachas del underground (Disco Exprés, Star, a finales de los 70) hasta los palacios del 'mainstream' (El País, donde colaboró ampliamente en los 90). Actualmente ejerce de columnista habitual en El Periódico de Catalunya y el semanario Interviú. Escribió y dirigió un largometraje en 2004, 'Haz conmigo lo que quieras', y aunque lo nominaron a los Goya, esta sociedad hostil no le ha dejado volver a ponerse detrás de una cámara (pero él insiste). Sus recientes ensayos sobre el 'prusés' y sus circunstancias, El manicomio catalán (2013) y El derecho a delirar (2015), lo han convertido en un personaje de referencia de la disidencia irónica.

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