El Astut se hace el sueco

Ramón de España
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Puede que las chicas de la CUP sean unas fanáticas cerriles, pero a coherentes no les gana nadie. Antes de emprender sus dos grandes retos, que son la derrota del capitalismo y el fin del hetero patriarcado, andan concentradas en la independencia de Cataluña, asunto en el que su lema es que hay que dar la cara permanentemente y desobedecer todo lo desobedecible. De ahí que estén que trinan con la estrategia de la defensa de Artur Mas, Irene Rigau y Joana Ortega, que en vez de apostar por la valerosa, aunque pelín suicida, actitud de reconocer que hicieron lo que les daba la gana en el 9N por el bien de la patria, consiste en asegurar que se actuó dentro de la más estricta legalidad y que, a lo sumo, estamos ante una diferencia de interpretaciones.

Realmente, uno esperaba que la chulería manifestada por el Astut fuera de los juzgados, mientras encabezaba la procesión del clan de los Heredia, se prolongara en el interior de la sala, pero por lo que llevamos visto hasta ahora, la cosa no va por ahí: de ahí la justa indignación de la CUP, que ve cómo se desaprovecha un altavoz estupendo para lanzar un mensaje de firmeza desobediente al intolerante Estado español. Hemos visto a dos Astuts, el que se responsabilizaba de todo el jolgorio y el que viene a decir que a él hay que avisarle siete veces de algo para que tome conciencia de qué es exactamente lo que se le prohíbe. Es como si le traicionara el subconsciente y pensara que, si se porta bien, igual se sale de rositas del asunto y se puede volver a presentar legalmente a presidente de la Generalitat, que aún le quedan unas cuantas cosas por destrozar en Cataluña y él no es de los que dejan las cosas a medias.

Teniendo en cuenta que estos padres (y madres) de la patria no se juegan penas de cárcel, yo diría que tampoco les habría costado tanto mantener dentro del tribunal la actitud desafiante que mantenían fuera

Su estilo de defensa, además, se ha contagiado a sus secuaces, que se dedican a echarle la culpa de todo a unos voluntarios al parecer incontrolables. El más fiel al estilo de Mas, claro está, ha sido ayer mismo Quico Homs, otro al que, al parecer, también hay que decirle las cosas siete u ocho veces para que las entienda (algo que, todo hay que decirlo, no es del todo una sorpresa).

Teniendo en cuenta que estos padres (y madres) de la patria no se juegan penas de cárcel, yo diría que tampoco les habría costado tanto mantener dentro la actitud desafiante que mantenían fuera. Según ellos, la sentencia ya está dictada y los van a inhabilitar a todos. Así pues, la actitud pusilánime y, como diría Rubén Blades, la cara de yo-no-fui, no les van a servir de gran cosa, pues solo le parecen bien a Jordi Sánchez, al que colocaron en la ANC para que le pareciese bien cualquier cosa que hicieran sus padrinos. Las primeras en rebotarse ante la actitud sumisa del Astut y sus palmeros han sido las de la CUP, pero algo me dice que no van a ser las únicas voces que se levanten contra una postura tan poco gallarda: solo les ha faltado declarar en castellano.

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¿Quién es... Ramón De España?
Ramón de España

Ramón de España (Barcelona, 1956). Autor de nueve novelas y una docena de ensayos, ascendió de las covachas del underground (Disco Exprés, Star, a finales de los 70) hasta los palacios del 'mainstream' (El País, donde colaboró ampliamente en los 90). Actualmente ejerce de columnista habitual en El Periódico de Catalunya y el semanario Interviú. Escribió y dirigió un largometraje en 2004, 'Haz conmigo lo que quieras', y aunque lo nominaron a los Goya, esta sociedad hostil no le ha dejado volver a ponerse detrás de una cámara (pero él insiste). Sus recientes ensayos sobre el 'prusés' y sus circunstancias, El manicomio catalán (2013) y El derecho a delirar (2015), lo han convertido en un personaje de referencia de la disidencia irónica.

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