Se acabaron las sonrisas

Ramón de España
4 min

La revolución de las sonrisas, aquella que empezó en 2012 con las kermeses de Carme Forcadell, el corro de la patata y las cancioncillas, ha perdido su carácter falsamente festivo (¿qué habrá de festivo, digo yo, en cargarse un país?) y se ha instalado, parece que definitivamente, en la mala baba y la cara de perro. Lo pudo comprobar hace unos días la fiscal Ana Magaldi, a la que la turba de fans del Astut insultó a distancia, con la excepción de un energúmeno que se le plantó delante y la puso de vuelta y media antes de que la cercanía de los Mossos d'Esquadra le hiciese dar media vuelta y reintegrarse al airado rebaño procesista. Dice la señora Magaldi que nunca había visto una expresión de odio como la del energúmeno en cuestión, y yo diría que su impresión es correcta: en Cataluña hay odio, y quienes más lo promueven son los que deberían apaciguar los ánimos, el Gobierno autonómico y su aparato de agitación y propaganda, compuesto por TV3, Catalunya Ràdio, diarios de papel sobornados y digitales separatistas cada día más virulentos. Ante las palabras de la señora Magaldi, ya hemos visto las reacciones de los buenos catalanes: Neus Munté solo ve libertad de expresión en la actitud del energúmeno, Lídia Heredia dice que las imágenes no coinciden con la denuncia y a la CUP solo le ha faltado decir que suerte ha tenido la fiscal de no llevarse una hostia por su actitud lamentable ante los justos deseos de la Cataluña catalana.

En Cataluña hay odio, y quienes más lo promueven son los que deberían apaciguar los ánimos, el Gobierno autonómico y su aparato de agitación y propaganda

Los de la sonrisa ya no sonríen. Están a la que salta y con el improperio siempre a mano. Antes de la fiscal Magaldi, lo pudieron sufrir en sus carnes Joan Boada --al que Graset invita a su infecto programa para que el populacho lo linche a base de tuits-- o Dolores Agenjo -la única directora de escuela que se negó a colaborar en la celebración de la charlotada del 9N: les han dicho de todo, alcanzándose en el caso de la señora Agenjo unas cotas de grosería y de machismo nacionalista insuperables. Cualquiera que no les dé la razón a los nacionalistas ya puede prepararse para que lo pongan verde: en eso se ha convertido la revolución de las sonrisas, en pura mala leche, en odio.

Y, mientras tanto, el Govern sigue echando más leña al fuego y caminando hacia su ansiado remake de la performance de Companys en 1934, que acabó como el rosario de la aurora. Hablan de choque de trenes cuando van en patinete y el enemigo circula en AVE, pero si quieren llegar a las manos, que así sea: más de la mitad de los catalanes estamos hartos de su chulería y de su infinita capacidad de generar odio, enfrentamiento y mal rollo.

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¿Quién es... Ramón De España?
Ramón de España

Ramón de España (Barcelona, 1956). Autor de nueve novelas y una docena de ensayos, ascendió de las covachas del underground (Disco Exprés, Star, a finales de los 70) hasta los palacios del 'mainstream' (El País, donde colaboró ampliamente en los 90). Actualmente ejerce de columnista habitual en El Periódico de Catalunya y el semanario Interviú. Escribió y dirigió un largometraje en 2004, 'Haz conmigo lo que quieras', y aunque lo nominaron a los Goya, esta sociedad hostil no le ha dejado volver a ponerse detrás de una cámara (pero él insiste). Sus recientes ensayos sobre el 'prusés' y sus circunstancias, El manicomio catalán (2013) y El derecho a delirar (2015), lo han convertido en un personaje de referencia de la disidencia irónica.

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tobermory 16/02/2017 - 22:52h
Han colgado el cartel de reservado el derecho de admisión, y la memez supina de la revolución de las sonrisas queda para uso lúdico de los amiguetes del prusés y como trampa saducea que les impida disentir a la legión de tontos útiles, ni aunque sea en la intimidad. Decorado de alquiler en las fallidas performances europeas de Cocomocho y sus secuaces para que el zote alfa luzca sonrisa de comadreja y pecho palomo de jefe de estado oprimido, y para vestir la muñeca ante el resto de españoles que no conocen el percal ni por el forro, y solo oyen hablar de vías muertas, cambios de agujas, recuento de pasajeros y choques de trenes a cascoporro, a las vacas sagradas del periodismo de opinión. Una postverdad, que dicen ahora. Un oxímoron que improvisó el duermeovejas del Luís Jack ese, para redimirse ante sus fans de la revolución de las cachiporras que si hizo en sus años mozos con los Guerrilleros de Cristo Rey, solo que gratis et amore, no como ahora.
tobermory 16/02/2017 - 23:27h
No van a ensanchar la base social, y lo saben. Ni con la propaganda en los medios públicos y privados untados, ni con visitas masivas a domicilio para abusar de los datos personales como asustaviejas de compañía de suministros. La sociedad catalana pensante les ha dicho que nones, que por ahí no, y menos si pretenden consumar con exhibiciones públicas de desacato a la ley, fuerza bruta en la calle y acoso en las redes sociales. Pero eso no quita que de vez en cuando, para mantener a la grey separata unida y al enemigo escarmentado, no haya que repartir estopa de forma selectiva o amenazar en las redes sociales para que se sepa quienes siguen cortando el bacalao. Y con el pretexto de la libertad de expresión constitucional y del derecho de coacción, por “mandato democrático” que dicen, pues se reparten unas hostias y santas pascuas. Siempre habrá una disculpa para el energúmeno, o alguien dirá que como muchos disimulan el odio bastante bien, no todos son así como parecen
tobermory 17/02/2017 - 00:04h
Este movimiento nacional que viene siendo el prusés, cada vez se parece más a la democracia orgánica de doña Paca la culona y sus tres pilares fundamentales. A saber: Famiglia (la del patriarca), Sindicatos (tan sumisos y bien engrasados como los ídem verticales), y Municipios (alzados por el bando del alcalde). Ya solo falta que se arranque la sección de percusión de la banda municipal para que en esta postrevolución orgánica de los coj**** ya no nos falte de ná. Saludos.
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