Besamanos en Bruselas

Carlos Marmol
7 min

Coppola es el Sófocles de nuestro tiempo. Nadie ha adaptado el espíritu de la tragedia clásica mejor que el director de la trilogía The Godfather. En la segunda de sus tres películas, localizada en La Habana en tiempos de Batista, Michael Corleone acude al cumpleaños del líder de la cuerda de familias mafiosas que controlan los casinos en la mayor de las Islas Antillas. La escena es más o menos así:

Barrio de El Vedado. Terraza del Hotel Capri. Exterior tarde.

--"Hoy he visto una cosa curiosa" --cuenta Corleone--. "Un policía intentó detener a un revolucionario en la calle y en vez de dejar que se lo llevaran hizo estallar una bomba pegada a su cuerpo. Murió, claro. A los soldados les pagan por combatir. A los rebeldes, no".

--"¿Conclusión?", pregunta Roth, el mafioso homenajeado.

--"Que pueden vencer", responde Corleone.

Las dudas del heredero de El Padrino, con las lógicas variantes de espacio y tiempo, son las mismas que embargan al aparato del PSOE desde el chusco golpe de Estado que sacó a Sánchez de la General (Secretaría). Los chicos de la gestora castrense, que son las marionetas parlantes de Susana Díaz, administran el poder orgánico, obtenido por el infalible sistema de extorsionar a sus propios cargos públicos para que voten lo que Ella desea. No sólo a Rajoy como presidente, sino también el techo del déficit, que augura los recortes que nos esperan y ahora quieren camuflar, en una gesta indescriptible, subiendo 50 eurillos el salario mínimo. Los rebeldes, que dicen representar a las bases, aún sopesan si les conviene montar una guerrilla o diluirse. El supuesto líder ya no lo tiene tan claro después de quedarse sin nómina. En ningún sitio está escrito quién ganará la guerra. Dependerá de si Sánchez da el paso y, sobre todo, de si los patriarcas del PSOE fabrican un tercer candidato. O sea: de todos menos de Susana Díaz, que en los próximos días piensa montar en Jaén, la provincia profunda, un mitin-procesión-solemne para demostrar que tiene el apoyo de toda la militancia. Será un éxito. Y también absolutamente mentira. Ya han avisado: se pasará lista. Nadie está dispuesto a quedarse fuera de la zona de confort y sin el iPhone gratis total de la Junta.

La grey de Susana Díaz no hace todos estos sacrificios por amor sincero, sino por interés. Si ven zozobrar el barco y hay votación secreta, que es lo que no hubo en el comité federal de los cuchillos, puede haber grandes sorpresas

El alarde, en el fondo, no es más que una muestra de inseguridad. Los sondeos internos no sonríen a Su Peronísima, a la que para conquistar Ferraz sin oposición no le basta con la obediencia debida que exige a aquellos a los que costea --con nuestro dinero-- sueldos, cargos, dietas, caprichos, vicios y coches oficiales. Los patriarcas son remisos a sustentar sus aspiraciones, aunque los periódicos subvencionados por el susanato lo hayan intentado a la manera fenicia: cobrando una pasta por las labores de intermediación. Así que la Reina de la Marisma ha decidido convertirse en horas 24 en una estadista planetaria --como Zapatero, según Leire Pajín-- y se ha ido a Bruselas a presumir de su agenda continental. Antes se vio con Iceta, que le dijo que la dirección del PSC será neutral en caso de primarias. Neutral no significa muda. Algunos silencios bastan para que hablen hasta los muertos.

La embajada a Tamorlán de Su Peronísima ha sido discreta, a pesar de las crónicas que hemos leído por ahí, tituladas con una previsible tríada mayestática: "Fuerte, capaz y europeísta". Faltaban los dos huevos duros de rigor enfático, por supuesto. Sabemos que los palacios comunitarios son de suyo florentinos, pero confundir la buena educación con un aval institucional sólo está a la altura de la entrega infinita de los diminutos heraldos de la causa, que exaltan los logros de Ella a pesar de no existir más que en sus sueños. Sus méritos, no nos cabe duda, son considerables. Y su estómago parece no tener fondo. Mientras, en la República Indígena que es Andalucía llevamos varias semanas contemplando un hecho asombroso: la gente sale a la calle a defender la sanidad pública, afectada por los recortes que la Junta lleva años disfrazando para no tener que tocar su particular red clientelar.

La marea blanca, que así se llama esta rebelión ciudadana, comenzó en Granada y se ha extendido a Huelva y Málaga. No es un asunto menor: estudios de opinión autonómicos diagnosticaron hace tiempo que los andaluces identifican los discretos logros de la autonomía con el Estado del bienestar. Díaz tiene en pie de guerra a los militantes sin cargo y a una buena parte de la sociedad que quiere guiar hacia el paraíso del peronismo rociero©, pero prefiere pasear por Bruselas para coleccionar fotos protocolarias y organizarse un besamanos particular, que es el ritual que consiste en adorar las extremidades de las imágenes sagradas. No existe mayor estampa de la sumisión voluntaria. Su grey no hace todos estos sacrificios por amor sincero, sino por interés. Si ven zozobrar el barco y hay votación secreta, que es lo que no hubo en el comité federal de los cuchillos, puede haber grandes sorpresas. Porque los susánidas, igual que los peronistas, cobran por ser susánidas. Pero muchos socialistas de base, avergonzados por el absolutismo cuartelero de sus dirigentes en funciones, pagan cuotas y exigen votar. Y, como en Cuba, pueden terminar decidiendo la guerra. Atentos.

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¿Quién es... Carlos Mármol?
Carlos Marmol

Estudió Poética, pero se dedica a esa variante de la literatura prosaica que es el periodismo. Sevillano. Quinta del 71. Debutó como cronista (impertinente) en El Correo de Andalucía (1990-1999). Más tarde formó parte del equipo fundacional de Diario de Sevilla (1999-2012), donde fue subdirector, columnista y editorialista. Desde 2013 es articulista en El Mundo. También escribe en Jot Down Magazine. Fuma habanos y, salvo que lo impida el protocolo, viste de negro porque adelgaza. Es máster en Literatura Comparada, licenciado en Filología y posgrado en Dirección de Empresas.

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