De Xirinacs a Sandro Rey

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12.06.2017 23:50 h.

Bien está que se movilice el famoso futbolista Guardiola, pero se está pasando innecesariamente por alto la simultánea irrupción en primera fila de Sandro Rey, vidente televisivo, cuando es la variedad de las adhesiones --en las que no sobra nadie, donde nadie es más que nadie-- la que le da al prusés golpista esa heterogeneidad abigarrada, perpetuamente renovada, que hace nuestras delicias.

En su fenomenal paisaje humano se echaba últimamente en falta a las monjas Forcades y Caram, cuyas airosas tocas subrayaban el aire friki y surrealista del prusés pero también le aportaban una luz de domesticidad tradicional muy relajante; en esto Caram era excelente, pues no sólo era monja y separatista, sino que además cocinaba ricos pasteles, la "crema cremada" la bordaba, y los tocinillos de cielo no digamos, ¡y el dulce de leche, qué rico!, mientras que Forcades tenía un nivel intelectual más abstracto y disruptivo. Así a ésta la sacaron del escenario por sostener tesis especulativas sobre las vacunas, mientras que la Caram colmó la paciencia de su madre superiora el día en que se declaró enamorada hasta las cachas de Artur Mas: humana, demasiado humana.

Ya nadie habla de ellas. Con lo que habían sido. Aportaban al prusés la contribución de una espiritualidad trascendente, en relación directa con lo inefable y escatológico, pero que se manifestaba muy a ras de suelo, ya cocinando pasteles, ya execrando vacunas. En ese sentido --en el sentido de darle al prusés un punto de fuga hacia la metafísica-- superaban, por su alegría, a mosén Xirinacs, que antes de ellas indicó un camino de perfección, entre el cielo y la tierra, que reveló ser impracticable, pues transitaba por tenebrosos senderos de demencia y conducía al callejón sin salida del suicidio con aspiraciones sacrificiales, al fondo del bosque girando a la izquierda.

Sandro Rey es tal vez el único, entre los conjurados para el golpe, que sabe a ciencia cierta cuántos y quiénes serán inhabilitados, quiénes arruinados a multas, quiénes irán a la cárcel y quienes se irán de rositas

Tomó el relevo de las monjas el cantante Llach, que ciertamente tiene algo curil, un tufillo sacristanesco, pero sus discursos amenazantes lo han hecho parecer un poco antipático. Ahora la aparición del famoso futbolista como relevo de las monjas y de Llach está muy bien, pues al fin y al cabo el fútbol es la nueva religión del pueblo, si bien es posible que fuera de nuestra región Guardiola no resulte muy verosímil como representación en carne y huesos de la Cataluña oprimida de la que habla con tanto pathos.

Por eso debería darse un poco más de juego a Sandro Rey, el vidente televisivo y compositor e intérprete de la fallida canción Lagarta. Con sus poderes paranormales, Sandro Rey puede ofrecer prestaciones muy superiores a las del cura filatélico, las monjas turulatas, el cantante vitivinícola y el famoso futbolista. No se olvide que Sandro es pitoniso y, como tal, sabe qué nos deparará el futuro. Igual que a las crédulas y preocupadas señoras que le llaman a la tele les augura cómo les va a ir en el amor y en la salud y si su hijo va a encontrar por fin empleo, y tras escuchar sus visiones quedan reconfortadas, Sandro es tal vez el único, entre los conjurados para el golpe, que sabe a ciencia cierta cuántos y quiénes serán inhabilitados, quiénes arruinados a multas, quiénes irán a la cárcel y quienes se irán de rositas.

Pero nada de preocuparse antes de hora: si Sandro Rey, que es vidente, y de los mejores, se ha apuntado al separatismo, no lo habrá hecho sin asegurarse antes --echando un vistazo al futuro, para él fácilmente accesible gracias a su bola de cristal-- de que la cosa saldrá bien. Sin daño grave, sólo unos rasguños.

Sanchis ya tarda en sacarlo de ese estercolero televisivo donde pena cada noche esperando patéticamente la próxima llamada --esos silencios angustiosos que precisan nervios de acero, esos segundos eternos barajando los naipes del tarot-- y en darle un espacio propio en TV3%, allí donde le corresponde y donde merece estar: en el telediario de Pellicer, justo antes de la información meteorológica.

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