Un crematorio en el pueblo con más cáncer de pleura de España

El proyecto de horno funerario de Cerdanyola del Vallès, antigua sede de Uralita, enciende las alarmas y rompe el gobierno municipal

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Vista de una de las antiguas sedes de Uralita en Cerdanyola del Vallés / CG
Carles Ballfugó
06.10.2016 00:00 h.

Un crematorio en el pueblo con más cáncer de pleura de Cataluña. El proyecto de tanatorio con horno funerario en Cerdanyola del Vallès (Barcelona), antigua subsede de la fábrica de Uralita --hoy Corporación Empresarial de Materiales de Construcción, Coemac-- ha encendido la luz roja entre los vecinos y ha desgarrado el acuerdo de gobierno local entre Compromís per Cerdanyola (CxC), ERC y CiU. El sector fúnebre lee el proyecto como una respuesta de la pequeña empresa municipal al crecimiento de Mémora y Áltima.

"Que quede meridianamente claro: este gobierno hará todo lo posible para oponerse a la instalación de un crematorio a centenares de metros del tejido urbano", han indicado fuentes municipales a este medio.

La distancia en cuestión es la que media entre el cementerio de Cerdanyola y los primeros núcleos habitados. El equipo de gobierno anterior aprobó el proyecto con un amplio consenso en febrero de 2015. Una mayoría de ediles votó a favor de ceder la construcción y la gestión del servicio a Funerària Truyols, que a cambio reformaría el cementerio municipal, una obra valorada en 1,8 millones de euros.

Por su parte, la firma se comprometió a instalar un sistema de filtraje para evitar la emisión de sustancias tóxicas. "Era un proyecto necesario para Truyols: de lo contrario, se veía obligada a utilizar el crematorio de Collserola y pagar su tasa", recuerda un profesional del sector.

Cambio de color político

Las elecciones municipales de mayo de 2015 cambiaron la distribución de fuerzas en el consistorio. Los partidarios de parar el proyecto, CxC y ERC, accedieron al gobierno de la mano de CiU y mediante un acuerdo de gobernabilidad con ICV, ambos favorables al equipamiento.

El acuerdo saltó por los aires la pasada semana, cuando los dos socios minoritarios se desmarcaron de una moción que pedía insistir con la vía jurídica para cortocircuitar el horno funerario. La mañana siguiente, Carles Escolà, alcalde, cesó a los tres ediles convergentes por "falta de lealtad".

Instalación comarcal

Los partidarios de dar luz verde al proyecto subrayan que el municipio carece de tanatorio municipal, un equipamiento que ven necesario para la población, de 57.400 habitantes en 2015 según el Instituto de Estadística de Cataluña (Idescat). Además, recuerdan que Truyols, que opera siete velatorios y dos cementerios en la comarca, costeará la reforma del cementerio municipal.

Por su parte, los contrarios a la instalación ponen el acento en las posibles emisiones contaminantes y la cercanía del cementerio --que se transformará por completo si se acomete la obra-- a las viviendas y al hotel Exe Parc del Vallès, que opera la enseña de Hotusa. Además, anotan posibles deficiencias en la tramitación.

Huella de Uralita

El debate sobre la instalación se produce en un municipio especialmente afectado por el legado industrial contaminante. Los servicios médicos de Cerdanyola detectan 50 casos de enfermos por amianto al año, según ha publicado esta semana El País. El municipio presenta la mayor prevalencia de cáncer de pleura de España a causa de este carcinógeno.

Los médicos lo atribuyen a la actividad de una fábrica de uralita que operó en el municipio hasta 1997. Cinco años después, España prohibió el uso de este material.

En el campo industrial, Coemac se desprendió de Ursa, su lucrativa filial de aislantes, en 2015. También el año pasado, la firma cambió a su denominación comercial actual.

Pugna en el sector

El futuro tanatorio de Cerdanyola se elevará en un escenario de movimientos tectónicos en el mercado funerario. Las grandes firmas miran atentas a los procesos de remunicipalización que defienden las alcaldesas de Madrid y Barcelona.

En la conurbación de Barcelona, donde se encuentra Cerdanyola, el sector está en plena transformación. "Las grandes firmas buscan salir de la ciudad. Áltima ha prometido abrir en Terrassa y pilota una operación de Santa Lucía en Sant Adrià de Besós. En el caso de Truyols, se trata de una empresa saneada, que busca aumentar su inmovilizado para no resistir a los movimientos centrífugos de las grandes en la Ciudad Condal", concluye un directivo del sector.

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