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Voluntarios viajeros con niños en una escuela / FACEBOOK

Voluntariado internacional: las experiencias que la universidad no enseña

Relativizar los propios problemas y aprender a dar sin esperar nada a cambio son dos aprendizajes que los candidatos deben facturar a la vuelta

09.05.2019 00:00 h.
8 min

Siete de cada diez universitarios admite no haber realizado un voluntariado. Pero, ¿por qué deberían hacerlo? Hay muchas opciones disponibles para el verano para acicalar el currículum o descansar: un curso de inglés, una beca de estudios, prácticas en una empresa, hacer turismo, un vuelo a Ibiza

Sin embargo, quienes se atreven a dar sin pedir nada a cambio acaban recibiendo más de lo que ofrecen. Esa es, al menos, la impresión de los jóvenes que, gracias a la iniciativa de Voluntarios Viajeros de la ONG Comparte, han cruzado el charco para trabajar de forma desinteresada con organizaciones locales de Latinoamérica.

Esta fundación analiza las necesidades particulares de los niños de varias provincias de Honduras, Ecuador, Chile, Argentina y Nicaragua para colaborar con aquellos programas e instituciones que mejor contribuyen a su desarrollo. Por otra parte, ofrece facilidades para costear el viaje (asumiendo parte o la totalidad de la inversión) y se encarga de gestionar tanto los billetes de ida y vuelta como el alojamiento.

Niños en una de las escuelas donde ejercen los Voluntarios viajeros / FACEBOOK

Niños en una de las escuelas donde van destinados los voluntarios viajeros / FACEBOOK

Los motivos y sus expectativas

Mamen Alcalá, una joven valenciana de 22 años, ha tomado la decisión de irse este verano a Honduras para aportar su grano de arena. No solo realizará tareas educativas para niños, sino que tiene pensado colaborar con Centro Cultural Hibueras. Para Mamen, estudiante de Farmacia, este es su segundo voluntariado --ya hizo uno en Cádiz cuidando a niños discapacitados-- pero esta vez se ha animado a cambiar de entorno cultural y geográfico.

“Espero ver las diferencias que hay entre España y Honduras. Los estándares de Sanidad ahí son distintos, y me interesa ver ese contraste”. Además, la candidata cree que el verano es muy largo y, en este sentido, busca una experiencia diferente, fuera de la rutina veraniega de la ciudad o la eterna vuelta al pueblo. “Si me quedase aquí, podría estar en una farmacia, pero quiero ver la perspectiva que tienen ahí de este sector”, añade.

Una de las escuelas donde se ejerce el voluntariado / FACEBOOK

Una de las escuelas donde se ejerce el voluntariado / FACEBOOK

Mirada retrospectiva

Sus expectativas no van mal desencaminadas si terminan como las de Daniel, un estudiante de ingeniería eléctrica que, con 23 años, decidió aparcar la ciencia de Edison y Tesla para irse un mes a Tucumán, en el norte de Argentina. Ahí trabajó en la ONG Crece Juntos y, ya de vuelta en Sant Esteve de Sesrovires (Barcelona), recuerda que aterrizar en un mundo diferente le ha cambiado todos los estándares y la actitud frente a la vida.

Mireia y Dani, voluntarios en Argentina / VOLUNTARIOS VIEJEROS

Mireia y Dani, voluntarios en Argentina / VOLUNTARIOS VIAJEROS

Destaca que una vez llegado ahí, el proyecto acordado era importante, pero tenía flexibilidad para proponer nuevas ideas. En ciertas zonas de estos países, la administración no ha alcanzado los niveles de control omniabarcable de las sociedades postindustriales y, a diferencia de lo que ocurre aquí, ante una iniciativa no te encuentras con un millón de instancias y reglamentos que seguir.

“¿A ti se te da bien la ingeniería, no?”, le preguntaron. Sus conocimientos le permitieron dar clases y ayudar a un chico de su edad que quería ir a la universidad. Daniel también aprovechó para mostrar a los niños del pueblo nuevos juegos y deportes que los locales desconocían: balonmano, el “pañuelo”, fútbol chino…

Le acompañó Mireia Tomás, estudiante de Educación social de 22 años. Mireia explica que esta experiencia no solo le ha permitido añadir un valor añadido a su currículum, sino que, al volver a España, le da menos vueltas a hechos que antes le quitaban el sueño. Los que han visto los inviernos pasar lo llaman madurez: “Creo que me estresaba por situaciones sin importancia, como los exámenes. Ahí la gente le sonríe a la vida y viven en condiciones de vida mucho más duras", reflexionaba en el vuelo de vuelta, a 11.000 metros de altura sobre el Atlántico.

En los destinos ofrecidos, las agujas del reloj tampoco obedecen a la misma lógica. “Los locales son felices y siempre están dispuestos a ayudar. Además, no están tan obsesionados con el tiempo y no son nada individualistas”, cuenta Daniel. Mireia también tiene la misma impresión: “Aquí nadie te ayuda”, acentúa.

Todos tenemos algo que aprender

La madurez no es una meta sino una montaña sin cima en la que vas consolidando altura y bases, como en el Everest, pero sin saber muy bien adónde se va. Inma Maldonado, asesora de seguridad de 41 años, eligió Chile como destino. Buscando un clima agradable, quería regalar su tiempo a personas que lo pudieran necesitar. Para ello, aprovechó su experiencia previa para implementar mejoras en los centros educativos y jardines de infancia.

Varios voluntarios pintando una escuela / FACEBOOK

Varios voluntarios pintando una escuela / FACEBOOK

Con el resto de entrevistados coincide en que la experiencia de ver las dificultades de personas con discapacidad, o simplemente la precariedad en la que viven, te hace arrojar la lupa con la que solemos percibir parte de nuestros problemas diarios. “Te cambia mucho a nivel personal”, afirma. Además, rememora con especial cariño a la familia que le acogió: “No me conocían de nada y me recibieron con los brazos abiertos; me abrieron las puertas de su casa y las de su cultura”.

Inma, ya de vuelta, recomienda el voluntariado internacional a todo el mundo. A los más jóvenes, les sugiere que aprovechen la etapa de la vida en la que se encuentran --con la mochila de responsabilidades más ligera-- para animarse a ello: “Te hace crecer personalmente y además, le añade a tu currículum un plus que no todo el mundo tiene”. Pero, sobre todo, todos se llevan recuerdos intensos --si es que esto no es un pleonasmo, porque la memoria tenue es tiempo perdido.