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Tom Hanks no está implicado, por ahora, y carreras de caballos

El ministro de Defensa del Reino Unido dimite tras admitir que le tocó la pierna a una periodista hace quince años. La sonrisa imperfecta de Felipe de Marichalar en el hipódromo de la Zarzuela

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No hay ganas de nada. El cancaneo está al borde de la ruina y los ricos y famosos no hacen caja. No ha llegado todavía a nuestro canijo star-system la ola Weinstein que se ha llevado por delante a Kevin Spacey y amenaza hasta la reputación de Dustin Hoffman. Al final va a resultar que Clint Eastwood también lo sabía y, aún peor, que Tom Hanks no ha dicho nada desde que dijo lo de la caja de bombones en su biopic Forrest Gump. De Woody Allen, curiosamente, no se habla, a diferencia de lo que ocurre con Polansky

La conmoción es de tal magnitud en el planeta anglosajón que penetra en todos los ámbitos y con particular estridencia en la política británica. Ha cesado el ministro de Defensa del Reino Unido, Michael Fallon, tras reconocer que hace quince años le puso la mano en una pierna a la periodista Julia Hartley-Brewer

Es decir, que ha dimitido el ministro de la guerra de la pérfida Albión, pero la ficción se ha impuesto a la realidad. Mientras Spacey es de todos conocido, Fallon es Fallon, un político conservador de 65 años que en absoluto puede compararse a Dominique Strauss-Kahn, un titán del sexo ávido de carne, o a Silvio Berlusconi, el rey del bunga-bunga. Menos aún a un actor de Hollywood.

Las denuncias de hechos pretéritos o presentes quedan acreditadas por la reacción de la mayoría de los aludidos, que admiten el carácter predatorio de sus andanzas y el uso de la posición dominante para cobrarse el derecho de pernada del poder, sea el del celuloide, la política, el periodismo o la universidad, ámbito también propenso a improcedentes y tóxicas interacciones.

En el apartado de la vida loca se celebran las carreras del hipódromo de la Zarzuela, cuyo principal interés son las apuestas. El espectáculo es algo más sofisticado que en los frontones, donde se juegan enormes sumas, y menos deprimente que el de los canódromos, si es que queda alguno. Las carreras de caballos en Madrid son un asunto que no tiene nada que ver con las pamelas de Ascot. La etiqueta de la Zarzuela (hipódromo) es que no hay etiqueta.

Felipe de Marichalar ha sido visto en compañía de unos amigos en el referido circuito para equinos. La revista Hola sigue al minuto la vida de Felipe de Marichalar. Sin retoques, al punto de que en una de las instantáneas se puede apreciar no sólo que ha trincado una pasta sino que le falta un colmillo en la parte superior derecha de la dentadura. Mar Torres-Fontes ha declarado que lo dejó ella, harta de tener a los fotógrafos encima a todas horas. Y tan encima, hasta en el velo del paladar de su exnovio. Moda masculina. Horror: se insiste en los pantalones pitillo, de los que aprietan la muslera y sólo sirven para marcar teléfono, tal como se puede constatar en el reportaje gráfico de la antedicha revista.