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La arruga es sexy: Obregón y los reyes eméritos

Ana Obregón, la bióloga de España, se muestra en la revista 'Playboy'. El modelo de negocio de Hugh Hefner, la comunión de una infanta y el divorcio del rey del bunga-bunga

20.05.2017 21:59 h.
6 min

Pues va a ser verdad que había gente que compraba el Playboy por los artículos, lo que tratándose de una revista para el "entretenimiento masculino" no deja de tener su aquel. Es cierto que pocas publicaciones pueden presumir de haber acogido en sus páginas textos de Tennessee Williams, Norman Mailer, Truman Capote, Jack Kerouac, Borges o Simenon, entre otros. Pero no eran las grandes firmas lo que destacaba de una publicación que arrancó el 1 de octubre de 1953 con Marilyn Monroe en portada y su medio pezón derecho "sfumato" en páginas interiores.

El editor Hugh Hefner, noventa años le contemplan, vendía melones envueltos en alta literatura, modelo de negocio en el que un escritor casi cobraba tanto como la chica de portada y nunca habrán estado mejor pagados en ese gremio. Hefner, poseedor de un extraordinario album de fotos "free" para curiosos, mirones e historiadores, es el prototipo de mecenas que ganaba dinero dilapidando sumas indecentes en relatos de Henry Miller e invirtiendo fabulosas fortunas para ilustrarlos, todo ello desde una impresionante mansión picadero, rodeado de decenas de fenomenales mujeres objeto llamadas "conejitas" por aquello de las conexiones entre "pussies" y "bunnies", coños y conejitos, del latín cuniculus.


ana obregon playboy

Ana Obregón, en la portada de 'Playboy'

Cuando lo de Internet, las revistas de domingas para gráfico solaz erótico manual sufrieron un golpe letal. Ya no hacía falta disimular. La cabina pornográfica estaba a un click de "mouse" en la habitación de Ignatius Reilly en la casa de la loca de los gatos. Ni el material de Private, Kamasutra de los analfabetos, ni mucho menos el de Playboy, para salidos con lecturas, podían competir con las ventajas de no mirar a los ojos del quiosquero. Para comprar el histórico Lib había quien se llevaba por disimular Diez Minutos, Cambio 16, Solomoto, Superpop y El Noticiero Universal.

Tras años de números rojos por la manía digital, Hefner decidió cambiar de estrategia, dilapidar en textos que no resisten los costes industriales del papel satinado e invertir en sujetadores. Con el fin de las ubres se acabó la leche y se cerró la edición española, como muchas otras. Ahora, a sus antedichos noventa años, Hefner ha reparado en que aunque le queden diez décadas más de holgar en su estupendo convento, el mantenimiento de la conejera es "peccata minuta" y se puede gastar la pasta que ha ganado vendiendo revistas en medio siglo XX en no vender revistas hasta que se mueran de viejas sus bisviudas y las bisnietas de estas a mediados del siglo XXII.

Así es que Playboy Spain vuelve al quiosco (hablar en plural sería exagerar) y lo hace de la mano de Ana Obregón, un pimpollo "milf" gran reserva, "old school", 62 tacos de parar el tráfico con una sola mano de photoshop. Hefner debe estar tan impresionado con Obregón como Risto Mejide (42) con Laura Escanes, con la que se lleva veinte años que no es nada, febril la mirada, errante en las sombras te busca y te nombra (Gardel y Alfredo Le Pera).

Ana luce bárbara en couché, igual que Sharon Stone, Kim Bassinger o Catherine Deneuve. Hace ahora diecisiete años de su portada en Interviú en plan "American Beauty" y aún está mejor de chapa y pintura o más linda si se prefiere. Hay para quitarse la boina con Obregón, cuya serie de "Ana y los siete" aún es en Hispanoamérica lo que el Hostal Royal Manzanares de Lina Morgan fue en la España de los noventa.

En medio de la tempestad se avizoran buenos vientos para los poseedores de la tarjeta oro de Renfe. El posado de Obregón en el Playboy es una cumbre del arte satén y los reyes eméritos se han perdonado. El populacho asiste complacido a la ópera de la reconciliación entre Don Juan Carlos (79) y Doña Sofía (78), tanto monta el primero, monta tanto pájaro en mano y de la mano en la primera comunión de la infanta Sofía. El evento se ha saldado con la imagen de las risas de los viejos esposos. La arruga es sexy y los eméritos reverdecen laureles, según crónica de Lara Fernández en El Español. ¿Y si se han vuelto a enamorar? Sea lo que sea, no es lo mismo de Berlusconi (78) con Raffaella Bartolini, vera señora del padre de las mama chicho y de nombre artístico Veronica Lario (58), a la que tiene que pagar un millón de euros al mes en concepto de pensión por divorcio según ha dictado un juzgado esta semana. Demasiado bunga-bunga, amigo Silvio.