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Piqué, Cristiano y los hijos de Julio Iglesias

Los deportistas millonarios huyen de las revistas del corazón y se hacen (más) de oro en las redes. Piqué palma 15.000 dólares en el casino y vuelca un buggy. El odio en Instagram

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Las salas de espera en general y las peluquerías de toda la vida sostienen el sector de las revistas del corazón, segmento que afronta el ingente reto de no sucumbir a las redes sociales. Los famosos han visto el negocio y han eliminado intermediarios. Instagram es al Hola lo que el Uber al taxi, un nuevo modelo de negocio en el que las celebridades se lo llevan crudo sin pasar por el trance de las rígidas cláusulas de las exclusivas en un mundo en el que un pequeño móvil puede ser una cadena de televisión, desde la cámara hasta la antena.

Messi y Antonella Rocuzzo solicitaron al casino donde se casaron que reforzaran el wifi pues animaron a los participantes a compartir fotografías y vídeos del evento en las redes sociales. Los paparazzos empiezan a oler a especie en extinción, como afiladores, relojeros y afinadores de quesos. Las presas de la prensa rosa le han dado la vuelta a la tortilla y no les va mal. Cristiano Ronaldo gana 350.000 euros cada vez que publica una foto en su cuenta de Instagram, 400.000 dólares en el cambio de napos a pepinos, emolumentos que le pagan las marcas de refrescos, camisetas, zapatillas, colonias, autos de lujo y teléfonos celulares. La industria de la moda ha desheredado a su primogénita, el escaparate de papel de los ecos de sociedad, y parasita el mundo del espectáculo, trátese de las bellas artes o de las prácticas gimnásticas.

Las vidas de los deportistas deberían ser el paradigma del ascetismo, pero va a ser que no. Las últimas noticias de Piqué refieren que palmó 15.000 pavos en el casino de Rosario, palo del que no dice nada en sus facebuques. En cambio, el accidente de buggy en las dunas de Beirut está perfectamente documentado en su Instagram, plataforma que no se libra, por cierto, de las heces de los haters. El cuarto comentario reza: "Ojalá se hubiera quebrado las patas y quebrado la manfíbula (sic) y así le hubiera hecho un favor al fútbol al dejar de jugar y de abrir el hocico (emoticono de morro de cerdo) cuando no le hablan". Así, tal cual y por la cara. Les pasa a todos los influencers. Como el sudor en Fame, es el precio tuitero de la fama.

Cristiano, que es un atleta integral, tiene su cuenta de Instagram plagada de poses ante el espejo y se han corrido cientos de especies por la foto del delantero con Semedo, otro futbolista, amigo de la infancia de El vendaval de Funchal, el siete del Real. "Perfect Match Black and White chocolate" reza el titular, prosa de Marisa Mendes, community manager del crack e hija del representante Jorge Mendes. Como a Piqué, le insultan en todos los idiomas y alfabetos conocidos.

La última hora de Cristiano pasa por el embarazo de Georgina Rodríguez sobre el que teoriza la prensa lusa, trascendido previo a la presentación de los mellizos Eva y Mateo, nacidos el 8 de junio tras una gestación subrogada.

Otro que puede que haya sido de nuevo padre es Julio Iglesias, cantante melódico de fama planetaria y según anota en su web "Best Selling Artist in History and First & Most Popular International Artist of All Time in China". La criatura le ha salido con cuarenta años y una demanda bajo el brazo. Se llama Javier Sánchez y hace veinte años recorrió los platós con su madre, la bailarina portuguesa María Edite Santos, para mostrar que era pastado al teórico padre, el rey de los memes.