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El peso de 'The New York Times' sobre un famoso pajillero

El peso de 'The New York Times' sobre un famoso pajillero

El humorista Louis C. K. confiesa: "Nunca le mostré a una mujer mi pene sin preguntar primero". Oleada de acusaciones de comportamiento indecente entre bambalinas

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El de Louis Szekely es un caso clínico de exhibicionista onanista, tal que el hombre de la gabardina de las esquinas. Más conocido como Louis C. K., el payo, comediante de profesión, vive dominado por la parafilia de bajarse los pantalones y acometer un cinco contra uno delante en público femenino.

Dana Min Goodman y Julia Wolov, pareja artística del humor, han contado con pelos y señales su espeluznante experiencia con el colega en una habitación de hotel. Participaban junto al antedicho en el festival de "artes" cómicas de Aspen, Colorado. Con toda la naturalidad del mundo, C. K. les invitó a una última copa y les preguntó si se podía sacar la chorra. Qué cosas tiene Louis, pensaron Dana y Julia, no sólo colegas sino admiradoras del humorista. Corría 2002 y se la sacó ahí delante de las estupefactas mujeres. Y no contento con eso, se quitó la ropa y se masturbó como Diógenes en el ágora.

Al hilo de la ola de denuncias por comportamientos indecentes que asuelan los Estados Unidos y el Reino Unido, todo el peso del The New York Times ha caído sobre el cómico, una celebridad en el negocio de las series. El día en el que el rotativo neoyorquino publicó la historia se iba a estrenar I Love You, Daddy, una peliculilla sobre un guionista de éxito, el mismo Louis, y los amores de su hija adolescente, interpretada por Chloë Grace Moretz, con un maduro encarnado por John Malkovich, nada menos. Ni que decir tiene que el estreno fue cancelado ipso facto, y las series y filmes del infortunado, retiradas del mercado.

Tan extraordinario caso ha tenido un no menos singular colofón. Louis C. K. ha admitido todas las acusaciones y ha emitido un comunicado, que recoge El Español, digno de un monólogo: "Esas historias son verdaderas. En ese momento, me dije a mí mismo que lo que hice estuvo bien, porque nunca le mostré a una mujer mi pene sin preguntar primero, y eso es cierto, pero lo que aprendí más tarde en la vida, demasiado tarde, es que cuando tienes poder sobre otra persona, pedirle que mire tu pene no es preguntárselo. Es una situación difícil para ellas. El poder que tenía sobre esas mujeres es que me admiraban, y yo ejercía ese poder de manera irresponsable".

O sea que el tipo preguntaba en plan ¿te importa que me saque la polla y me la frote un rato? Qué grande este C. K. Hace dos años un jurado popular le habría declarado inocente, como le pasó a Ehsan Abdulaziz en un juzgado de la Southwark Crown Court del Reino Unido. Este sujeto, un millonario hombre de negocios, tuvo la mala suerte de tropezar y caer sobre una joven de 18 años. Como quiera que llevaba el pene a la vista, de la caída se le introdujo en la vagina de la muchacha, que lo acusó de violación.

Tras deliberar el caso durante veinte minutos, el juez Martin Griffiths decidió que Abdulaziz era inocente de toda inocencia. Debió de pensar que un tropezón lo tiene cualquiera. A día de hoy, por menos han caído Harvey Weinstein, Kevin Spacey, el antedicho Louis C. K. y el ministro británico de Defensa, Michael Fallon, que le puso la mano en la rodilla a una periodista.