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"Partouze" entre ocho soldados y dos mujeres policías y el 'Hola'

El mundo se acaba. "Gangbang" en una comisaría cerca del santuario del Estado Islámico en Bruselas, el barrio de Molenbeek. Kiko Rivera y Alberto de Mónaco comparten la tapa de la principal revista del papel couche

Pablo Planas
7 min

Una partouze, como todos ustedes saben, dilectos lectores, es una orgía o bacanal compuesta de un número no inferior a cinco personas. Por debajo suele ser intercambio de pareja, trío o lo de los sábados. A partir de cinco, no hay empate posible, pero caben las monedas que caen de canto. La mayor orgía registrada en el libro de los récords habla exactamente de 3.330 personas, que curiosamente es el número de votantes en la penúltima asamblea de la CUP, la del cisma de Sabadell.

Vamos al mamoneo, lo rosa. En la ley del sexo en grupo nadie queda del todo satisfecho. En esos casos, la buena educación es la clave. La prensa belga de calidad informa de que en plena alarma terrorista por el atentado de París, un número exacto de ocho soldados y dos policías de sexo femenino, sostuvieron, mantuvieron, participaron o disfrutaron de una orgía en una comisaría de Bruselas próxima al barrio de Molebeenk, paritorio de terroristas islámicos. Ocho contra dos con el pleno consentimiento de la minoría. Tal vez sea un mensaje en clave a la CUP y Artur Mas habría sido el mamporrero de la noticia más vista en el tránsito del 2015 al 2016. Ocho diputados estupefactos y dos lobas ansiosas. La partouze es la comidilla entre los soldados y los policías que patrullan Bruselas. Una juerga de campeonato en los calabozos, ríos de esperma compilation, con perdón. En el género pornográfico del cine tal práctica se llama gangbang o bubkake. No lo intenten en casa ni lo busquen en Google. Portada 'Hola'

En el plano literario, Plataforma de Houllebecq aparte (publicada en nuestro país por Anagrama en 2002), causó gran conmoción en el mundo francófono la confesión de Catherine Millet en La vida sexual de Catherine M., publicada en castellano por la misma editorial un año antes. Para los muy aficionados destaca el Snuff de Chuck Palahniuk, en España Mondadori 2010. Da tanto asco que es imposible llegar al final.

En cuanto al cine, Calígulas al margen, viene al caso la película El hundimiento, Der untergang. La historia sobre los últimos días de Hitler y Eva Braun se basa en una obra del historiador Joachim Fest y en las memorias de Traudl Junge, secretaria de Hitler, tituladas Hasta el último momento. El filme fue dirigido por Oliver Hirschbiegel, con guión de Bernd Eichinger. El actor Bruno Ganz era Hitler. Fue, en 2004, el primero en lengua alemana en interpretar al populista nazi. Una de las secuencias memorables es una orgía cuando los rusos ya están en el interior de Berlín. Es el signo de las grandes catástrofes.

Bélgica. Existe una ley que impide a las fuerzas de seguridad de su Estado intervenir entre las diez de la noche y las cinco de la mañana salvo caso de flagrante delito o incendio. Literal. No es broma. Uno de los asesinos de París entró en Bélgica de noche en coche y salió al acabar el toque de queda metido en un arcón de una furgoneta de mudanzas.

El periódico que ha dado la exclusiva planetaria se llama Última hora y su información ha sido corroborada por tantas fuentes que el ejército y la policía belga han encargado sendas comisiones de investigación. Bruselas en alerta máxima, una comisaría, veinte soldados alojados, dos comisarias y ocho soldados empalmados, bayoneta calada, presenten armas, firmes ar, etcétera, etcétera. Es lo que hay. En el Estado Islámico no salen de su asombro. Occidente está perdido, fin de era y de los tiempos. Der untergang es Der gangbang. ¿Y qué podían hacer aquellos jóvenes desbocados por las hormonas si no les dejan perseguir a los malos por la noche?

El asunto no tiene pérdida aunque no hay demasiados detalles, más allá del número de participantes, el lugar de los hechos y circunstancias como la alerta máxima en Bruselas. Se desconoce si la orgía se desarrolló en los calabozos a lo Max Mosley (exjefe de la Fórmula 1 al que grabaron en plan sadomaso con unas señoritas disfrazadas de suripantas nazis) o en el despacho del comisario, tipo Corrupción en Miami, versión X. Un desatino. Como comparar a Alberto de Mónaco con Albert Rivera.

Sin embargo, en la gran publicación de la prensa rosa olfatean el humor de los tiempos con la sagacidad de los periodistas de nariz afilada. Así que en Hola dedican algo más de media portada a las fiestas del matrimonio Alberto de Mónaco y Charlene Wittstock y sus mellizos Gabriela y Jacques, el heredero, y algo menos de media portada a Kiko Rivera, su novia, Irene Rosales, y la recién nacida de ambos, Ana de pila. Han pillado que ha ganado Podemos y que la jet set es una recepción en Can Colau o una entrevista en La tuerka de Pablo Iglesias. El pueblo es asín. Kiko Rivera for president. Por cierto, Alberto también tiene dos hijos extramatrimoniales. Un niño concebido junto a la azafata togolesa Nicole Coste y una niña de la estadounidense Tamara Jean Rototo, una californiana con el aspecto de una vigilante de la playa. Y eso que decían que ronaldeaba. Gran calumnia en ambos casos.

Todo lo cual recuerda el fantástico caso del tenista Boris Becker y la modelo Ángela Ermakova, una belleza de ébano. La hija de ambos, Anna, es un bellezón. Viven en Miami, donde el extenista alemán que ganó en Wimbledon con 16 años es sobradamente conocido, hasta el punto de que cena en los restaurantes de la cadena Cheesecake Factory durante las fiestas de Navidad. Exacto. Es el tipo pelirrojo que se parece a aquel tenista pelirrojo. El procedimiento de la madre no fue muy natural. Al parecer, la progenitora consiguió aquello por medios extravaginales. No lo piensen.