El derecho a importunar mujeres y dos borrachos

Cien mujeres francesas se han manifestado contra la "ola de puritanismo" del #MeToo. Camba, el feminismo americano y las melopeas de Weinstein y Jon Snow

14.01.2018 09:17 h.
5 min

Que la dominación masculina es un mito y el feminismo, otro totalitarismo no sólo es la corriente de opinión mayoritaria en el bar Los Cuñaos. Cien escritoras, cineastas, editoras, artistas, pensadoras y actrices de Francia entre las que se cuentan Catherine Deneuve, Ingrid Caven o Catherine Millet firman una tribuna en Le Monde que es un contramanifiesto del #MeToo y el discurso de Oprah Winfrey en los Globos de Oro, elípticamente alusivo al caso del sátiro exproductor de Hollywood Harvey Weinstein.

"Defendemos la libertad de importunar, indispensable para la libertad sexual" se titula el texto publicado en el diario parisino por las disidentes francesas. "La violación es un crimen. Pero la seducción insistente o torpe no es un delito", sostienen de partida en un texto que acentúa la imprevista confluencia entre el feminismo y la moral sexual heteropatriarcal. "Esta fiebre de enviar a los cerdos al matadero, lejos de ayudar a las mujeres a empoderarse sirve en realidad a los enemigos de la libertad sexual, los extremistas religiosos, los peores reaccionarios", afirman estas ciudadanas. Lo de los cerdos es porque el #MeToo francés es #BalanceTonPorc.

Las feministas han puesto el grito en el cielo puesto que entienden que las Catalinas confunden una una violación en grupo con una mano en la rodilla, una una amenaza de despido con una invitación a yacer, el tema con tomar una copa. El asunto es vidrioso. "¿Quién no está a favor de los ángeles?" escribió Arthur Koestler en sus memorias cuando se refería a la capacidad propagandística de la izquierda para manipular las grandes cuestiones de la humanidad y convertir a los intelectuales de Occidente en tontos útiles del más despiadado estalinismo.

En 1917 publicó Julio Camba Un año en el otro mundo, una selección de escritos sobre su estancia en los Estados Unidos como corresponsal del ABC. En la entrada titulada Las famosas libertades americanas apunta: "Echarle un piropo a una mujer puede costarle a uno en los Estados Unidos o la ruina o la cárcel. A veces puede costarle hasta el matrimonio. ¿Es esto libertad? Sí, dicen los americanos. Esto representa para las mujeres la libertad de no ser piropeadas". Páginas después y bajo el título de "Un país de hombres solos" añadía al respecto: "La mujer es algo nuevo en los Estados Unidos. Se la mira como a una diosa, con muchísimo respeto, aunque es mejor no mirarla porque puede llamar a un guardia y hacerle detener a uno".

Podría parecer que cien años después seguimos igual, pero no es del todo cierto. Camba murió en el 62, todos los periódicos en los que escribió menos uno ya no existen y la guerra de sexos ha dado un vuelco. Mujeres poderosas y nada pacatas como Asia Argento han alzado la voz no sólo frente al poemario de andamio sino en contra de los capullos, en concreto de los que se frotan contra las actrices americanas y las estudiantes francesas. La secretaria de Estado de Igualdad de Francia, Marlène Schiappa, está horrorizada. "Nos cuesta demasiado hacer comprender a las chicas jóvenes que cuando un hombre frota su sexo en el metro contra ellas se trata de una agresión", ha declarado al respecto del "derecho a importunar".

A todas estas, un paisano le ha dado dos toques en la jeta a Weinstein. Sucedió en un restaurante de Los Ángeles, cuando el abusador fue interpelado por un personaje que le metió el dorso de la mano en la mejilla en plan pim pam. Harvey no quedó estupefacto porque ya lo estaba. De su careto se infiere que por lo menos iba tan perjudicado como Kit Harington (Juan Nieve en Juego de Tronos) en un barbillar de la capital de California horas antes de comerse de luto riguroso la ceremonia de los Globos de negro. Lo dijo Danny DeVito: "Sabía que las siete últimas copas eran las que me iban a emborrachar".

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