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Varias escenas de turistas y protestas vecinales./ FOTOMONTAJE CG

¿Es compatible el turismo con la vida local en Barcelona?

La concentración de los visitantes en algunas zonas concretas dificulta la convivencia con los vecinos

5 min

Parece que se han cambiado las tornas respecto a la llegada de turistas a Barcelona. Lo que hasta ahora era una buena noticia, ahora parece más bien un engorro. Los mismos visitantes extranjeros puntuaban recientemente con un notable alto a la ciudad --un 8,6 sobre 10--, pero se quejaban de la masificación que sufre.

“Ahora en Barcelona hay una gran afluencia de turistas, pero están mal repartidos”, explica a Crónica Global el doctor Oscar Casanovas, profesor de Derecho y Política Turística de la Universidad de Barcelona (UB). “La concentración se focaliza en 12 lugares como pueden ser Ciutat Vella, Barceloneta, Sagrada Familia y, desde hace poco, Poble Nou, entre otros. No está suficientemente desconcentrado”.

El experto en materia de turismo asegura que uno de los problemas actuales no son los monumentos que se visitan, sino los entornos. A su entender, están desprotegidos. “No puedes evitar que el turista quiera visitar la Sagrada Familia, pero sí pueden ponerse sobre la mesa otras opciones para intentar repartirlo”, añade.

Criminalizar el turismo

Volviendo a la pregunta sobre si es compatible el turismo con la vida local, la respuesta de Casanovas es que “sí, pero la convivencia es difícil”. El argumento se debe a que es complicado compatibilizar la vida de un grupo de estudiantes Erasmus, por ejemplo --que además de visitar la ciudad por un motivo académico también lo hará para hacer turismo--, con un vecino que ha de levantarse a las seis de la mañana para ir a trabajar.

“El espacio es limitado, los metros cuadrados son los que son”, dice el profesor de la UB. Lo que debe intentarse es no demonizar el turismo, porque el turista no es el culpable de todos los males que sufren los barceloneses. “Se le acusa de comportamientos incívicos pero no son patrimonio único del turista”, puntualiza Casanovas, y lamenta que quizá no se ha hecho suficiente pedagogía.

Turismo barato

Las dificultades de engranaje entre las dos piezas clave del asunto --turistas y vecinos-- se perciben en el día a día de los barrios más concurridos por los visitantes. El de Sagrada Familia es uno de ellos. “Lo peor de todo es que el turismo que tenemos ahora no es el de calidad, como antes” cuenta a este medio Silvia González, vecina de la zona. “Ahora vienen grupos enormes, de unas 50 personas por guía; duermen en hostales, albergues y pisos, y comen en sitios baratos. La consecuencia es que ocupan, ensucian, molestan y agobian a los vecinos, y todo para dejarse cuatro duros en la ciudad”.

Para esta vecina, las fiestas nocturnas de algunos turistas que se alojan en pisos cercanos al suyo son uno de sus quebraderos de cabeza, además del bullicio con el que tiene que lidiar habitualmente para mantener su cotidianidad. “No puedes pasear tranquilamente y ya no por el hecho de pasear, sino que también tienes problemas para llegar a la parada del autobús y la del metro, y no siempre llegas a tiempo”.

Vecinos expulsados

Las reticencias del barrio de la Barceloneta hacia el turismo son otras. Julio López, vecino de una de las zonas más turísticas de la capital catalana, explica a Crónica Global su visión: “El problema del turismo es que hemos recurrido a él como un sustituto de otros negocios. En la Barceloneta vivían pescadores y trabajadores de empresas como la fundición Nuevo Vulcano o la Maquinista Terrestre y Marítima. Las empresas cerraron y la pesca dejó de ser rentable”.

Ante este panorama, según él, los vecinos permanecieron en su modesto barrio “con infrapisos, sin trabajo, con problemas sociales, con la lacra de la heroína y posteriormente con un turismo que no se ha sabido gestionar”. La cuestión radica, entonces, en la especulación. Los vecinos no pueden pagar el alquiler de los pisos porque compiten con el alto nivel adquisitivo de los turistas. Como en los negocios. “Eso ha hecho que todavía se deteriore más el poder adquisitivo de los vecinos de siempre y acaben expulsados de sus propias casas”.