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Dos estudiantes realizan un examen de selectividad en Girona en 2021 / EUROPA PRESS

Un tribunal específico evalúa a los alumnos con dislexia en la selectividad desde 2010

Aulas adaptadas, 30 minutos extra y unos criterios de corrección ajustados: estas son las medidas con las que cuentan los estudiantes con DEA en los exámenes de acceso a la universidad

Alba Méndez
10 min

Judith Prieto espera recibir la nota que le permita ir a la universidad después de haber terminado la prueba de acceso. La joven tiene dislexia, una discapacidad que afecta en torno al 10% de la población, según los estudios más recientes. Como ella, otros estudiantes con necesidades educativas especiales se han presentado a la selectividad este año.

Desde 2010, un tribunal específico evalúa a los alumnos con dislexia u otras dificultades específicas del aprendizaje (DEA), así como para quienes presentan trastornos por déficit de atención e hiperactividad (TDAH). También se les da un tiempo extra a estos estudiantes para realizar los exámenes.

Dificultades con la lengua escrita

La dislexia es considerada una dificultad específica del aprendizaje. Este tipo de incapacidades presentan condiciones neuropsicológicas que hacen ciertas enseñanzas más difíciles de integrar. Sin embargo, estas condiciones no implican patología ni enfermedad, simplemente, suponen un funcionamiento diferente y atípico.

Las personas con esta condición pueden presentar dificultades con la lectura, la escritura, la ortografía e, incluso, con las matemáticas. Con todo, la dislexia suele detectarse cuando se identifican problemas relacionados con estas habilidades: como dificultad para leer con fluidez y comprender el significado del texto, para reconocer las palabras o para formar oraciones bien estructuradas.

Dislexia
La palabra dislexia, escrita con algunos errores / EUROPA PRESS

El diagnóstico es clave

Es preciso destacar que esta dificultad “no está relacionada con la capacidad intelectual”, aclara Neus Buisan, logopeda y directora de la Asociación Catalana de Dislexia. La experta añade que, sin embargo, esta “produce a menudo una situación anímica complicada, por sentir que se fracasa en aquello que los demás sí pueden hacer”.

Esto afecta a la autoestima y el autoconcepto de quien sufre la dislexia sin haber recibido un diagnóstico. Judith Prieto habla sobre la importancia de obtener respuestas: “Cuando me detectaron dislexia me sentí mejor porque entendí qué me pasaba”, y añade: “Supe que, que me cueste leer, que lea palabras que no existen, o que cambie los números, no es mi culpa; no es porque esté despistada o porque no preste atención”, explica la joven acerca de su vivencia.

El plan individualizado (PI)

Recibir un diagnóstico no solo ayuda a comprender qué sucede, implica además la obtención de apoyos y servicios en la educación. Por eso, tras la detección, desde el centro escolar es fundamental realizar un plan individualizado (PI), una herramienta para la planificación de medidas, actuaciones y soportes para dar respuesta al alumnado con necesidades educativas específicas.

La dislexia no tiene cura, pero existen enfoques de enseñanza y estrategias que pueden ayudar a mejorar las habilidades del alumno. Según Buisan, con el PI “se ofrecen recursos para que el estudiante adquiera todos los conocimientos hasta donde su capacidad le permita”.

La importancia de una detección temprana

“En primero de ESO, una profesora me dijo que mi forma de leer y los errores que cometía los había visto en otros alumnos con dislexia. Hasta entonces, no le había podido poner nombre a lo que me pasaba”, explica Prieto. La directora de la ACD expone que, “con suerte, el diagnóstico se hace a partir de tercero o cuarto de primaria, pero el límite debería estar en el último trimestre de segundo, cuando acaba lo que el sistema educativo considera que es el periodo para aprender a leer y escribir”.

La especialista advierte de que la dislexia debe ser detectada de forma precoz, “para poder adecuar la manera de enseñar” y “no presionar al menor de una forma inadecuada para que haga lo que hacen quienes no presentan estas dificultades con la lectura y la escritura”. Aun así, para recibir el diagnóstico, es necesaria una evaluación completa realizada en la escuela o de forma privada.

Estudiantes antes de realizar un examen de selectividad 2021 / EUROPA PRESS
Estudiantes antes de realizar un examen de selectividad 2021 / EUROPA PRESS

El tribunal ordinario específico

El TOE, es decir, el tribunal ordinario específico, existe desde 2010 y es exclusivo para alumnos con trastornos del aprendizaje que se examinan en la selectividad. Este tiene lugar los mismos días que el tribunal ordinario, pero presenta modificaciones en algunos criterios de corrección.

Este organismo “evalúa los exámenes de los alumnos con dislexia, cuyos contenidos deben ser iguales que los del resto, ya que las adecuaciones son solo metodológicas”, aclara Neus Buisan.

Cómo acceder al TOE

Según se especifica en la página oficial de la PAU, “los estudiantes que tienen algún trastorno del aprendizaje, dislexia o bien alguna discapacidad igual o superior al 33% pueden solicitar la realización de las pruebas con adaptaciones específicas, de acuerdo con las indicaciones de la Oficina de Acceso a la Universidad”.

“En la preinscripción, el instituto debe indicar que el alumno tiene un plan individualizado por dislexia desde la ESO, para pedir que el tribunal que se le asigne sea el TOE”, explica Buisan, quien admite que “el problema está en que, si no se establece el PI desde la secundaria, cuesta mucho conseguir que el alumno pueda acceder a él”.

Más tiempo para terminar el examen

Las dificultades fonológicas y ortográficas tienen como consecuencia una lectura lenta que suele derivar en problemas de comprensión lectora. Pero esta puede mejorar si se realizan adaptaciones.

Por eso, los estudiantes con dislexia cuentan con más tiempo para responder al examen, en concreto, con 30 minutos extras. Además, estos se examinan en una aula específica, en la que todos terminan a la misma hora.

Aula de universidad antes de los exámenes de selectividad 2021 / EUROPA PRESSAula de universidad antes de los exámenes de selectividad 2021 / EUROPA PRESS
Aula de universidad antes de los exámenes de selectividad 2021 / EUROPA PRESS

Otras adaptaciones

Las personas con dislexia disponen también de unos criterios de corrección propios, en los que prima el contenido sobre la forma. Para las materias de lengua, los profesores  aplican pautas de corrección generales, pero también deben tener en cuenta otras específicas, como penalizar solo una tercera parte del total de faltas de ortografía y errores léxicos, de morfología o de sintaxis.

“Me descuentan solo un tercio de las faltas de ortografía en las asignaturas de lengua, me dieron 30 minutos más y me indicaron cuál era la izquierda y la derecha en mis exámenes”, cuenta la estudiante Judith Prieto sobre su paso por la selectividad.

¿Por qué son necesarias las adaptaciones?

En nuestro sistema educativo, casi todo el conocimiento se adquiere y se evalúa a través de la lengua escrita. Esto perjudica a las personas cuya dificultad radica en el uso de esta herramienta. Estas adaptaciones permiten, en realidad, la inclusión y la igualdad de condiciones en el acceso a la educación.

Según defiende Neus Buisan, “estas son importantes para que el alumno pueda avanzar en sus estudios”. No obstante, es necesario destacar, como también comenta la logopeda, que estas no son un “acto de favor”, sino una necesidad, ya que, lejos de privilegiar a estas personas, aseguran su acceso en igualdad de oportunidades.

Mejoras en el sistema educativo

Entre las diferentes comunidades autónomas españolas no existen criterios claros y consensuados para determinar cuáles son las adaptaciones necesarias para los estudiantes con dislexia en bachillerato y para los exámenes de acceso a la universidad. De hecho, ni siquiera en todas ellas existen protocolos específicos. Por ejemplo, “a nivel estatal no todas las comunidades tienes el TOE”, advierte la directora de la ACD.

Sin embargo, “cada vez hay más conciencia, gracias al trabajo de las entidades para que la dislexia se normalice, pero en las escuelas aún queda trabajo por hacer”, opina Buisan. “Es necesaria una detección desde el inicio, unas adaptaciones adecuadas y un diagnóstico público, porque en este momento casi todo es privado. Y, sobre todo, evitar que se creen situaciones anímicas desfavorables para los adolescentes”, añade.