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Un vehículo de la colección de Torre Loizaga / TORRE LOIZAGA

Torre Loizaga: una cantera de Rolls-Royce en el corazón de Vizcaya

El museo de automóviles Torre Loizaga alberga todos los modelos de la compañía hasta pasar a manos alemanas

Yolanda Cardo
09.02.2019 00:00 h.
9 min

A unos 30 km de Bilbao, en el concejo de Galdames, perdido en medio de un bellísimo paraje de verdes prados, se encuentra Torre Loizaga. Una antigua torre defensiva del siglo XIV. Al amparo de esta atalaya impecablemente recuperada, se hizo realidad el sueño de un cantero. Un personal y exclusivo museo de automóviles de época, clásicos y deportivos, y el único en Europa que cuenta con una colección de Rolls-Royce, formada por todos los modelos fabricados entre 1910 y 1998 por la mítica marca. Para ser exactos, 45. Auténticas joyas de colección atesoradas durante años por Miguel de la Vía. Un hombre apasionado de la música, la pintura, la historia y sobre de los coches.

Esta excepcional colección está distribuida a lo largo de seis pabellones. Auténticos santuarios dispuestos para el peregrinaje de los amantes del motor y una auténtica e inesperada delicia hasta para los más escépticos de sus visitantes.

La historia a través del automóvil

A lo largo de las diferentes salas, la historia del automóvil va pasando delante nuestros ojos. La sala 1 está dedicada a los vehículos de principios del siglo XX. Estas primeras máquinas aún le deben mucho, en cuanto a diseño se refiere, a los carruajes de finales del XIX con los que comparten espacio. Pero los ojos, y quizás los sueños, se concentran en un único objeto de deseo un Isotta Fraschini, símbolo inequívoco de la exclusividad el lujo y el glamour y todo un emblema de la época dorada de Hollywood. Un bello ejemplar fabricado en 1925 por la icónica marca italiana. La nostalgia toma forma y se materializa en la voluptuosa carrocería de un Delaunay Bellevile de 1907, un Cadillac Roadster de 1909, o un estilizado Hispano Suiza K6 de 1936.

coche loizaga

Silver Ghost Maharaja en los jardines de la Torre Loizaga / TORRE LOIZAGA

Las diferentes salas son un festín que haría las delicias de cualquier coleccionista que se precie. Las curvas se imponen en los modelos más aerodinámicos. Míticos deportivos de Porsche, BMW, Mercedes, Lamborghini, Ferrari Testarossa, Jaguar E-Type (este modelo es de los pocos elegidos que forman parte de la colección permanente del MOMA). Junto a todo este despliegue de acero, llama la atención un magnífico coche de bomberos de la marca británica Merryweather procedente de un parque de bomberos de Sussex.

Los reyes del museo

Pero sin duda el principal reclamo de este soberbio museo es la colección de Rolls-Royce. La marca británica simbolizó durante el pasado siglo la máxima representación del poder y del lujo. Jefes de Rstado, reyes, estrellas de Hollywood o maharajás cayeron rendidos a su irresistible magnetismo. Vehículos extraordinarios con mucha historia detrás.

Sabida es la fascinación que sentían los maharajás por estos vehículos. Cuentan que el de Mysore tenía la costumbre de encargarlos de siete en siete o que el de Alwar se puso furioso al sentir que no se cumplían como es debido sus requerimientos y destinó una flota de varias unidades a trabajar en las calles. Debía de ser todo un espectáculo.

coches torre loizaga

Algunos de los vehículos de la colección de Torre Loizaga, con el Phantom V en primer plano / TORRE LOIZAGA

La imaginación no tenía límites en los diseños personalizados de sus carrocerías. Lujosos materiales: marfil, oro, piedras preciosas, exóticos cueros o maderas nobles eran utilizados para adecuar tanto las carrocerías como el interior a los, en ocasiones, extravagantes gustos de sus propietarios.

Fueron precisamente estas excentricidades las que llevaron a Claude Johnson (conocido como el guion entre Rolls y Royce) a encargar a Charles Robinson Sykes, un símbolo para que lucieran todas las unidades. Como curiosidad, solamente la Reina Isabel II disfruta del privilegio de poder sustituir en ocasiones la figura alada por su propio símbolo, un San Jorge matando al dragón. La célebre estatuilla plateada, El espíritu del Éxtasis, está inspirada en Eleanor Velasco Thorton, actriz y amante de  Lord Montagu. Una historia de amor que finalizó de manera dramática en las costas de Creta al hundirse el barco en el que viajaban tras el ataque de un submarino alemán.

Un halo de historia y leyenda envuelve este magnífico museo.

Ferraris Torre Loizaga

Dos coches de las marcas Lamborghini y Ferraris en la Torre Loizaga / TORRE LOIZAGA

Los últimos modelos de la marca, antes de pasar a manos alemanas, son un fiel reflejo de los cánones estéticos de la época comprendida entre los 70 y los 90. Líneas más angulosas y una silueta más baja conforman vehículos más estilizados, como por ejemplo el R.R Silver Shadow I Coupe, el primer vehículo de la casa diseñado para ser conducido por su propietario y no por su chófer. En esta línea, el R.R Corniche DHC de 1972 descapotable, fue uno de los coches más caros en su época y que más se hacía esperar, hasta cuatro años de lista de espera.

La sala 4, una sucesión de quince Rolls-Royce. Entre ellos hay dos que anteriormente pertenecieron a la flota de la Familia Real Británica: Un Silver Wraith Sidanca, proveniente de África del periodo colonial y un Silver Wraith Limousine, un ejemplar bellísimo procedente de Australia.

Brillan con luz propia una serie de R.R Silver Cloud, muchos de los cuales se vendieron en EEUU, concretamente en Hollywood, en la década de los 50.

Rolls Royce

Silver Ghost Aluminio / TORRE LOIZAGA

La sala 5 nos transporta a la época de los locos años 20 y al nacimiento de los emblemáticos Phantom. Digno sucesor de los Silver y con notables mejoras técnicas. Un R.R Phantom I Cabriolet DHC en aluminio blanco, un Phantom I Springfield Sedanca, Phantom II S Coupe Continental, un Phantom III Limousine Sport Saloon, Phantom IV, V Y VI, así hasta 17 modelos.

El recorrido finaliza en un majestuoso pabellón de piedra que acoge los modelos más antiguos de la flamante colección. La legendaria saga de los Silver Ghost. Con este chasis, el nº13, la marca se hizo leyenda.

El R.R Silver Ghost Roi des Belgues de 1910 es el ejemplar más antiguo. Entre estos muros se encuentra una elegante limusina ganadora de varios trofeos apodado Englefield Gosht que perteneció al alcalde de Melbourne. Un Silver Ghost DHC Springfield Cabrio de 1922 nos sumerge de lleno en la novela El gran Gatsby de Scott Fitzgerald.

Completa esta sala el vehículo más vetusto del museo, un Allen Runabout de 1899, del que solamente quedan tres unidades en todo el mundo.

Un museo único, de una belleza y un valor incalculable. Un paseo por la historia del poder del siglo XX de la mano de este símbolo legendario.

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