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Una madre con su hijo único / EUROPA PRESS

La tiranía del hijo único: ¿se cumple el tópico?

Los psicólogos explican que la clave del desarrollo del menor está en la educación que recibe en casa

6 min

Cada vez hay más. Se multiplican al mismo ritmo que desciende la tasa de natalidad. Las familias con hijo único ya suponen el 50% del total de los hogares con hijos en España, según indica el informe Focus on Spanish Society, editado por Funcas. Este aumento, sin embargo, no ha rebajado el número de tópicos que circulan sobre el hijo único. Y lo cierto es que, a pesar de algunas leyendas urbanas, criar a un solo hijo tiene muchas ventajas, pero también conlleva muchos riesgos, como que crezca con un ego desmesurado o que dependa emocionalmente de los padres de forma excesiva.

Pero empecemos por los tópicos. ¿Es cierto que los hijos únicos son más malcriados o egoístas? “Existe esta creencia popular. Sin embargo, esto no es cierto, e independientemente de que los niños tengan hermanos o no, la clave para que no sean así reside en la educación que reciben por parte de sus padres”, explica Mariló Pérez García, psicóloga del centro de psicoterapia para la salud Grupolaberinto.

¿Egoístas y malcriados?

“Sí que es verdad que, en ocasiones, los padres permiten y consienten todo lo que el hijo único hace para intentar compensar su soledad. Para evitar que acaben convirtiéndose en pequeños tiranos es recomendable poner límites a sus exigencias, así como no comprarles o darles todo lo que pidan. Lo importante es que los padres sean figuras de apego seguro para sus hijos, y se conviertan en un modelo de referencia para ellos, facilitando la estructuración de límites claros y consistentes, así como la creación de relaciones afectivas sanas basadas en la aceptación, el cariño y el respeto mutuo”, añade esta experta. 

Aprender a compartir, colaborar y gestionar la frustración puede ser más sencillo para aquellos niños que tienen hermanos, “por lo que una de las tareas de los padres con hijos únicos será facilitar que los pequeños tengan también estas experiencias en las relaciones con sus iguales”, señalan desde Grupolaberinto.

Riesgo de ser sobreprotegidos y dependientes emocionales

Si bien una de las ventajas de tener un solo hijo es que puedes prestarle mucha más atención –a él y a todo lo que sucede a su alrededor—, esto lleva aparejado un gran riesgo: el de la sobreprotección.

“Es necesario que los padres protejan a sus hijos sin sobreprotegerles, ya que protegerles en exceso tiene como consecuencia niños menos autónomos y más dependientes de los demás, especialmente de sus propios padres. Asimismo, suele conllevar que los pequeños crezcan percibiendo que lo nuevo y desconocido da miedo, ya que han recibido la ansiedad de sus progenitores cuando ellos exploraban, por lo que de adultos pueden vivir muchas situaciones de la vida con ansiedad, como el momento de independizarse o de realizar un viaje solos, aunque sea por trabajo”, considera Pérez.

De las altas expectativas a la frustración

Otra de las consecuencias positivas de tener un solo hijo, quizá la que más progenitores utilizan como justificación para no tener más descendencia, es que es mucho más sencillo ofrecer comodidad económica. Colegios concertados o privados, cursos de idiomas en el extranjero o universidad de pago que, en caso de tener dos hijos o familia numerosa, ni siquiera nos hubiésemos planteado… Pero es posible que nuestra capacidad económica sea tan alta como las expectativas que estamos depositando en el futuro del niño. Y se dé el caso de que nuestros deseos no tengan nada que ver con los del pequeño o, aún peor, con su capacidad de aprendizaje.

“Generar expectativas en los hijos que son difíciles de alcanzar puede convertirse en un gran estresor para ellos y generar sentimientos de frustración y desilusión si no llegan a cumplirlas. Especialmente el riesgo está en que los niños entiendan que recibirán el afecto o aprobación de sus padres en la medida en la que cumplan esas expectativas. Los niños deben sentir el amor incondicional de sus progenitores, deben sentirse aceptados y queridos tal y como son, incluso cuando cometen errores, para que puedan aprender de ellos en lugar de vivirlos con ansiedad”, insiste la psicóloga.

Cuidado con los elogios y las críticas

“Ensalzar en exceso sus actitudes o culpabilizar cada una de sus acciones puede llegar a convertirles en personas egocéntricas, además de experimentar el estrés que conlleva superar tantas expectativas impuestas”, concluye Pérez García. Y que entonces sí se cumpla el tópico.