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Albert López y Rosa Peral, los dos acusados del crimen de la Urbana / EUROPAPRESS

Una testigo de la Urbana vio sangre en casa de Peral tras el crimen

La testigo también encontró manchas "del tamaño de un puño" en dos toallas que formaban parte de una montaña de ropa sucia acumulada en la cama

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Sangre en casa de Rosa Peral después del asesinato de Pedro Rodríguez. Así lo ha asegurado este martes una agente de la unidad de investigación de la Guardia Urbana de Barcelona, amiga y excolega de la acusada de asesinar, junto a su amante Albert López a su novio.

La testigo, Nuria G., ha relatado ante el jurado popular de la Audiencia de Barcelona que juzga a Peral y López por matar a Pedro en el marco de un triángulo amoroso en mayo de 2017, que vio "tres gotitas de sangre fresca" en el zócalo de mármol de la puerta inferior del domicilio, donde supuestamente se cometió el asesinato.

Recoger la casa

"Le pregunté si se había hecho daño y me dijo que la perra tenía la regla y que ahí era justo donde se sentaba", ha dicho antes de apostillar que la explicación no le pareció "descabellada" y que por eso no le dio "más importancia". Este episodio ocurrió el 6 de mayo, cuatro días después de la muerte de Pedro, cuando Nuria ayudó a la acusada a recoger la casa y le llamó la atención unas manchas donde el día anterior --ha asegurado-- "no había absolutamente nada".

La testigo también encontró manchas "del tamaño de un puño" en dos toallas que formaban parte de una montaña de ropa sucia acumulada en la cama y que se predispuso a recoger.

Ayudó a mover el cadáver

Otra testigo, una mujer que compartió cárcel con la coacusada del asesinato de Rodríguez , ha relatado ante el jurado que ella le explicó que el otro acusado, Albert López, la hizo acompañarle al pantano de Foix la noche del crimen para llevar el cadáver, y que ella accedió por miedo.

La mujer, que convivió con Peral cuando ambas cumplían prisión preventiva --en su caso, por tráfico de marihuana-- ha relatado que la acusada vio que, al bajar del coche, López cargaba una garrafa con gasolina, aunque no le vio rociar el vehículo.