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Vista aérea de Riaño, uno de los municipios desde los que se puede acceder al pantano y descubrir los tesoros que la sequía deja al descubierto / CG

Los tesoros que la sequía deja al descubierto

Un centenar de embalses ofrecen en España otra forma de turismo con sus fondos desérticos y misteriosos pueblos resucitados tras pasar décadas bajo el agua

9 min

Dicen los clásicos que no hay mal que por bien no venga. En este caso la más pertinaz de las sequías, que ya ha causado pérdidas en cosechas de 3.000 millones de euros, según las organizaciones agrarias, y otras “incalculables” en el turismo rural, caza, pesca y setas. Pero ha traído otra modalidad: la visita a míticos embalses del franquismo que han dejado al descubierto enclaves de gran interés artístico y cultural.

Algunos ayuntamientos y empresas del sector, casas rurales y clubs de senderismo han convertido las insólitas imágenes en atracciones turísticas. Donde antes el agua lo cubría todo, ahora hay 4x4, buguis, bicicletas y gente paseando plácidamente y haciendo fotos entre los tesoros que han salido a flote.

España es la primera potencia europea y quinta mundial en pantanos y presas. Según datos oficiales, el franquismo elevó su número a 1.300 con la construcción de 515. La mayoría de ellas fueron proyectadas durante la II República por Lorenzo Pardo, ingeniero predilecto del socialista Indalecio Prieto. Esconden, o mejor escondían hasta ahora, pueblos sumergidos con auténticas reliquias.

Riaño y la Isabela

Vista del embalse de Riaño situado al este de la provincia de León

Vista del embalse de Riaño situado al este de la provincia de León

El atractivo turístico es imparable para amantes de lo antiguo y nostálgicos que los conocieron antes de que se llenaran a rebosar de agua. E incluso a batalladores contra su construcción cuando todo era campo y pueblos bucólicos.

“Hemos paseado toda la mañana por parajes, hoy arena y desierto, que conocí de niño. He sacado fotos que quizá no se podrán volver a obtener nunca”, asegura Luis Moreno, tras visitar con sus hijos el embalse de Riaño (León), el más grande y penúltimo construido por el Estado. Hace 30 años, la presa engulló bajo sus aguas nueve pueblos tras larga oposición de vecinos y ecologistas. Hoy, los numerosos visitantes que cada fin de semana se acercan a ver sus tripas, observan cierto encanto.

En el pantano de Buendía (Sacedón, Guadalajara), inaugurado por El Caudillo en 1958 a golpe de NO-DO, la sequía ha dejado al descubierto el Real Sitio del Balneario la Isabela, un reciento mandado construir por Fernando VII. El nivel de sus aguas se ha reducido tanto (al 8%) que los restos son perfectamente visibles y los visitantes pueden incluso recorrer sus calles.

Presa del embalse de Buendía situado entre las provincias de Cuenca y Guadalajara

Presa del embalse de Buendía situado entre las provincias de Cuenca y Guadalajara

Se organizan visitas en todoterreno acompañadas de un recorrido gráfico del conjunto palaciego. Algunos amplían la excursión a los pantanos de Entrepeñas y Bolarque, para contemplar con sus propios ojos un moribundo y enlodado Tajo y el otrora denominado Mar de Castilla.

Iglesias resurgidas

“Un paisaje tan bello como inesperado”, resume Alicia. Se refiere al pantano de Aguilar de Campoo (Palencia), donde la sequía ha sacado a la superficie la iglesia románica de Cenera de Zalima (siglo XII), sumergida por las aguas en 1963  junto a otros tres pueblos. Una atracción que durante los fines de semana llena los alrededores de coches y turistas venidos de Madrid y hasta de Barcelona.

En el pantano de Belesar (Lugo), creado en el Miño en 1963, se pueden apreciar puentes, castillos o molinos antiguos. En el de Sau (Barcelona) la iglesia de Sant Romá; en Huesca, la parroquia de Mediano, con su imponente torre, sumergida en 1969, y en el pantano del Ebro (entre Burgos y Cantabria) la iglesia de San Roque de Villanueva, conocida como la Catedral de los Peces sepultada bajo las aguas en 1946 y resucitada el año pasado.

Pantanos encantados

El Embalse de Mansilla, situado en la Comunidad Autónoma de La Rioja

El Embalse de Mansilla, situado en la Comunidad Autónoma de La Rioja

En Portomarín (Lugo), los peregrinos suelen hacer un alto para recoger en sus instantáneas el  pueblo que se escondía bajo el agua el segundo embalse hidrológico más grande de Europa. Inaugurado por Franco y Barrié de la Maza en 1963, anegó “viviendas, huertas, campos, viñas, canales, el cementerio y siglos y siglos de historia”, cuenta durante el recorrido la guía de una casa de turismo rural a sus clientes.

Peñarrubia (Málaga), ahogado con dos presas del Guadalhorce y Guadalteba en 1973, o Mansilla de la Sierra (La Rioja), sumergido en 1960, son otros destinos para los amantes de desérticos y pintorescos pantanos, exangües pero con el encanto de poder ver por primera vez los pueblos-fantasma casi enteros.

La guía de apariciones de monumentos y edificios antiguos en embalses en Castilla y León advierte de que se trata de un "fenómeno que acontece en contadas ocasiones de extrema sequía, como la actual”. Incluye el embalse leonés de Barrios de Luna, donde el río Órbigo inundó 16 pueblos. Hoy pueden verse tabiques de casas y esqueletos de puentes tras muchos años de remojo. Un grupo de jóvenes incluso ha grabado un videoclip en el fondo polvoriento del pantano. Otra forma de sacar partido a la escasez de agua.

Micólogos ausentes

Salvo en las regiones del norte, la sequía ha sido una ruina para la micología en general, y especialmente en Aragón y Castilla-León. Esta comunidad, según datos oficiales, llega a atraer en años de bonanza hasta 300.000 micoturistas y generar unos ingresos de 170 millones de euros.

La escasez de lluvias también han dado al traste con la campaña en comarcas de Aragón, donde ayuda a la consolidación de la hostelería y las casas rurales, y proporciona ingresos extra a ayuntamientos y otras administraciones. Sólo en el Maestrazgo se ha pasado de 30.000 visitantes y 50 empleos el año pasado a prácticamente nada en el presente.

El bajo caudal también ha asestado un varapalo al turismo pesquero en el llamado Mar de Aragón (Chiprana, Escatrón y Caspe) y ha obligado a sus vecinos a reinventarse con el turismo rural. 

Río Duero, río Duero

Fuentes del río Duero en los Picos de Urbión

Fuentes del río Duero en los Picos de Urbión

La suspensión de jornadas micológicas ha llevado a organizar desde Soria, la capital mundial de las setas, rutas senderistas y en autobús al nacimiento del Duero, uno de los ríos más importantes de España. En algunos tramos de los Picos de Urbión, entre 1.800 y 2100 metros de altitud, el cauce se ha secado en un 65%. Ni los más viejos del lugar recuerdan una estampa similar un noviembre.

Los excursionistas curiosos se acercan a Duruelo de la Sierra para tomar fotos y testar la situación en el manantial, donde están inscritos en un mural los famosos versos de Gerardo Diego (“Río Duero, río Duero,/nadie a acompañarte baja,/nadie se detiene a oír/ tu eterna estrofa de agua"). No mana desde hace meses ni una gota, confirma su alcalde, Alberto Abad. Lo nunca visto.