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abadia montserrat

Una tercera persona denuncia abusos del monje de Montserrat

El religioso Andreu Soler supuestamente realizaba tocamientos en los genitales mientras que ellos estaban en sus camas

28.01.2019 11:29 h.
3 min

Ya son tres hombres los que dan su testimonio público de los abusos que vivieron por parte del monje Andreu Soler en el monasterio de Montserrat (Barcelona). El primero fue Miguel Hurtado; su historia se conoció hace menos de diez días y aseguró que la cúpula montserratina conocía los hechos. Una semana después, este sábado, aparecieron las declaraciones de Ricard Zamora, la segunda persona que admitió haber sufrido tocamientos cuando era menor de edad a manos de el religioso. Al día siguiente, J.R. Martínez se une a los anteriores y cuenta su historia.

Tanto Martínez como Hurtado han querido dejar constancia de los abusos de carácter sexual supuestamente perpetrados por Andreu Soler en las páginas de El Periódico. Tanto ellos dos como Zamora aseguran haber sido víctimas de tocamientos en los genitales: los dos primeros en sus habitaciones, donde el religioso habría entrado sin permiso, y el último en una de las escapadas que Soler organizó a la montaña. 

Actividades con los jóvenes

Una de las tareas de Andreu Soler como fundador del movimiento escolta de la abadía de Montserrat, Els nois de servei, era organizar actividades en una ermita cercana al monasterio. Martínez participó --al menos-- en una de ellas y el hermano montserratino aprovechó para, supuestamente, llevar a cabo este asalto. Según las declaraciones de Martínez al diario catalán, una noche le tocó dormir con él y "se pasó la noche entera metiéndome mano, también en mis genitales". 

Asegura que en aquel momento se quedó en "estado de shock" y que, desde entonces, se dedicó a evitar cualquier tipo de contacto con el monje de Montserrat. "Recuerdo bien que entre los compañeros se daba por descontado que Soler tenía la mano suelta. No me explico por qué nadie en Montserrat intervino, resultaba evidente que dejarlo a cargo de los jóvenes no era adecuado", declara.

"Es lo que había"

La tercera supuesta víctima de Soler nunca denunció los hechos. Asegura que "es lo que había en aquella época de la que me tocó ser testigo", en la que levantarse o alzar la voz contra la Iglesia era, si no imposible, altamente complicado. "En la abadía tenían que saber lo que ocurría con Soler", asegura, "creo que debían ver por lo menos lo mismo que veía todo el mundo".