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Los tcharmil, la mafia juvenil que siembra el caos en Cataluña

La tribu urbana, que pregona el crimen, la ropa cara, las motos y las armas blancas, depreda entre los jóvenes de origen magrebí

5 min

¿Qué es el tcharmil? La palabra ha irrumpido en las redes sociales en los últimos días como consecuencia de enfrentamientos de vecinos con okupas en Premià de Mar, Mataró, Tarragona, Llançà u otras poblaciones. Algunas fuentes como el canal de Twiter Helpers han atribuido parte de estas usurpaciones, algunas de ellas vinculadas a la pequeña delincuencia como robos con fuerza, violencia o intimidación, al tcharmil, una subcultura juvenil marroquí a caballo entre la tribu urbana y la mafia que pregona el crimen, la ropa cara, los peinados tipo mohicano, el uso de scúters y, también, de armas blancas de hoja larga.

Tal y como ha explicado Metrópoli Abierta, los tcharmiles serían una subcultura urbana importada de Marruecos. El término hace referencia a un picadillo de carne que se elabora en el estado alauí. Grupos de jóvenes de los estratos bajos de las urbes del país habrían adoptado la palabra para referirse a un estilo de vida que bordea lo criminal: exhibición de ropa de marca y móviles caros, uso de motocicletas de pequeña cilindrada sin protección, consumo y distribución de drogas y control territorial impuesto a base de machetazos. Los cuchillos que sirven para picar la carne. 

¿Ha llegado el 'tcharmil' a Cataluña?

Según Helpers y otros usuarios, el tcharmil se ha instalado en Cataluña. O, al menos, ha permeado entre algunos jóvenes tutelados o extutelados por la Generalitat de Cataluña, los llamados menas, por menores extranjeros no acompañados. Sea cual fuere la opinión de esta cuenta de Twitter, Crónica Global ya avanzó en 2019, citando a educadores sociales, que el tcharmil estaba tratando de depredar entre los niños abandonados por el Gobierno autonómico.

¿Lo ha conseguido? Es una incógnita. Lo factual es que se empiezan a repetir en las calles catalanas pautas cercanas al tcharmil. Según avanzó la SER a principio de año, una banda juvenil con actitudes análogas a la mafia juvenil magrebí instalada en el Besòs, en Barcelona, estaba desquiciando a la policía a finales de 2019 y primeros compases del actual ejercicio.

Los jóvenes, de entre 16 y 25 años, colgaron un vídeo en Instagram riéndose de la policía, exhibiendo grandes cantidades de dinero, armas, motocicletas y simulando ejecuciones con armas de fuego. Los Mossos d'Esquadra dijeron en aquel momento que investigaban la grabación. A decir verdad, no eran la única banda que hacía la vida imposible a vecinos del Besòs: grupos locales y latinos también andaban a la greña.

Fenómeno antiguo

De hecho, los encontronazos de vecinos con okupas de los últimos días, que los residentes han vinculado en algunos casos a repuntes de delitos, no constituirían la llegada del tcharmil a Cataluña. La Vanguardia ya explicó en un amplio reportaje en 2015 el fenómenos de las bandas urbanas marroquíes, a las que describía que actuaban "a golpes de machete por las playas" de ciudades como Casablanca, al norte del país. En efecto, vídeos en las redes sociales muestran que el fenómenos tcharmil ha penetrado en el centro comercial y económico del estado alauí.

Con lo que respecta a la ligazón con España, muchos internautas señalaron un polémico videoclip del rapero McMonako grabado en 2015, en el que éste se jactaba de cometer robos a gente mayor con sus amigos en las calles de Barcelona. El artista urbano asentado en Manresa, no obstante, tiene otras pistas que evocan, por ejemplo, el recuerdo de su familia en su Marruecos natal, como el clip titulado Mare, ja he marxat (Mamá, ya me fui), elaborado por El Mirador y L'Espai d'inclusió del Casc Antic y que cuenta con el apoyo del Ayuntamiento de Barcelona.