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Una persona sin techo duerme en las calles de Barcelona / ARRELS

Veintiún vagabundos han fallecido en Barcelona desde marzo, según Arrels

Tres indigentes fueron asesinados en abril y otros tres han muerto este enero a causa del frío

4 min

Desde el decreto del estado de alarma, el 14 de marzo de 2020, hasta hoy, han muerto 21 personas sin hogar en Barcelona. La más joven tenía 22 años y la mayor, 71, según detalla la Fundació Arrels.

De ellos, 17 han fallecido en la calle. En abril, en pleno confinamiento domiciliario, tres fueron víctimas de homicidios violentos, mientras que a comienzos de este año, otros tres indigentes han muerto por hipotermia, mientras dormían al raso.

El peligro de vivir en la calle

"Vivir en la calle supone un esfuerzo constante para la persona, y la expone a muchos riesgos que deterioran su salud y acortan su esperanza de vida. Se suceden días de frío intenso, de lluvia, o con temperaturas muy elevadas y agresiones físicas y verbales", ha denunciado una vez más la entidad, que advierte de que la pandemia ha agravado los riesgos para los indigentes.

Arrels, dedicada a la atención del colectivo, señala que, de más del millar de personas que viven al raso en Barcelona, uno de cada cinco --el 22%-- se han quedado en la calle tras la llegada del pandemia, lo que demuestra "las carencias del sistema de prevención y protección social". Denuncian así que con la crisis sanitaria, muchas personas han perdido su casa.

Consecuencias de la pandemia

De media, aquellos que han comenzado a vivir en la calle tras la llegada del Covid-19, llevan cuatro meses sin techo. "Puede parece poco, pero se traduce en un grave y rápido deterioro de las personas", alertan desde Arrels, que en su centro abierto ya atiende a desempleados que se han quedado sin vivienda, y con dificultades para acceder a los servicios sociales.

Un persona sintecho duerme en un banco del centro de Barcelona / ELENA BURÉS
Un persona sin hogar duerme en un banco del centro de Barcelona / ELENA BURÉS - CRÓNICA GLOBAL

Según la encuesta que la entidad realizó entre el colectivo el pasado noviembre, ocho de cada diez personas que viven al raso en Barcelona no han accedido a las plazas de emergencia habilitadas por el ayuntamiento para confinarse. Entre los motivos, que estas no respondían a las necesidades de quienes viven en la calle. Requisitos como acceder sin mascotas, por ejemplo.

Confinamiento sin hogar

En cambio, destaca la fundación, esas plazas sí han servido para prevenir que los afectados por la crisis se vean abocados a la calle, ya que el 40% de los que aceptaron el alojamiento municipal nunca habían vivido al raso. La pérdida del empleo ha sido el motivo principal por el que han perdido sus hogares.

Todo ello, sin contar con el impacto de la enfermedad entre quienes no pudieron confinarse. Arrels recuerda que son un colectivo especialmente vulnerable, y que, a pesar de ello, no se han activado planes de cribado específicos para las personas sin hogar. Por eso la entidad reclama que se les considere un grupo de riesgo prioritario para acceder a la vacuna.

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