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La mano de uno de los inmigrantes que han cruzado la frontera española / EP

Síndrome de Ulises: el duro golpe a la salud mental de los migrantes

El doctor Achotegui detalla el extremo duelo migratorio que padecen los que llegan al país en situaciones adversas

6 min

Casi a diario, las noticias reportan la llegada de decenas o centenares de inmigrantes a las costas españoles. El problema es que allí no se acaban sus problemas.

No se trata sólo de los problemas burocráticos o el cuestionamiento social, los migrantes se enfrentan a un gran estrés a un duelo por lo que dejan atrás.

Indefensión

El psiquiatra Joseba Achotegui ha visto a lo largo de su carrera a muchas personas extranjeras que pasaban por su consulta con estos síntomas. “Los principales problemas que enfrentan son la soledad, el miedo y la indefensión", relata.

Estos síntomas le resultaron muy parecidos a los que padece el protagonista de la Odisea de Homero, por eso, resolvió llamar a esta afección Síndrome de Ulises. Una barrera mental, pero también social, contra la que luchan muchas migrantes al llegar a otro país.

El psiquiatra Joseba Achotegui
El psiquiatra Joseba Achotegui

Salud mental

“Se trata de un duelo migratorio extremo”, matiza el doctor que ha organizado con Fundació "la Caixa" la Jornada virtual “Migración y salud mental en un mundo globalizado". Este duelo lo puede sentir cualquier persona que decide irse a vivir fuera, pero normalmente lo vive a un nivel menos intenso que cuando se llega a un país en condiciones adversas, huyendo de una guerra, del terrorismo o del hambre.

Achotegui atiende a personas migradas en la Fundación Pere Claver desde hace más de 20 años. Dependiendo los síntomas que presenten se les invita a participar en un programa de salud mental para migrantes, especializado en tratar el síndrome de Ulises.

Duelo migratorio

No se trata de una enfermedad sino de un duelo extremo”, subraya. El duelo migratorio no los inhabilita para hacer su vida diaria, es una situación de “estrés extremo”, provocado por las dificultades de hacerse un lugar en la sociedad.

Para ello, el equipo del doctor realiza una intervención psicosocial que “ofrece las herramientas necesarias para que las personas se inserten en el tejido social”. Para ello, cuentan con programas psicoeducativos en los que se les ofrece información sobre colectivos sociales para que se integren en la sociedad, e incluso legales si tienen problemas para conseguir los papeles de residencia o de trabajo. Y, por último, un tercer eje psicocomunicativo, para ayudarles a encontrar la mejor forma de expresar lo que sienten.

Operación de salvamento de una patera / EFE
Operación de salvamento de una patera / EFE

Herramientas

“El tratamiento no se basa en la medicación”, asevera Achotegui, porque no se trata de personas enfermas, sólo gente que ve afectada su salud social por el simple hecho de ser de fuera, estar lejos de los suyos y encontrarse, en ocasiones, con una sociedad hostil, sin derechos, en la que no tienen a nadie, no conocen el idioma y les causa un gran estrés.

El problema es que “el sistema los medicaliza, los psiquiatriza, les ofrece una terapia con medicamentos”, lamenta. Lo que necesitan es ayuda, herramientas para superar su situación e integrarse en el tejido social.

Obsesiones

Tan sólo el 15% de los migrantes padece el Síndrome de Ulises, pero esta cifra se traduce en cientos de miles de personas. Son gene que está bajo mucha tensión y si no se las trata padecen fobias, obsesiones e incluso pueden acabar en el alcoholismo.

La clave del éxito está en ofrecerles u n programa psico-social, ofrecerles redes en las que puedan participar, darles “herramientas para su autogestión”, para que vuelvan a confiar en ellos y vean que pueden ser uno más en el país al que han llegado.

Inmigrantes en la frontera de Melilla / EP
Inmigrantes en una valla de la frontera de Melilla / EP

Barreras

Achotegui recuerda que estas personas también se enfrentan al racismo de la sociedad. Para los que piensan así, les recuerda que la mayoría de inmigrantes son los que “durante la pandemia han estado produciendo, cosechando, distribuyendo y vendiendo la comida que necesitábamos”. Igual que lo hacen cada día haciendo el trabajo que muchos no quieren.

“No se trata de buenismo. Los migrantes aportan mucho más de lo que reciben y se ganan de sobras las ayudas que reciben”, sentencia. El psiquiatra tampoco quiere hacer de ellos unas víctimas, “son gente que ha llegado y ha vivido situaciones muy duras. Son muy resilentes”. Simplemente se trata de recordar que más allá de las fronteras que cruzan, al llegar al destino, también se encuentran con barreras sociales que afectan a su salud mental.

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