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Peratallada, uno de los tesoros del interior de Cataluña / PXHERE

Una ruta por las joyas ocultas del interior de Cataluña

De Begur a Lleida, un recorrido por los secretos que esconde Cataluña desde la costa hacia poniente

6 min

“¿Qué pasa cuando llegas a Begur? Que sientes una llamada a disfrutar de la buena vida, de sus playas y las calas escondidas entre los acantilados y la vegetación, o del núcleo histórico y de la gastronomía ampurdanesa”. Así empieza la Agencia Catalana de Turismo la invitación a embarcarse en una ruta por las joyas ocultas de Cataluña, que comienza en este municipio marinero de la Costa Brava para, posteriormente, adentrarse en el interior de la región.

El viajero se sentirá como en un viaje hacia el pasado al descubrir el tridente medieval que forman Pals, Peratallada y Monells. Tres pueblos con encanto en los que perderse por sus calles y recorrer rincones como la Torre de les Hores de Pals, las tres murallas que custodian Peratallada o la plaza porticada de Jaume I en Monells.

Los primeros pobladores del macizo de las Gavarres

La ruta continúa rumbo a épocas pasadas al aterrizar en el macizo de las Gavarres, donde hace miles de años se establecieron los primeros asentamientos del territorio. Hoy todavía se conserva una gran cantidad de monumentos megalíticos, sobre todo dólmenes, vestigios de los habitantes extintos del macizo que vivieron entre el 3300 y el 1800 a.C.

Sant Hilari Sacalm es conocida como ‘la ciudad de las cien fuentes’ por la gran cantidad de manantiales de agua que se acumulan. Muchas se aprovechan por sus propiedades mineromedicinales y han dado lugar a balnearios como el de Font Picant o el de Font Vella. En Espinelves, el siguiente punto marcado en el mapa de la ruta por el interior de Cataluña, el icono cambia del agua a los árboles. En su término se halla la arboleda de Masjoan, el bosque de árboles monumentales más grande de Cataluña.

La villa medieval de Rupit i Pruit

De Espinelves hay que dirigirse hacia La Vall d'en Bas, un municipio rodeado de montes, riscos y cumbres que se extiende sobre una llanura poblada de arroyos, iglesias y casas solariegas y que será el aperitivo antes de llegar al plato principal: Rupit i Pruit. Esta antigua villa medieval guarda dentro un conjunto artístico románico conectado por calles de pizarra y balcones floridos que se esparcen alrededor del majestuoso castillo.

Puente de Queralt en Vic / FABRICIO CARDENAS - WIKIMEDIA COMMONS

Puente de Queralt en Vic / FABRICIO CARDENAS - WIKIMEDIA COMMONS

Vic es el lugar elegido para disfrutar de otra ración de historia y una de gastronomía. En el núcleo histórico de la ciudad se encuentra el templo romano, la catedral de Sant Pere, el palacio Episcopal o el Puente de Queralt. Pero lo que la ha convertido en una de las ciudades más populares de Cataluña es su mercado semanal y los embutidos de cerdo, especialmente la longaniza, que cuenta con Indicación Geográfica Protegida.

Viaje al interior de una montaña de sal

A una hora de camino desde Vic se pueden experimentar algunas de las sensaciones que viven los mineros. En Cardona está la Montaña de Sal, un singular fenómeno geológico que esconde en su interior una antigua explotación minera. Equipado con un casco minero, se accede al interior del monte para recorrer unos 500 metros de galerías espectaculares recubiertas de estalactitas y estalagmitas, donde ver las diferentes vetas de sales.

Tampoco hay que dejar pasar la ocasión de visitar el Castillo de Cardona, una imponente fortaleza de piedra que destaca en lo alto de la colina ante las minas. En el interior se encuentra la iglesia románica de Sant Vicenç. Y de una iglesia románica a otra, la de Sant Martí, enclavada en Mura escoltando las casas de piedra que conforman la población, y con un entorno envidiable dominado por el Parque Natural de Sant Llorenç del Munt i l'Obac.

Una puesta de sol para despedir la ruta

Manresa es un buen enclave para seguir con el itinerario y aportarle un toque senderista recorriendo un tramo del Camino Ignaciano, que recrea la ruta que Ignacio de Loyola recorrió en 1522 desde Loyola hasta Manresa. Y la siguiente parada es Montserrat, donde dejarse cautivar por la majestuosidad de la montaña, su hipnotizadora silueta recortando el cielo y el espectacular monasterio y la abadía, que parecen surgir de las rocas.

Monasterio de Montserrat / TRIPADVISOR Las mejores experiencias del verano están en Cataluña

Monasterio de Montserrat / TRIPADVISOR

Tras bajar del macizo por su lado oriental hasta Igualada --durante muchos años, importante núcleo industrial del tratamiento de pieles-- la parte alta de la Conca de Barberà abrirá al turista las puertas del valle del río Corb, tierra de cereales, de olivos y del pueblo medieval de Guimerà. Para finalmente cruzar el Canal d'Urgell en Arbeca antes de enfilar hacia Lleida, desde donde observar las espectaculares puestas de sol de poniente. “¡Pura magia!”, concluye la Agencia Catalana de Turismo.