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A la izquierda, bloques de pisos en Ciutat Meridiana; a la derecha, un edificio de Pedralbes, ambos en Barcelona / GOOGLE STREET VIEW

De Roquetes a Pedralbes: así afecta el coronavirus a los barrios de Barcelona según la clase social

Los datos confirman que los ciudadanos con mayor renta han podido capear el temporal, mientras que los más humildes sufren más ERTE, despidos y riesgo de contagios al vivir en hogares más pequeños

Jaume Cladera
6 min

La pandemia está hurgando en la herida de las desigualdades sociales. En efecto, el virus entiende de clases y, a pesar de los esfuerzos de la Administración por combatir esta situación, hay diferencias significativas entre los ciudadanos. En este caso, el coronavirus se ha cebado en especial con los barrios más humildes de Barcelona.

Ciutat Meridiana (en el distrito de Nou Barris), el barrio con las rentas más bajas de la metrópolis, reportó en octubre una tasa de paro del 16,6%, frente al 3,3% de Pedralbes, la milla de oro de la capital, en datos del Ayuntamiento de Barcelona. De la misma forma, la variación en la incidencia del virus también es significativa en los dos lugares: 165 casos por cada 100.000 habitantes en el barrio próspero, y 755 en el vecindario obrero.

Diferencias laborales

La irrupción del coronavirus ha motivado la aparición sobrevenida del teletrabajo, una forma de entender la actividad laboral que, hasta el momento, tenía una implantación escasa en España. Un concepto que también entiende de clases. De hecho, las actividades que más se pueden desarrollar por medio de este modelo son aquellas que requieren de una mayor formación, que son más técnicas, y que dependen en mayor medida del desempeño individual del trabajador, más que de su relación con el entorno.

En este sentido, en el barrio de Roquetes, situado en Nou Barris, siete de cada 10 vecinos solo tienen estudios obligatorios o de menor rango, en contraste con los ocho de cada 10 que tienen el bachillerato o formación universitaria en Sant Gervasi-la Bonanova. Crónica Global ha contrastado estas estadísticas in situ: de siete personas consultadas en Roquetes, dos están en ERTE, y dos han perdido del trabajo. Una situación que contrasta con el pleno empleo de los ciudadanos de la zona alta.

Perder el trabajo o enriquecerse

“Cobro un ERTE de 500 euros, mi marido es parado de larga duración, y estoy ayudando a un hijo que se ha quedado en paro y tiene dos niños pequeños”, explica Rossy, vecina de 55 años de Nou Barris que, antes de la pandemia, trabajaba como camarera de piso en un hotel del centro de Barcelona. “Por la edad que tengo, creo que será muy difícil que pueda volver a trabajar, así que vienen días difíciles, espero que al menos a los más jóvenes les vaya bien, porque yo estoy sentenciada”, relata.

Mientras tanto, en las faldas de la sierra de Collserola la situación es muy diferente. “Soy abogado, por tanto, fui trabajador esencial durante toda la primera etapa de la pandemia, y encima me pagaron un plus de peligrosidad”, explica Jorge, de 38 años, vecino de la calle Mandri.

Oportunidad de inversión

“Es más, en estos momentos, los abogados tenemos más trabajo que nunca, con todo el tema de ERTE, divorcios, y despidos improcedentes”, confirma. Y a la pregunta de si conoce a alguien que haya perdido su empleo, responde que “no, todo lo contrario”: “Conozco a gente que ha ganado dinero con la pandemia, como yo, y sobre todo a amigos que han aprovechado para invertir en inmuebles y aumentar su patrimonio”.

Por otra parte, desde el inicio de la pandemia, desde la Administración se ha hecho hincapié en la necesidad de ventilar los hogares. La realidad, sin embargo, es que muchas familias de varios miembros viven en espacios que no superan los 60 metros cuadrados. En estos, en caso de contagio, es muy difícil mantener la distancia con el conviviente infectado, por mucho aire que circule.

Piso pequeño virus enorme

En Roquetes, seis de cada 10 domicilios tienen menos de 61 metros cuadrados, mientras que solo el 0,5% superan los 120. “En mi casa no tuvimos ningún caso, pero en mi finca hubo uno en una familia con niños, en apartamentos de 75 metros cuadrados”, explica Pilar.

“Cuando se supo del contagio del padre, me bajé a los pequeños a mi casa, para que estuvieran más tranquilos, y la madre se quedó a cargo de su marido”, recuerda. La parte mala fue que ella se contagió: “Por suerte, al primer síntoma fui al hospital, y no se lo pasé a nadie más”, relata.

La habitación de servicio

Tener una casa grande es un privilegio, también en tiempos de pandemia. En caso de contagio, se puede proceder al aislamiento del infectado en una habitación acomodada con baño en suite. No hace falta salir ni para comer.

“En mi familia no he tenido ningún caso, pero una amiga mía que vive en Galvany se contagió a finales de marzo, y lo que se hizo fue aprovechar la habitación de servicio, que cuenta incluso con cocina”, explica Espe, vecina de Calvet. De esta forma, se pudo aislar “completamente” y, cuando quería salir, lo hacía “con guantes, mascarilla, y en momentos en que toda la familia estaba en el salón. No hubo ningún problema”.