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Uno de los robots dotados de inteligencia artificial / CREATIVE COMMONS

Los robots cuidarán al 80% de los ancianos en 2020

El gobierno nipón apuesta por la financiación de la robótica para sortear el problema del envejecimiento de la población

17.05.2018 16:19 h.
3 min

Ante un inminente envejecimiento de la sociedad japonesa, que se verá incrementado en los próximos años, el gobierno del país ha tomado la decisión de involucrar a robots capaces de actuar como cuidadores sociales y de aliviar la carga del personal de enfermería.

Hasta ahora los desarrolladores han centrado sus esfuerzos en incrementar el potencial de dispositivos robóticos para ayudar a los pacientes a realizar labores más sencillas como por ejemplo levantarse de la cama o de una silla de ruedas, pero las esperanzas puestas en este tipo de tecnología aspiran a producir avances mucho más ambiciosos.

Alerta por el envejecimiento de la población

El gobierno japonés calcula que para el año 2025 habrá una falta de cuidadores que ascenderá a unas 370.000 personas, un vacío para el que la aplicación de los robots parece ser la única alternativa. Cabe señalar además que, actualmente, Japón es la tercera economía más grande del mundo y su índice de población es de 127 millones de habitantes. Casi el 30% de esa población se encuentra por encima de los 65 años, de los cuales, 65.000 personas son centenarias.

Por ello, el Instituto Nacional de Ciencia y Tecnología Industrial Avanzada de Japón lleva 5 años inmerso en un proyecto que tiene la intención de financiar a 98 fabricantes para fabricar dispositivos robóticos cada vez más viables y eficaces en el cuidado de ancianos. El objetivo no es otro que conseguir que el 80% de los ancianos japoneses puedan ser atendidos por máquinas de alta tecnología a partir del 2020.

Durante el desarrollo del proyecto, 15 máquinas se han convertido en productos que ya han salido a la venta y que están científicamente probados para empezar a utilizarse. El principal problema al que se enfrenta Japón ahora es el de reducir los costes y la complejidad de las máquinas, y por supuesto, el del debate moral sobre si resulta ético o no dejar a los mayores en manos de lo que no dejan de ser unos aparatos programados.

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