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Fachada del Ayuntamiento de Barcelona / CG

Revuelta por los bocadillos en el Ayuntamiento de Barcelona

Los partidos de la oposición se plantean llevar a la Junta de Portavoces los horarios de servicio del bar del consistorio impuestos por la alcaldía

4 min

Los grupos de la oposición del Ayuntamiento de Barcelona son incapaces de ponerse de acuerdo en materias tan trascendentales como los presupuestos, claves para evitar que la ciudad se encalle, o en buscar alguna alternativa posible a la alcaldía tras el anuncio de la cuestión de confianza de Ada Colau.

La casuística que impera en el consistorio barcelonés imposibilita que sea relativamente fácil llegar a buen puerto en las negociaciones entre grupos. Tal es así que, en el pleno municipal celebrado este viernes, una de las ideas que se han puesto sobre la mesa ha sido que la oposición está totalmente rota.

Los bocadillos son intocables

Los que votan “sí” critican a los que votan “no” y a los que se abstienen ante las cuentas de la alcaldesa por el supuesto despecho e irresponsabilidad al encallar la ciudad de Barcelona. Los que votan “no” critican a los que votan “sí” y a los que se abstienen por el supuesto apoyo implícito que conlleva la decisión.

No hay consenso posible. Excepto cuando la discusión trata de la comida. En concreto, de los bocadillos que se sirven en el bar del Ayuntamiento de Barcelona y que solo abre cuando se celebra un pleno municipal. Los concejales van acudiendo a la discreta barra con cuentagotas, cuando tienen unos minutos disponibles entre intervención e intervención.

Revuelta de políticos

Hasta la llegada de Colau a la alcaldía, no había un horario establecido de servicio de comida. Ahora, los camareros ofrecen bocadillos y pastas desde primera hora hasta las 11.30, y desde las 13.30 hasta que acaba la sesión, que suele ser entre las tres y las cinco de la tarde

El debate de los presupuestos se ha discutido a primera hora y hasta justo las 11.30 horas, cuando la mayoría de concejales han salido en masa del salón de plenos hacia el bar, al que han llegado pasados dos minutos de la hora límite. Los camareros han repetido reiteradamente los horarios establecidos por alcaldía mientras observaban cómo generaba una revuelta de políticos, cada uno representante de un partido diferente.

Cada uno, con su particular queja: “Tú no lo entiendes. Llevo desde las seis de la mañana en pie y tengo mucha hambre”; “Los comunes te obligan a empezar la operación bikini en enero”; “Si lo sé, me quedo dentro”; “Llevamos dos años pasando hambre en cada pleno”; “Ponme una Coca-Cola, que al menos llena un poco”. “Esto con nosotros no pasaba”, ha espetado una concejal convergente.

A la Junta de Portavoces

El hambre y la reciente discusión acalorada sobre los presupuestos son un cóctel fatal, sobre todo para el concejal Eloi Badia, que ha cometido el error de aparecer en el momento más álgido de la protesta. Ha recordado los horarios establecidos. “¡Estábamos debatiendo los presupuestos!”, ha recibido como respuesta unísona, y ha salido del bar.

Minutos después ha aparecido la teniente de alcalde Janet Sanz masticando. Todas las miradas se han dirigido hacia ella y, tras unos segundos de un silencio tenso, volvía la revuelta: en la alcaldía no hay tales horarios; tiene servicio de habitaciones ininterrumpido. “Llevémoslo a la Junta de Portavoces”, ha propuesto la concejal de uno de los principales partidos e la oposición. Y el acuerdo llegó.