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Imagen de una pareja adolescente / CG

¿Mantiene mi hija adolescente una relación tóxica?

La violencia psicológica mutua aumenta entre la parejas jóvenes, que la toleran al considerarla una muestra de afecto y permanece invisible

6 min

Muchos piensan que la juventud está más concienciada que nunca contra la violencia de género y que ha logrado desterrar los estereotipos machistas de sus relaciones. Sin embargo, los datos de la macroencuesta de la violencia contra la mujer del Ministerio de Sanidad enfrían dicho optimismo. Y es que, si bien la mayoría de jóvenes juzga intolerable la violencia de género –el 96% de las chicas y el 92% de los chicos–, uno de cada tres no está convencido de que controlar a la pareja pueda catalogarse como violencia.

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Una pareja adolescente

Así, los jóvenes de hoy en día muestran una sorprendente tolerancia con comportamientos machistas como controlar los horarios de la pareja, impedir que ésta vea a su familia o amigos, no permitir que trabaje o estudie, o dictaminar las cosas que puede hacer y las que no. Es más, estas conductas, que los expertos categorizan como violencia psicológica o de control, se dan con más frecuencia entre las jóvenes que en el resto de mujeres: cuatro de cada diez chicas de entre 16 y 24 años la ha sufrido alguna vez, y una de cada cinco, la padece en la actualidad.

Si me controla es que me quiere

De la gravedad de la situación da cuenta la profesora de psicología de la UOC Amàlia Gordóvil, que confirma que el maltrato psíquico ha aumentado entre los adolescentes los últimos años. El problema, diagnostica Gordóvil, es que muchas jóvenes traducen el sexismo de sus novios como una genuina expresión de afecto: “Si está pendiente de mí, es porque soy especial para él” o “si se lía con tantas chicas pero siempre me busca a mí, es porque me ama de verdad”. Respuestas que no extrañan si se tiene en cuenta que uno de cada cuatro adolescentes ha oído a sus padres afirmar alguna vez que los celos “son una muestra de amor”.

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Una chica adolescente con su móvil

Otros de los factores que perpetúan estos roles son las nuevas tecnologías, según indica la profesora de Estudios de Derecho y Ciencia Política, Patricia Hernández. La experta alerta de que las redes sociales “han potenciado las formas de control y de coerción, y hacen mucho más fácil la humillación pública”. Su opinión coincide con la de Gordóvil, que constata que los móviles “fomentan las relaciones de dependencia porque permiten una comunicación continua”. No en vano, un estudio de la Fundación ANAR de Ayuda a Niños y Adolescentes en riesgo revela que en el 60% de los casos las agresiones psicológicas se cometen a través de estos dispositivos.

Maltrato mutuo

Por otra parte, Hernández hace hincapié en un aspecto del problema sobre el que pesa el tabú de lo políticamente correcto. Estudios con universitarios españoles demuestran que, con frecuencia, son los dos miembros de la pareja, tanto hombre como mujer, los que se maltratan el uno al otro psicológicamente, lo que se conoce como “patrón de violencia recíproca”. La especialista recuerda que este tipo de agresiones, que no constituyen violencia de género sino “de pareja”, suelen permanecer invisibles porque los datos se extraen de encuestas en las que solo se pregunta a mujeres sobre su papel de víctimas.

En cualquier caso, la permisividad con el machismo antes citada se explica porque, “muchas de estas conductas, muy sutiles, no se perciben como tales”. Es lo que opina Sonia Cruz, psicóloga experta en prevención y atención a la violencia sexual contra mujeres. Por ejemplo, relata Cruz, “las chicas siguen pensando que el hombre debe llevar la iniciativa y que el objetivo final es satisfacerle a él”. De este modo, pese a la aparente libertad sexual de hoy en día, “no se facilita que las chicas se gusten a si mismas ni se legitima su deseo”.

Pistas para padres

En lo referente a la prevención, la psicóloga estima esencial que la sociedad ponga el “peso de la responsabilidad” en los chicos que ejercen la violencia. “Las jóvenes se sienten culpables por una falta de autoestima desarrollada socialmente”, por lo que deben saber que “hagan lo que hagan (beber, vestirse sexy o tontear) no son responsables de la violencia psicológica que sufren”. Por su parte, Gordóvil, ofrece una serie de indicadores para que los padres detecten si sus hijas sufren maltratos.  Entre ellos, figuran un estado anímico bajo, ansiedad, disminución del rendimiento escolar, dependencia excesiva de la opinión de la pareja y aislamiento social.