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Jóvenes paseando por un campus universitario / EP

¿Por qué ha aumentado el consumo de tranquilizantes entre los jóvenes?

Los expertos creen que la falta de educación emocional de una parte de la juventud la aboca a la ingesta de ansiolíticos

4 min

La juventud es una etapa vital que siempre se ha vinculado al enardecimiento de las emociones. Sin embargo, parte de la generación actual, a diferencia de las anteriores, parece incapaz de gestionar esos sentimientos sin recurrir a los fármacos. Y es que el consumo de tranquilizantes, con o sin receta, se ha disparado en los jóvenes de entre 15 y 24 años durante la última década. Según datos del Ministerio de Sanidad, en 2005 un 5,1% de ellos había ingerido ansiolíticos, dato que se duplicó en 2013 hasta alcanzar el 12,3%. Respecto a los que los tomaron una vez al mes, pasaron del 2,7% al 5,6%.

¿A qué se debe este incremento? A juicio de Mireia Cabero, profesora de Psicología de la UOC, la escasez de oportunidades laborales genera "tristeza" e "inadaptación al entorno", un escenario abonado para soluciones socorridas como la farmacología. Por su parte, el investigador de Estudios de Psicología y Ciencias de la Educación, Manuel Armayones, cree que la "tendencia a encontrar soluciones rápidas, así como la presión que se ejerce sobre los médicos para que despachen a los pacientes en poco tiempo, explica la popularidad de los psicofármacos".

La medicación, último recurso

Para los investigadores, sin embargo, la medicación debería ser la ultima de la soluciones. En primer lugar, Armayones asevera que es "necesario dar un paso adelante" e "impulsar medidas sociales" que den respuesta a los problemas de los jóvenes. Por otro lado, considera que muchos de esos conflictos psíquicos se solventarían mejor con una terapia psicológica adecuada, para lo que deberían "crearse más plazas en el sistema sanitario". La falta de esos recursos, arguye, no puede suplirse prescribiendo medicamentos indiscriminadamente.

Pero el aspecto fundamental, en el que ambos profesionales coinciden, es que resulta clave alfabetizar emocionalmente a la juventud, que no está preparada para afrontar las adversidades de la vida. "Enviamos el mensaje de que se debe vivir sin dolor y para eliminarlo se recurre a los tranquilizantes", advierte Cabero. "El problema", añade, "es que éstos solo eliminan el padecimiento durante unas horas, y eso, como se ha visto, provoca la necesidad de hiperconsumirlos".

Deben aprender a autorregularse

Pero, ¿cómo educamos emocionalmente a los jóvenes? En opinión de Ester Delgado, psicóloga infanto-juvenil y especialista en inteligencia emocional en el centro Enlace, en las escuelas debería fomentarse el "autoconocimiento". "Muchas veces, los escolares memorizan retahílas de ríos o reyes", indica Delgado, "pero son incapaces de poner nombre a sus sentimientos, y mucho menos gestionarlos". Así, en una época que "facilita la ansiedad", es esencial que los "chicos sepan autorregularse ante las situaciones que les hacen sentir mal".

Para administrar las emociones correctamente, según Delgado, los jóvenes deben saber primero que éstas tienen una función adaptativa: "El estrés, por ejemplo, puede ayudarnos a resolver un problema porque multiplica nuestra atención. Sin embargo, una inquietud desmesurada aboca a quien la padece a situaciones disfuncionales". Por fortuna, dichos desarreglos pueden combatirse con herramientas como una "respiración adecuada" o el "manejo de pensamientos". Estas técnicas, revela, mitigan la ansiedad y fortalecen la autoestima, una eficaz manera de abandonar los fármacos. Y agrega: "Invertir en la inteligencia emocional de la juventud es prepararla para el futuro".