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El psicólogo Rafael Santandreu / XAVIER TORRES BACHETTA

Rafael Santandreu: “Vivimos un auténtico fenómeno de estrés postraumático generalizado”

El psicólogo catalán presenta un libro para superar los miedos, la ansiedad y los TOC, trastornos emocionales que afectan al 20% de los españoles

14 min

Rafael Santandreu (Barcelona, 1959) es uno de los psicólogos más conocidos y reputados de este país. Su trabajo en España e Inglaterra y su trabajo de divulgación lo han convertido en un referente.

Con el coronavirus aún en nuestras vidas, el profesional publica Sin miedo. Un libro que aborda lo que él llama trastornos emocionales, y que engloba el trastorno obsesivo compulsivo (TOC), la ansiedad, la hipocondría, las obsesiones y los miedos.

Patologías en aumento

Un 20% de la población española sufre este tipo de problemas que afectan a la salud mental, cifra que ha crecido hasta el 40% por la pandemia y que, advierte, puede ir a más. Por ello, una obra como la suya puede ser de ayuda.

Sin temor a quedarse sin pacientes, el catalán revela un método de cuatro sencillos pasos con los que las personas con estos trastornos puedan hacer frente a los mismos y solucionarlos. Los ejemplos y testigos avalan el método.

Rafael Santandreu en una conferencia
Rafael Santandreu en una conferencia

--Pregunta: ¿El libro es fruto del aumento de trastornos emocionales propios de la pandemia?

--Respuesta: No, el libro ya lo preparaba antes porque ya mucha gente tenía este tipo de problemas, alrededor de un 20%, lo cual es una barbaridad. Ha coincidido por casualidad con la pandemia donde estos casos se han incrementado hasta el 40%, son cifras estratosféricas. Hace 25 años que me dedico a esto y no hubiera pensado nunca que alcanzaríamos estos registros.

--¿Por qué cree que incluso antes de la pandemia había tanta gente con estos trastornos?

--Uno de los factores es que nos hemos hecho la vida muy complicada y no nos damos cuenta. Si comparas las complicaciones de las personas de hoy con las de sus abuelos o bisabuelos, veríamos que la vida era muchísimo más sencilla. Cada día aumenta la autoexigencia personal. Ahora, si no sabes dos idiomas o no has viajado, pareces un friki.

--¿Estas autoexigencias incrementan también los miedos?

--No, aumenta el estrés general porque tenemos que atender 1.000 requerimientos y todos a la vez y hace que el sistema nervioso patine más fácil. Los trastornos de los que hablo son los que provocan este patinazo.

--¿Y a qué síntomas debemos atender para evitar que suceda?

--Detectas que tienes miedos irracionales cuando la gran mayoría no los tiene. Ahí te lo debes mirar y atajar esos miedos.

--¿Pero entonces hay miedos racionales?

--Es que hay miedos que puede tener la mayoría de la gente: a hacer puenting, a hablar en público. Ahora, ¿la mayor parte de la gente tiene miedo a conducir? ¿A los gérmenes? No. Entonces, no te lo permitas, porque pueden ir a más.

--Y su solución es la terapia conductual, que nació hace décadas y que usted retrata cómo fácil de seguir. ¿Por qué no se apuesta por ellos?

--Sí, se hace, tal vez sea el número uno, pero los medios no hablan de ella, salvo vosotros. La mayoría no están interesados en la sanidad pública, entonces la gente no sabe que existe esta terapia ni que tienen y existen esos problemas, como el TOC.

--Defina el TOC. Para muchos son costumbres como la de mirar si se han dejado la llave del gas abierta después de salir de casa.

--Se distingue porque es una preocupación irracional que te ocupa entre el 70% y el 80% de tu vida y no tiene resolución. La gente con hipocondría, que es un TOC, sigue pensando que tiene enfermedades por mucho que el médico le haya dicho que no. Eso es irracional, por mucho que se pueda equivocar. Y no se pueden sustraer de esos pensamientos, entran en bucle.

--Y ante esto, usted plantea un método de cuatro pasos: afrontar, aceptar, flotar y dejar pasar el tiempo. Pero supongo que hay gente que acepta que tiene estas “manías” y no es tan fácil, ¿no?

--Este método es matemático. El problema es que muchas veces no se lleva a cabo durante el tiempo suficiente. Eso lo explico con la metáfora de la cloaca, si uno trabaja allí, al cabo de un mes no hay nadie que huela el mal olor. Pasado ese tiempo el cerebro te retira la sensación de peste. Esto sucede siempre, lo mismo con el método.

--O sea, la terapia en sí debe ser prolongada.

--Debe ser sistemática, muy bien hecha y prolongada. Si se hace así, no puede fallar de ninguna manera.

--¿Y esto se puede hacer solo?

--Sí, hay infinidad de casos. Incluso gente que ha aplicado el método sin conocerlo.

--Otros en cambio optan por la medicación. ¿Cree que es un método demasiado fácil?

--Sí.

Rafael Santandreu con un esqueleto
Rafael Santandreu con un esqueleto

--¿Hay un abuso de prescripción de medicamentos para este tipo de trastornos?

--Sí, sobre todo hay un abuso de ansiolíticos. Es diferente el tema de antidepresivos, porque en el 50% de los casos puede necesitar una ayuda y es una herramienta válida más y permiten hacer mejor el trabajo. En los trastornos del miedo agudo del que hablo, los ansiolíticos o calmantes son incluso contraproducentes, van mal, porque luego te aumenta el miedo, ya que le dice a tu mente que allí hay algo que temer. Eso provoca que la gente tome ansiolíticos y cada vez esté peor.

--¿Y tantos miedos hay? ¿Qué le dice a la gente que los tiene?

--Casi todos los miedos que experimenta una persona hoy en día son infundados, irracionales. En realidad, sólo hay que tener miedo a aquello que suponga un riesgo real para tu vida. Pero la gente tiene miedo de mil y otras cosas. Y lo que le diría es que quienes superan estos miedos se dan cuenta de que por fin disfrutan de la vida, que es tan bella. Es posible vivir una vida prácticamente sin miedos. Sin miedo a equivocarte, a hacer el ridículo, a perder cierta estabilidad económica, a hablar en público... la vida es un sitio superdivertido.

--¿Y cuál es el miedo más común?

--Hablar en público. Y el segundo puede ser el miedo a la muerte, que curiosamente es de los más fáciles de eliminar porque uno ya entiende que la muerte es necesaria, es buena y es hermosa, la propia también.

--¿Puede ampliar un poco más esos calificativos?

--Es necesaria porque si no muriéramos habría un problema inmediato de sobrepoblación. Es buena porque todos los hechos naturales responden a una lógica de la naturaleza que, por poco que comprenda, es buena. Y es hermosa porque es ecológico, porque los hechos biológicos lo son. Todo lo natural es hermoso y se puede apreciar. Y uno ha de entrenarse a eso para esperar la muerte con interés y curiosidad, no con miedo.

--Es una visión trascendental o espiritual de la psicología.

--La mirada trascendente de la vida es muy importante porque es benéfica a nivel mental. Es una pieza que hace encajar mejor el puzle de la existencia. Se ha comprobado científicamente que el ser humano tiene un gen para la espiritualidad, por algo será. Como psicólogo considero que es muy tonto prescindir de la espiritualidad como herramienta.

--Al hablar de ciencias, suena raro

--Que la trascendencia no sea objeto de la ciencia es muy dudoso. La neurología ha descubierto que existe un botón neuronal para la espiritualidad. Desde la medicina física se estudian las experiencias cercanas a la muerte, incluso hay cátedras. La trascendencia, por tanto, no está fuera, sino cada vez más dentro de las ciencias duras. Es un error pensar que las ciencias duras están al margen de la espiritualidad.

--Usted ofrece esta ayuda, ¿no es tirarse piedras contra el propio tejado?

--Ir a un especialista te va a ir bien. Es como ir al gimnasio y hacer tus ejercicios solo, pero cogerte un personal trainer no te va a ir mal. De hecho, para mejorar la mente lo que se debe hacer es una especie de entrenamiento de la misma. Pero sí que me tiro piedras sobre mi propio tejado, sé que hay colegas míos a quienes no les gusta, pero lo hago, primero, porque es la verdad y después, porque un mundo que está mejor es un mundo mejor para todos. Sería absurdamente egoísta. Ojalá no pudiese ejercer de psicólogo porque todo el mundo está fenomenal, me dedicaré a otra cosa.

--Y ante tanto trastorno emocional, ¿cree que el sistema público de salud está preparado para enfrentar este nivel de pacientes?

--La psicología siempre ha estado ausente del sistema público de salud español. Por otro lado, es comprensible porque no hay fondos para ellos. La psicología es un servicio más caro porque te tiene que ver todas las semanas, al menos, durante 45 minutos. Vamos con un servicio sanitario que va hacia los recortes, pues imagínate decirles que vamos a una carga mayor. Eso no va a pasar. No me quejo de eso, porque no se trata de recortar de otros especialistas, es una decisión global de aumentar el gasto en salud pública de manera exponencial y no sé si la gente está dispuesta, porque eso implica también aumentar los impuestos.

--Claro que eso acaba muchas veces en la proliferación de libros de autoayuda.

--En mi opinión, el 95% de estos libros son nefastos, no valen ni para alimentar el fuego de la chimenea. Dan pena, directamente. Pero la gente es libre de consumir lo que quiera. La clave es comprar libros que hablen de resultados comprobados científicamente, que esté contrastado. Que la gente que escribe se haya dedicado a eso durante cierto tiempo. Y por último, que sus métodos se basen en métodos científicos. Pero si la gente compra libros que no cumplen estos criterios aumenta exponencialmente el riesgo de que sea una flipada como una catedral, cuando no un timo directamente.

--Por último, una vez entrados en la pandemia y con los datos del 40% con estos trastornos, ¿cree que en la postpandemia veremos aumentar esas cifras?

--Por supuesto. Ahora vivimos un auténtico fenómeno de estrés postraumático generalizado, un estrés que puede durar varios años una vez acabada la amenaza o el trauma. La pelota se hace grande ahora, que es cuando tengamos más pacientes y esto aumente en los próximos dos o tres años, y habrá gente que quedará con el trauma. Y seguirá este miedo al contagio y a las enfermedades, pero también ataques de pánico, hipocondría, TOC, incluso depresión sin una causa concreta.